JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO).-Sentarse a disfrutar de la comida siempre ha tenido algo de sagrado. Hacerlo en compañía, compartir el plato, ofrecer lo que hay en casa y conversar alrededor de la mesa son gestos que van más allá de alimentarse: hablan de confianza, afecto y reconocimiento. En las comunidades, donde las costumbres todavía conservan buena parte de su significado, compartir los alimentos también puede convertirse en una forma de decirle a alguien: aquí eres bienvenido.
Pocas veces vemos que la gente humilde, aquellos que menos tienen le comparten un plato de comida a los políticos o a sus gobernantes y no es que no lo hagan porque son malas personas, sino simplemente porque el político nunca ha tocado a su puerta, se ha interesado por sus necesidades o ha hecho algo para mejorar sus condiciones de vida.

A diferencia de otros trienios, hoy Jalapa tiene un presidente municipal que lo quiere la gente humilde, quizás porque le pavimento un camino de terracería, tal vez porque le solucionó el problema del agua o simplemente porque los escucha y les responde el celular cada vez que le hablan.
A la oficina del Dr. Manuelito llegan dulces de todo tipo, el que no le lleva una tortilla gruesa, le lleva un totoposte e incluso hasta frutas y verduras que cultivan en el campo les hacen llegar para que el domingo se eche su puchero, así lo cuentan los propios habitantes de Jalapa.

Cuando el alcalde sale a las comunidades, le invitan pozol, caldos, frutas y hasta le preparan empanadas para que junto a su equipo coman antes de retirarse, la mayoría de las veces lo hacen como agradecimiento por haberlos escuchado y dado solución a sus demandas.
Hoy Jalapa tiene a un presidente municipal diferente, criticado en redes sociales, pero querido en el territorio, un personaje que ha sabido ganarse su lugar en la mesa de cualquier jalapaneco y principalmente en la de aquellos que menos tienen.








