VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-La lancha que antes le servía para salir de madrugada de Aztlán tercera sección, para ir a trabajar de albañil a la ciudad de Villahermosa y regresar de noche, agotado, para apenas descansar unas cuantas horas, ahora le sirve a don Valentín para recoger la segunda entrega de jaulas, más grandes que las primeras que recibió, y que usará para pasar los alevines más crecidos. Los cuales cultiva desde hace meses sin tener que salir de su comunidad.
Antes la laguna tenía mucho pescado, pero se acabó. Y algunas personas tuvieron que trabajar al machete o ir a la ciudad para buscar trabajo, yo como la mayoría me metí en la albañilería. Pero muchos que laborábamos en la ciudad ahora nos estamos concentrados en la pesca, pues este programa nos está beneficiando, aunque todavía estamos empezando, ya estamos viendo los resultados, los primeros peces que nos dieron ya están creciendo, porque están comiendo bonito”, dice el feliz pescador.
En el bote vienen varios tambos que servirán de flotadores para las jaulas que armará a orillas de su casa. También descansan sobre el fondo de la lancha, unas mallas sombras, que ayudarán a que los peces ya crecidos no se salgan hacia la corriente. Mientras la lancha avanza lentamente por la pesada carga, sobresalen por ambas orillas las jaulas flotadoras. El secretario de Desarrollo Agropecuario y Pesca, Guillermo Priego León, ha venido este lunes 26 de octubre a realizar la entrega de alevines e insumos a los beneficiarios de Pescando Vida estatal. Son 200 ribereños que cultivan mojarras en los Aztlanes y los Acachapan del municipio de Centro.
Incluso, Valentín se permite soñar de nuevo gracias a este programa. “En la ciudad, cuando el patrón ya no tenía trabajo, nos regresábamos a la comunidad y no teníamos otra cosa que hacer. Pero ahora nos dedicamos a darle su comida a los alevines. Quiero que mis hijos terminen de estudiar mientras los apoyo. Tengo una hija estudiando en la universidad y otra en la secundaria. Y uno de un año. Mi esposa está contenta porque estamos más en el hogar, más cerca de la familia. Antes mi esposa estaba al pendiente, de que no me fuera a pasar algo en la construcción”, relató.
Después de viajar unos veinte minutos sobre la corriente, la lancha toca tierra y asoma su esposa, doña Sandra, que rápidamente le ayuda a bajar la carga y colocarla sobre el descampado. Antes, ella también tenía que salir a la ciudad para trabajar en casas o realizando ventas, pero no le gustaba porque dejaba a sus hijos solos.
“Mi hija decía que ya no iba a seguir estudiando, y yo le decía que no era posible poque ese es su sueño. Gracias a Dios, gracias a este programa y gracias al Gobernador, que pensó en los más necesitados, su sueño se va a cumplir. Aquí tejo las jaulas, despacho los peces y estoy atenta a lo que necesitan”, explicó.
Desde la cocina abierta llega un olor sabroso proveniente del fogón de leña. La abuela materna echa un ojo a la olla humeante y otro a la hamaca, que menea para que el Benjamín no se despierte, el que trajo “la torta bajo el brazo”, como popularmente se dice cuando un recién nacido trae más cosas buenas a su nuevo hogar. Las lanchas cargadas con los arreos no dejan de pasar rumbo a Aztlán cuarta y quinta sección, El Cocollolar.

“Este fue nuestro año. Estamos bendecidos. Lloro de alegría, de gusto, porque podemos salir adelante con este apoyo, gracias a que nos han tomado en cuenta; años atrás hemos padecido mucho, pero como le digo este fue nuestro año, no me puedo quejar de la vida. Como dicen por ahí, la respuesta de Dios tarde o temprano llega”, agregó antes de acercarse a las jaulas, a hablar con sus pececitos y darles de comer. La próxima Semana Mayor esas mojarras estarán en la mesa de su familia y de muchos otros hogares tabasqueños.







