HABÍA UNA VEZ UN PRESIDENTE MUNICIPAL…

Gamaliel Sánchez S./CONTRASTE POLÍTICO

VILLAHERMOSA, Tab.- Rosemberg Villarreal es un bibliotecario en nuestro vecino municipio de Reforma, Chiapas. No tengo el gusto de conocerlo personalmente, pero leo con atención sus publicaciones que versan, la mayoría, sobre el quehacer bibliotecario y cultural de Reforma.

Ayer publicó el encuentro con una madre de familia y su hijo luchando para atrapar «la señal» de internet que el parque proporciona.

«La observé batallando con el teléfono ya que algunas actividades son muy pesadas para descargarlas o enviarlas al Google Classroom..Me acerqué y con gusto les ofrecí facilitarles una Lap top y una mesita, para que a partir de mañana puedan disponer de ella…», escribió ufano y nos contagió, chorros de laikes cayeron sobre su publicación en la que además exponía su contento, rememorando su infancia también de dificultades: «Da gusto ver padres esforzados en sacar adelante a sus hijos, no importando las circunstancias, porque así fueron los míos…»

Al final Rosemberg, en su publicación, instaba a sus lectores a practicar la empatía ante situaciones así en esta nueva normalidad. Su publicación la acompañó de la foto de la madre y su hijo, sentados bajo la sombra de un árbol empeñados por atrapar la señal.

Hoy, veo otra publicación de Rosemberg que me llena de sorpresa. En ella anuncia el término de su relación laboral con el Ayuntamiento.

«Amigos, buenas tardes, con una cierta mezcla de molestia y tristeza les informo que he dado por terminado mi relación laboral con el H. Ayuntamiento Municipal de Reforma, Chiapas».

La razón, afirma el bibliotecario, fue la publicación que hice el día de ayer y que hasta este momento, gracias a ustedes se sigue haciendo viral.»

El presidente, Herminio Valdés Castillo, pidió a Rosemberg que bajará la publicación porque afectaba su imagen y la del Ayuntamiento.

El digno bibliotecario prefirió el despido a ocultar un acto de dignidad y amor de una madre para con su hijo.

«Me da tristeza que de quien debería sentirse orgulloso, de que habemos más allá de servidores públicos, buenos seres humanos a su cargo, no vio eso y por el contrario me solicitó una acción a lo cual no puedo acceder.», manifiesta doliente.

Rosemberg Villarreal, a manera de despedida, hace un llamado a la sociedad y solicita trabajo pues tiene una familia que mantener. Y para comprobar sus dichos comparte su carta de renuncia.

Mi conclusión es una retahíla de insultos encabronados para ya saben quién, pero seguirá sucediendo porque todos los ámbitos de la vida pública están supeditados a la política y lo que es peor aún; a los políticos.

Mi solidaridad para Rosemberg y para todos, los que como él, desde los libros, desde la cultura, aspiran a un mundo de corazones llenos.

 

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