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*LA MAMALONA Y YO O ¡AH!, LA REVOCACIÓN DE MANDATO*

GAMALIEL SÁNCHEZ SALINAS/CONTRASTE POLÍTICO

Aún no despierto del todo, cuando escucho que entra una retahíla de mensajes a mi celular; no hago caso, sigo adormilado en mi cama, más mensajes, reiterados, se anuncian, tomo el teléfono y reviso. El 99 por ciento de los mensajes es de mis amistades chairas, invitándome a votar, presumiendo que ya han votado o que aún lo harán. El uno por ciento, amistades fifís, manifestándose en contrario. Las primeras comparten memes, el más común, anunciando que están puliendo la mamalona (la credencial para votar) para apoyar al presidente. Las segundas un video donde usan la voz del presidente y otros funcionarios de su gobierno, pidiendo a la ciudadanía se quede en casa; petición de los tiempos en que la pandemia asolaba al país y el mundo. No faltan las recomendaciones; no salirse del cuadro a la hora de votar, de hacerlo, el INE, el malvado INE, anularía nuestro sacrosanto voto.

Asomo al Facebook, leo a Mónica B. Brozon, escritora de literatura infantil y juvenil que, días antes, posteó: «Estimados contactos que adoran al presidente y que no pueden esperar al 10 de abril para ir con lágrimas en los ojos y el corazón henchido a tachar la boleta con el ‘¡Sí, que se quede!’, vayan, vayan pastores a Belén y canten aleluyas en el camino», leo el intro y en automático viene a mi mente el canto navideño de los pastores que a Belén corren presurosos. Luego me concentro cuando se refiere a sus estimados contactos, esos «que saben que este gobierno es infame pero tienen dudas sobre lo que es mejor hacer el próximo domingo, recuerden: La revocación es un ejercicio que debe ser solicitado por la ciudadanía por PÉRDIDA DE CONFIANZA en el mandatario, éste lo solicitaron el mismo presidente y su partido y lo han promovido como una RATIFICACIÓN. Nació viciado, con fines únicamente propagandísticos», asegura y advierte de que salir a votar por el NO, favorece también al gobierno, entonces hace una invitación a participar bajo el paraguas del abstencionismo.

Voy a los comentarios que sus contactos han hecho al post, acuerdos y desacuerdos, pero me sorprende hasta dónde nos llevan los «debates» en estas benditas redes sociales cuando leo lo que escribe Sara Zepeda Muñoz: “¡Qué grosera! Soy tu contacto, no soy fanática porque me informo, investigo y reflexiono, pero tampoco estoy en acuerdo con tu postura.
Te he leído, recomendado y hasta hemos realizado pequeños eventos con motivo de la producción literaria de autores mexicanos donde siempre estás incluida». ¡Coño!, ya se jodió la colaboración entre iguales tan necesaria para la cultura en estos tiempos, me digo.

Aprovechando la liga que comparten en un grupo, busco mi casilla. Me toca votar en la colonia Isabel de la Parra, escuela Diana Laura Riojas de Colosio. Me asusto, siempre he votado en la colonia Asunción Castellanos. ¿Acaso ya están en funciones esas estrategias tan usadas por los mapaches electorales de siempre; el ratón loco, específicamente? Marco a mi delegado y categórico me responde que es el mismo lugar, que el nombre de la colonia está mal, que yo soy de la Pino Suárez, de Tierra Colorada. Suspiro tranquilo y, candoroso, me digo: «Ya lo dijo el presidente: ‘No son iguales'».

Abandono el celular y preparo mi baño, yo no he pulido la mamalona ni lo voy a hacer, pero iré a realizar mi ejercicio ciudadano y de paso observar cómo transcurre el proceso. El agua está rica. Fresco, oloroso, parto a este nuevo deber ciudadano.

En mi autito acudo a la mencionada escuela. Hay gente en la entrada; cola de tres en el primer filtro. Llega mi turno, una mujer joven me pide la mamalona, se la doy, la revisa, ve mi cara y ve mi foto, asiente con la cabeza y me manda a las aulas de la derecha.

No hay mucha gente votando, al menos no como en las últimas votaciones ordinarias. Recuerdo que ayer, en el Café Parissi, Chuy Falcón, preocupado, afirmaba que la afluencia sería baja, que la gente no saldría a su cita con las urnas.

Era tanta su preocupación que cuando se despidió, en la mesa, dejó olvidado su sombrero de ala ancha que porta en estos días de primavera. Entro al aula, en la mesa están los funcionarios de casilla y enfrente los que imagino representantes de partido. «Gamaliel Sánchez Salinas», lee quien recibió la mamalona y otro me busca en la lista nominal; me encuentran, me dan papeleta y crayón. Voy a la mampara y pongo la X. Doblo y meto mi decisión en la urna.

Tomo unas fotos, salgo, tomo otras, camino a mi carcacha. En el camino veo venir a Shao Lin, entrañable amigo de infancia. Me saluda con mi apodo de entonces y nos abrazamos, me alegra verlo. Intercambiamos números, quedamos en vernos pronto y nos despedimos. “Hay que apoyar al Viejón”, dice con seriedad que me asombra. Sonrío y lo animo a que lo haga. ¡Ah, pueblo sabio, bendito seas! me digo, contento de haber saludado a uno de mis mejores amigos de infancia.


Me voy a un cafecito a Plaza de las Américas a tomarme un tecito para calmar mis emociones. En Facebook, Twitter, Instagram y WhatsApp, las fotos con dedos manchados, festejando el acto ciudadano, abundan. «Es un honor estar con Obrador», escriben, heroicos. Curiosamente encuentro compañeros/as que hace años llamaban loco al hoy presidente y eran defensores a ultranza del régimen conservador. Pero la vida da muchas vueltas y las conveniencias también.


Hoy no quiero leer la columna dominical de Zepeda Patterson, que se aparece en mi muro, pero no puedo evitar leer a mi amigo Francisco Payró que publica sobre el tema: «Echar a un presidente a la mitad de su gestión puede ser irresponsable (aunque sea él quien en una maniobra política someta, en apariencia, su continuidad al arbitrio del electorado). Lo responsable es acotarlo, limitar su poder que en una democracia en vías de construcción debe tener un contrapeso en la existencia de instituciones fuertes, garantes del respeto hacia quienes piensan y conciben el ejercicio de su vida política de un modo distinto”; le doy like y me concentro en el fondo musical, Rod Stewart y sus jóvenes turcos.

El periodo vacacional comienza y pienso en los pendientes que he de trabajar en estos días; en la enumeración me asalta un pensamiento: ¿Por qué no le entraron a esta onda de la revocación gobernadores, diputados, presidentes municipales y funcionarios? Seguro me hubiese dado gusto ponerles espantosas equis. #LoQueViveElQueLee.

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