JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO).-Durante décadas, Jalapa fue reconocido como un municipio de vida comunitaria, tradiciones arraigadas y escasa actividad delictiva. Sin embargo, a partir de 2023, bajo la administración del alcalde José Manuel Hernández Pérez, el municipio experimentó un giro drástico: la violencia dejó de ser un fenómeno aislado y comenzó a instalarse como parte de la vida cotidiana.
El punto de quiebre: una ejecución en plena boda
El 24 de noviembre de 2024, Jalapa vivió uno de los episodios más brutales de su historia reciente. En pleno festejo de una boda en el Casino Ganadero, un comando armado irrumpió entre los invitados. Al menos cinco sujetos obligaron a un hombre vestido de traje a arrodillarse; lo apuntaron con armas largas y abrieron fuego.
El ataque dejó un muerto y dos heridos, marcando un antes y un después para un municipio que comenzaba a ser territorio de disputa criminal.

Secuestros, levantones y crímenes de alto impacto
Uno de los casos que mayor indignación provocó fue el secuestro y asesinato de José Rodolfo López Vázquez, alias “Champions”, líder sindical del SUTSET en Jalapa.
En diciembre de 2024, sujetos armados irrumpieron en su domicilio a bordo de un taxi robado. Horas después su cuerpo fue hallado en la carretera Villahermosa–Macuspana, cerca de la ranchería San Juan El Alto, segunda sección.
La Fiscalía confirmó que el crimen se trató de una ejecución vinculada a actividades delictivas en expansión.
A este hecho se suman otros episodios graves:
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24 de marzo de 2025: un comando armado atracó el Ayuntamiento de Jalapa. De la Dirección de Finanzas sustrajeron alrededor de 150 mil pesos correspondientes a pagos de pensionados. El caso sigue sin detenidos.
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Secuestros y levantones previos en distintas comunidades, varios sin denuncia formal por temor a represalias, incluido la muerte de Guadalupe Cornelio Cornelio, un ex oficial retirado que murió en un fuego cruzado cuando trabajaba en su milpa, en la Ranchería San Marcos.
La infiltración criminal alcanza a la policía
Entre 2024 y 2025, la violencia dejó de ser solo una amenaza externa. La estructura de seguridad municipal terminó comprometida.
En agosto de 2025, unos 20 sujetos armados emboscaron a policías municipales en la comunidad Aquiles Serdán. Los agentes fueron golpeados, desarmados y despojados de una patrulla mientras atendían un reporte ciudadano.

Ese mismo día, el alcalde Hernández denunció públicamente haber recibido amenazas del crimen organizado.
Meses antes, en junio de 2025, un operativo de la FIRT Olmeca desmanteló una célula de La Barredora, con tres detenidos y aseguramiento de armas, droga, equipo táctico y evidencia de actividades de extorsión y homicidio.
Pero el golpe mayor llegó el 9 de noviembre de 2025:
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Un operativo estatal y federal detuvo a 20 personas vinculadas al CJNG, entre ellas
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Jorge Armando “N” (“El Toto”), presunto jefe de plaza en Jalapa.
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Policías municipales activos, incluidos el director de Seguridad Pública, Miguel Luciano “N”.
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La captura de mandos policiales confirmó lo que la ciudadanía sospechaba: el crimen ya operaba dentro del propio gobierno municipal.

Violencia estructural: un problema que ya no es “temporal”
La oleada de ataques —incluidos robos de patrullas, ejecuciones públicas, secuestros y amenazas— demuestra que la presencia criminal en Jalapa no es improvisada.
Es una estructura con capacidad de operar, reclutar y corromper.
La ejecución del líder sindical y el ataque a policías evidencian que no existen “zonas seguras”. Figuras públicas, trabajadores municipales y ciudadanos comunes se convirtieron en objetivos.
Una comunidad atrapada entre el miedo y la desconfianza
El impacto social ha sido profundo:
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Miedo permanente ante la posibilidad de nuevos ataques y represalias.
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Desconfianza total en la policía, tras revelarse la participación de mandos en células criminales.
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Afectaciones económicas y laborales, especialmente para trabajadores del sector público que vivieron el asesinato de un dirigente y el robo de recursos del ayuntamiento.
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Deterioro del tejido social, con comunidades completas temerosas de denunciar.
Un gobierno municipal bajo presión criminal
El alcalde Hernández Pérez enfrenta una crisis sin precedentes.
Ha denunciado amenazas directas, pero la infiltración de su propia policía y la falta de resultados en casos como el robo al ayuntamiento evidencian una institución debilitada y rebasada.
Analistas consultados señalan que Jalapa carece de capacidad policial y de inteligencia local para enfrentar organizaciones criminales del tamaño de La Barredora o el CJNG.
Jalapa: de pueblo tranquilo a municipio en disputa
En menos de tres años, Jalapa pasó de ser un municipio rural sin gran actividad criminal a un territorio con:
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Ejecuciones públicas
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Secuestros y levantones
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Extorsiones
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Robos armados
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Infiltración policial
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Amenazas a autoridades
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Operativos contra cárteles y grupos locales
La transformación ha sido tan rápida como profunda.
El reto ahora es monumental: recuperar la paz, depurar instituciones, reconstruir la confianza y frenar la expansión criminal.
Porque en Jalapa, el pasado tranquilo ya no existe; la violencia reclama un territorio que antes parecía inmune.







