CDMX (CONTRASTE POLÍTICO).-Carlos Albert Llorente conoció el futbol desde la cancha, pero fue fuera de ella donde libró una de las batallas que definirían su vida. El exfutbolista y periodista deportivo falleció a los 83 años, dejando una trayectoria marcada por su defensa de los jugadores y una voz crítica frente al poder del balompié mexicano.
Como defensa central del Necaxa, Albert construyó una carrera que lo llevó a representar a México en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964 y a conquistar la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967.

Sin embargo, su carrera profesional terminó abruptamente en 1971, luego de enfrentarse a los directivos del futbol mexicano por la defensa de los derechos laborales de los jugadores. El conflicto y el veto que enfrentó lo alejaron de las canchas, pero no de sus convicciones.
Del futbolista al periodista incómodo
En 1978, Albert encontró en el periodismo una nueva manera de permanecer ligado al deporte. Se incorporó a Imevisión y formó parte de una generación que transformó el análisis futbolístico en televisión, junto a José Ramón Fernández.
Su experiencia como jugador le permitió construir una mirada distinta: conocía las exigencias del terreno de juego, pero también cuestionaba las decisiones de quienes dirigían el futbol.

Durante más de cuatro décadas participó en coberturas de seis Copas del Mundo y colaboró en medios como TV Azteca, ESPN y Fox Sports. Su estilo directo y crítico lo convirtió en una figura reconocida del periodismo deportivo mexicano.
La noticia de su fallecimiento provocó reacciones entre colegas que destacaron su calidad humana y profesional.
David Faitelson lo recordó como un gran ser humano del que aprendió durante sus primeros años en televisión. Raúl Orvañanos lamentó la pérdida de un compañero y amigo, mientras que Francisco Javier González lo describió como un “guerrero implacable, valiente dentro y fuera de la cancha”.
Carlos Albert se retira de la escena pública dejando una historia que va más allá del futbol: la de un jugador que desafió a los directivos, encontró en el periodismo una nueva tribuna y convirtió la crítica en una forma de defender sus convicciones.







