OPINIÓN

#MundoRaro/Hemos Vuelto

Por Ornán Goméz

#MundoRaro
Hemos vuelto
Ornán Gómez/Contraste Político

Cama diferente. Misma mujer y horario, #SeñorK. Ella ríe y niega con la cabeza desde la ventana. Lleva el mismo vestido negro y el mismo velo que le cubre el rostro, dejando al descubierto sus labios delgados, finos y pálidos. Sabe que la reconozco. No te he olvidado, dice en tanto sus ojos negros, pozo sin fondo, me atraviesan. Los vellos de mi cuerpo se erizan. Veo que estás bien. En mi habitación la oscuridad es como una tropa de soldados apretados como un puño. Se muerde los labios en tanto me revuelvo sobre la cama.

¿Quién es?

La misma que me visitaba por las noches de joven, y con quien hablaba dormido. La misma que me condujo a una casa de corredor amplio y columnas gruesas que sostenían un techo abovedado, cubierto de tejas negras. Mientras caminábamos, el eco de nuestros pasos resonaba en el silencio. ¿A dónde vamos? No preguntes. A mi alrededor todo era silencio y oscuridad. Quiero volver. Ya casi llegamos.

Al fondo del corredor de piso con cantera rojiza había otra mujer. Era delgada y tenía el rostro demacrado. Ella quiere verte, la señaló. Soltó mi mano y aquella mujer de cabellos ásperos me la tomó. Quise soltarme, pero su fuerza era descomunal. Bienvenido a mi infierno, me aventó contra una de las puertas que se abrió de golpe cuando mi cuerpo la golpeó.

Empecé a asfixiarme. Un calor ardiente me clavaba sus garras, en tanto la mujer graznaba como cuervo hambriento. Quise levantarme, pero una fuerza me aferraba al piso. El aire se extinguía de mis pulmones y gemí.

En tanto eso pasaba en la pesadilla, mi madre y hermano gritaban que despertara. Que abriera los ojos porque mis manos, ahora garras, me ahorcaban. No podían ayudarme porque no superaban mi fuerza. Empecé a boquear como esos peces fuera del agua y decidí dejarme ir, señor K. Cerré los ojos como prueba de mi rendición, pero la mujer de negro y cintura breve apareció. Me tomó de la mano y me sacó de aquella habitación. Respira y despierta, dijo.

Abrí los ojos frente a la mirada de espanto de mi hermano y madre. Ese día anduve decaído y sin ganas de hacer nada. Por la tarde me fui a beber con unos amigos, porque no quería dormir y encontrarme con la mujer que me seguía por las noches.

Estaba flaco, demacrado y no comía. Mi madre consultó curanderos. Tenía un don y alguien se lo quitó, decían. Yo me reía. Pero mi madre iba a ayudarme. Cuando empezó a encomendarme al dios que mis abuelos le enseñaron a adorar, empezó con las pesadillas. En la primera, un anciano la amenazó. ¡Déjate de chingaderas! ¡Es nuestro! Mi madre despertó y corrió a verme. Me encontró con las manos engarrotadas y el cuerpo tieso.

Algo pasó y dejé las pesadillas. Quizá porque me acostumbré y empecé a tomarlas como naturales en mí. Dejé de ver a la mujer y, confieso, la añoraba a menudo.

Y ahora estaba aquí. La misma que mi abuela Gloria le exigió con oraciones que me dejara en paz. La misma que el tío Elmer dijo que debía enamorarla, mientras bebíamos cerveza. La misma que mi madre aborrecía porque era la encarnación de Satán. Allí estaba. Del otro lado de la ventana. Alta, delgada y con aquel velo que le cubría el rostro.

Empecé a sudar.

¿Qué hace cuando tiene pesadilla, señor K? ¿Acaso hay alguien que lo acose en sueños?

La mía estaba frente a la ventana.

Sonrió y mostró sus dientes blancos y parejos. Tuve deseos de besarla y hacerle el amor sobre la cama en que daba vueltas. Abrí los ojos y miré hacia la puerta, donde había otra silueta. ¡Con una chingada! Era él. El que viera de joven. El cabrón que me obligaba a buscar mi cuerpo en espacios oscuros. ¡Si no encuentras tu pinche cuerpo, no despiertas, cabrón! Y ahí andaba yo buscando después que él mismo me pegará un tiro o me acuchillara en otro lugar.

Rieron y yo sentí que estaba a punto de despertar. Antes, ella dijo: No lo olvides, querido: ¡Hemos vuelto! Desperté sudoroso y la respiración agitada. Me levanté de la cama y fui por agua a la cocina. Revisé las ventanas y, por último, la puerta, que estaba abierta.

Botón volver arriba
Cerrar