VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-El segundo Grito de Independencia de Javier May Rodríguez en Tabasco dejó algo más que una celebración patria: dejó un mensaje político. Desde el balcón de Palacio de Gobierno, el mandatario lanzó 27 “vivas” en los que no solo recordó a los héroes de la Independencia, sino que puso en el centro a las mujeres, los pueblos afromexicanos, los migrantes, la libertad y la transformación. La selección de estas arengas dibuja con claridad los temas que su gobierno busca colocar en el centro de su discurso.
El detalle no pasó desapercibido. En Plaza de Armas, entre familias, vendedores de antojitos, niños y asistentes vestidos con los colores patrios, hubo quienes identificaron como particularmente significativos los vítores dedicados a las mujeres, los pueblos afromexicanos, los migrantes y la libertad. No es un dato menor: cada Grito tiene una carga simbólica y también comunica cuáles son los temas que un gobierno quiere colocar en el imaginario colectivo.
Javier May no solamente cumplió con el ritual de tocar la campana, ondear la bandera y recordar a los héroes de la Independencia; utilizó uno de los escenarios de mayor exposición pública del estado para ampliar el significado de pertenencia a la nación. El mensaje fue que la identidad mexicana también incluye a sectores que durante mucho tiempo han tenido una presencia menos visible en las ceremonias oficiales.
Y hubo otro elemento que merece atención: la plaza respondió. Miles de personas acompañaron las arengas, mientras las familias ocuparon los alrededores del Palacio, el Congreso y el Tribunal Superior de Justicia. Las expresiones recogidas entre los asistentes mostraron que, al menos durante esa noche, la celebración patriótica consiguió colocarse por encima de las diferencias cotidianas y convertirse en un espacio de convivencia.

En política, esos momentos también cuentan. No sustituyen las decisiones de gobierno ni los resultados que finalmente determinan la percepción ciudadana, pero sí construyen símbolos. Y un gobernante que entiende el valor de los símbolos sabe que un Grito puede ser también una oportunidad para decir quiénes caben en el relato que pretende construir.
El segundo Grito de May dejó precisamente esa señal: una celebración tradicional con un discurso que buscó actualizarse. La plaza respondió con banderas, aplausos y voces. El resto, como ocurre siempre en política, tendrá que medirse fuera del balcón y a lo largo del tiempo.







