TENOSIQUE (CONTRASTE POLÍTICO).-No era una consigna; sonaba más bien a constatación. A su alrededor, 21 sembradoras y sembradores del Centro de Aprendizaje Campesino (CAC) “Las Rocas” asentían con la mirada fija en los frutos de sus propias manos. Allí, en Tenosique, al oriente del estado, Sembrando Vida Tabasco mostraba una vez más que la organización comunitaria no solo transforma parcelas: también recupera la autoestima y las historias de un pueblo.
El despertar en Tenosique: un gobernador que recorre el territorio
La jornada había empezado mucho antes de los aplausos. A las seis de la mañana, May Rodríguez ya estaba en la cabecera municipal para izar la bandera y encabezar la Mesa para la Construcción de Paz y Seguridad.
De ahí, sin pausa, continuó a las audiencias comunitarias en Nuevo México, parte de las Jornadas de Atención en Territorio; luego supervisó dos CAC y finalmente llegó a este tercero, donde lo esperaban no solo productos agrícolas, sino comunidad viva.

La tierra que vuelve a producir
La secretaria de Bienestar, Mayra Paloma López Hidalgo, y el subsecretario Julio César Gerónimo Castillo guiaron al mandatario por los viveros que producen melina, macuilis, cedro, guanábana y guaya.
“Ya están listas para ir a tierra”, explicó el subsecretario mientras mostraba las plantas recién fortalecidas.
Hasta ahora han entregado 3 mil 500 plántulas de un total de 16 mil 500 producidas, con una meta de 20 mil.
En la mesa, la producción reciente lucía como una declaración política: la tierra se reactiva cuando el pueblo tiene acompañamiento y herramientas.

“Estos productos demuestran que cuando un pueblo se une, la tierra produce en abundancia”, dijo May. Una sembradora le respondió con un gesto sencillo: “Esto es lo que hemos cosechado en nuestras parcelas”.
El origen de una política que transformó territorios
Aquella producción comunitaria provocó que el gobernador evocara una memoria fundacional del programa. Por primera vez relató la magnitud del desafío cuando, en 2018, siendo secretario de Bienestar federal, impulsó Sembrando Vida en todo el país.
“El país no estaba preparado. Todo lo habían desmantelado”, recordó.
Hacían falta cinco mil toneladas de bolsas para los almácigos.
“Decían que estábamos locos”, confesó entre sonrisas.
Pero aun así sembraron un millón 200 mil árboles y apoyaron a casi medio millón de familias.
Esos primeros viveros, hechos de pencas y pajas, hoy se reflejan en estructuras de bambú, más sólidas, pero con la misma esencia: organización y comunidad.
Un ejido que vuelve a levantarse
Entre los sembradores destacaba la figura de don Abicer Cruz, quien escuchaba cada palabra con movimientos lentos de la cabeza, como quien confirma una verdad que vivió en carne propia.
“Cuando se acabó la caña, muchos se fueron del pueblo. Aquí ya no había trabajo”, recuerda.
Con Sembrando Vida, dice, el ejido revivió.
“Muchos están regresando. Ahora producimos nuestros alimentos y tenemos un jornal. Es mejor, porque trabajamos para nuestras familias”, comparte mientras el gobernador se acerca a saludarlo.
Javier May le responde:
“Esto es lo que estamos transformando… y lo que hacemos organizados va generando frutos.”
Un mensaje político sembrado en tierra fértil
En Tenosique —municipio fronterizo, históricamente productivo pero golpeado por la migración y el abandono del campo— la frase “los sueños sí se cumplen” resonó como una síntesis de la apuesta del Gobierno del Pueblo.
Sembrando Vida no solo atiende el presente: reconstruye futuros.
Es política pública, pero también es política del territorio, donde la palabra se verifica caminando entre parcelas y no desde un escritorio.
Y ese día, entre bambú, frutos frescos y sembradoras orgullosas, la transformación se sentía real, tangible.
Como lo dijo el propio gobernador, mirando a quienes sostienen el programa con sus manos:
“Es importante no olvidar de dónde venimos. Mire lo que podemos hacer cuando nos organizamos.”







