JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO).-Hay negocios que sobreviven por sus ventas y otros que permanecen abiertos porque detrás de ellos existe una historia que alguien se niega a dejar morir. En la parte alta del Mercado Público de Jalapa se encuentra El Remache, una talabartería donde Gerardo Flores Cornelio mantiene vivo el oficio que aprendió desde niño de su abuelo, don Licho Flores.
Entre cortes de piel, agujas, herramientas y cinturones que toman forma sobre su mesa de trabajo, Gerardo continúa una tradición familiar que ha acompañado a varias generaciones. Para él, la talabartería no es solamente una actividad económica: es el vínculo con su abuelo y con las enseñanzas que recibió durante su infancia.

Conocido también como Gerry, recuerda que desde pequeño estuvo cerca del trabajo de don Licho, quien le enseñó a elaborar cinturones, reparar artículos y fabricar desde cero distintas piezas de cuero. Aquellas primeras lecciones terminaron convirtiéndose en una pasión que ni siquiera sus estudios universitarios lograron desplazar.
Aunque cursó la licenciatura en Pedagogía, Gerardo nunca se alejó por completo del oficio. La piel, las herramientas y el trabajo artesanal siguieron formando parte de su vida hasta convertirse en el camino que hoy mantiene abierto.
El Remache: una historia que comenzó con don Licho
El Remache es un establecimiento con décadas de historia en el Mercado Público de Jalapa. Por sus instalaciones pasan ganaderos, charros y clientes que buscan accesorios de piel, pero también personas que necesitan reparar o personalizar algún artículo.

Durante muchos años, la abuela de Gerardo también estuvo al frente del negocio, hasta que llegó el momento de retirarse. Ahora, su nieto asumió la responsabilidad de mantenerlo en funcionamiento y preservar una actividad que forma parte de la memoria comercial de Jalapa.
La talabartería se ha convertido así en un espacio donde el trabajo artesanal sigue teniendo un lugar frente a los productos fabricados en serie.
Cinturones personalizados, bolsas y artículos de piel
En El Remache se elaboran carteras, bolsas, cinturones personalizados y otros artículos relacionados con el trabajo del cuero. También se realizan reparaciones de bolsas y accesorios, una alternativa para quienes prefieren recuperar una pieza antes que desecharla.
Gerardo trabaja principalmente con piel de ganado y de borrego, además de otros materiales que consigue mediante proveedores y curtidores de Nacajuca.

Una de las particularidades del establecimiento es la posibilidad de adaptar los productos a las necesidades de cada cliente. Los cinturones pueden elaborarse de manera personalizada e incluso incorporar el fierro ganadero de quien lo solicita, un detalle especialmente apreciado por productores y personas dedicadas a las actividades del campo.
Cada encargo implica un trabajo distinto: medir, cortar, ajustar, coser y dar forma a la piel hasta convertirla en un artículo funcional y duradero.
Un oficio que se resiste a desaparecer
Mantener una talabartería en funcionamiento también implica enfrentar los cambios en los hábitos de consumo y la competencia de los artículos industriales. Sin embargo, el trabajo personalizado, las reparaciones y la posibilidad de obtener piezas elaboradas a la medida mantienen vigente el valor de este oficio.
Para Gerardo, continuar con El Remache significa mucho más que conservar un establecimiento comercial. Es mantener en movimiento las enseñanzas de una persona que marcó su infancia y le transmitió un conocimiento que hoy forma parte de su identidad.

El tiempo pasa, las generaciones cambian y muchos negocios terminan cerrando sus puertas. Pero en la parte alta del Mercado Público de Jalapa, entre el olor de la piel y el sonido de las herramientas, la historia de don Licho Flores sigue teniendo continuidad.
Cada cinturón que Gerardo elabora, cada bolsa que repara y cada pieza que entrega lleva algo más que trabajo artesanal: lleva una parte del legado de su abuelo.







