OPINIÓN

#MundoRaro/ Cumpleaños de Ximena

Por Ornán Gómez

#MundoRaro
Cumpleaños de Ximena
Ornán Gómez/Contraste Político

Señor K, Ximena cumplió año. Cuatro añitos y tiene en los ojos la alegría de la vida. ¿Acaso existe algo más lindo que despertarse para jugar, reír, correr, llorar, alimentarse y pelear con el hermano mayor? En comparación a la vida adulta que está determinado por responsabilidades, la vida de los niños es un paraíso. O al menos eso debería serlo.

Mi pequeña va de aquí para allá con la confianza de saberse en su espacio. Si Eduardo se interpone en su camino, hay gritos y golpes. Lo hay porque Ximena tiene carácter de roca. No se anda con rodeos. Si no le gusta algo, llora. Del coraje se pone morada como fruta madura. Y yo celebro.

Dirá que estoy mal, pero a estas alturas quisiera no hacerle caso y quisiera regocijarme con los berrinches de mi pequeña. ¡Qué bueno sea así! Vivirá con ese coraje que se requiere para encontrarle sentido a la existencia y llenar de significado cada acto de la vida.

Ante personas extrañas se queda calladita. Los observa y escucha como estudiándolas. No mata una mosca, pensarán. ¡Pero qué niña “bien portada”! Apenas está en su espacio se transforma. Es un trueno. Un huracán. Es cuando me acerco para calmarla. La abrazo fuerte. Le acaricio el cabello y la carita. La llevo a mirar flores y el cielo. Le encanta que le de vueltas. Que la levante por los aires. Que la enamore con palabras cariñosas. De a poquito empieza a reír, señor K.

¿Y qué mujer no es así? ¿Acaso ellas no quieren nuestra atención? ¿Qué uno esté pendiente de ellas? ¡Quizá, pero no comulgo con esa idea! Pienso que el amor no es someterse al otro y olvidarse de nuestra individualidad. Hay que amar desde lo que somos para compartir momentos que nos reinventen. Ambos requerimos la atención de la pareja.

A Ximena trato de enseñarle eso. Tiene que seguir siendo independiente en todos los sentidos. Que respete y exija respeto. Si alguien se propasa, tiene manos, ¡qué caray! Le enseñé a dar puñetazos, cabezazos y a tirar patadas. ¡Puta madre!, dice. Y suelta una patada voladora. Te voy a dar un putazo y suelta puñetazos. ¡Te madreo!, y tira un cabezazo.

Cuando la veo como energúmeno tirando golpes de aquí para allá, me espanto un poquito. ¡Pobre de quien se tope con mi pequeña! Lo va a descalabrar. Y eso que apenas empieza. Tengo la intención de meterlo a un club de tiros y a otro de defensa personal.

Cuando está conmigo le gusta hacer ejercicio. Salta la cuerda, hace sentadillas y abdominales. Después empieza a tundirme a patadas porque quiere endurecer sus pies. ¿Tendría que decirle que no? ¿Decirle que no diga chingada madre porque es “malo”? ¿Enseñarle que se siente “bien”? ¿Que aprenda a decir buenos días y sí a todo? ¿A someterse a una voluntad ajena y no a la suya?

No sé.

Le enseño a jugar con los libros y disfruto cuando jugamos a las luchas y le jalo el cabello, le muerdo los brazos, le pellizco las piernas y le tuerzo los brazos. Ella se pone morada y dice que va a madrearme y empieza a tirar golpes, patadas, mordidas y cabezazos. ¡Ah!, pero déjeme decirle que, pese a su rudeza, le encanta pintarse las uñas de los pies y de las manos. Le fascina pintarse los labios y mover las caderas cuando baila. ¿Y qué cree? Me obliga a bailar con ella.

También le encantan los zapatos y la ropa. Hace un tiempo le regalé unos zapatos con forma de gato y fueron sus favoritos. Así que hace unas semanas, me dijo, Papi, quiero que me regales zapatos de gato. ¿Dónde los consigo?, pensé.

Visité algunas tiendas en busca de los famosos zapatos de gato que ella deseaba. No los encontré, pero sí hallé unas sandalias de esas brillosas que podría gustarle. También unos tenis con los cuales se verá aguerrida. Con ellos quebrará más de un dedo, pensé mientras los observaba en el aparador. Mientras pagaba, pensé que serían sus favoritos porque le servirá para patear de aquí para allá.

Me perdonará señor K, pero ya sabe que no me ajusto a esos criterios que indican que un papá tiene que enseñar “buenos modales” a sus hijos. Eso lo dejo para las buenas personas. Yo soy un rebelde que busca divertirse con lo que tiene. Y mi hija, ahora que cumple cuatro años, le da mucho sentido a mi existencia. Al verla feliz como un pajarito, suspiro y agradezco a la vida por darme la oportunidad de estar aquí para jugar con ella como si fuera un amigo más de los que tiene.

 

Botón volver arriba
Cerrar