domingo , abril 11 2021
Home / CULTURA / PUENTES SONOROS: ENTREVISTA A MAYA BURNS

PUENTES SONOROS: ENTREVISTA A MAYA BURNS

Giovanna Cirianni

Maya Burns, además de una de mis mejores amigas, es una pequeña maga, cantante, compositora, música multi-instrumentista y alquimista musical. Se planta en los escenarios del Jazz, Folk, Rock y Fusión.

Nacida en Monterey, California (Estados Unidos) y criada en Ensenada, Baja California (México). Toca y compone para piano, guitarra y saxofón. A los 12 años fue elegida para formar parte del programa Talentos Artísticos de Baja California y a los 17 compuso la música de la obra eXtras, ganadora del premio premio LA Times Choice Award. Un año después se mudó a la CDMX, donde se ha presentado en espacios como Foro Shakespeare, Parker & Lenox, Jazzatlán Capital, Casa Franca y Café Aurora, junto a artistas de la talla de Aarón Cruz, Gabriel Puentes, Iraida Noriega y Hiram Griss. En Nueva York fue headliner de México Now, tocando en Terraza 7 Queens, y ha sido una música frecuente en el legendario club de Harlem, Paris Blues. Actualmente está tocando, escribiendo y organizando transmisiones en vivo para seguir ensamblando ritmos y cadencias para reunir los géneros musicales que han marcado su camino.

La normalización de las videollamadas que se ha dado en la pandemia me permitió hacerle esta entrevista: Yo en el sur de Argentina y ella en el norte de México. Espero que la disfruten.

GC: Tomando en cuenta tu contexto, el hecho de que eres bicultural y que a pesar de que has vivido en México desde muy chica, siempre has ido y venido entre México y Estados Unidos ¿Cuáles son los contrastes culturales que mas te impactan cada vez que viajas?

MB: Mis contrastes son Ensenada y California. Cada estado de Estados Unidos es como otro país, me identifico con las personas que viven en las fronteras. Ahora estoy leyendo el libro Borderlands de Gloria Anzaldúa, que creció en la frontera de Texas. Ahí es donde encajo más en cuanto a pensamiento, pero los contrastes siempre han sido de idioma y también de cómo se hablan y se tratan las personas. Siempre que voy a Estados Unidos siento que estoy rompiendo la ley y que me pueden arrestar por cruzar mal la calle. Se llama Jaywalking esa ley, y te pueden cobrar multas muy altas. Entonces me pongo nerviosa. En cambio, en México puede pasar que los policías no tienen luces en las patrullas. Cosas que te multarían por hacer en Estados Unidos, en México las están haciendo los policías. Es otro ritmo de vida totalmente. Por lo menos aquí en Ensenada. Y también es muy distinto llegar a Texas de la CDMX, por ejemplo

GC: Me interesó lo de dijiste sobre que tu contexto es California específicamente. Y puntualizaste que Gloria Anzaldúa creció en la frontera con Texas, que debe ser un universo completamente distinto. ¿Cómo sientes que su experiencia contrasta con la tuya?

MB: También porque ella viene de una familia mexicana y yo vengo de una familia estadounidense, es justo lo contrario. Ella creció con muchísima discriminación y yo he tenido muchos privilegios sociales que al principio no notaba, pero ahora veo que es al revés, y cada vez se evidencia más que si vienes de México y vas para allá, no necesariamente te van a tratar bien, no te van a dar tus derechos. Hay 11 millones de inmigrantes sin documentación que son explotados. De hecho, de eso se trató la obra eXtras, de todas esas personas que migran para poder vivir y alimentar a su familia. Para mi familia, migrar fue también un escape, pero México nos acogió. A mi me acogió mucho, con su cultura y con su música. La diferencia entre ir de acá para allá o de allá para acá es inconmensurable.

GC: Viviste dos procesos de adaptación, uno en Ensenada cuando llegaste a los cuatro años, y otro cuando te mudaste a la Ciudad de México a tus 18. ¿Cómo fueron esos cambios para ti y qué influencia tuvieron en tu música?

MB: El primer cambio fue el más drástico. A los cuatro años yo estaba muy despistada, no sabía lo que quería con el país [risas]. Llegamos y me pusieron en el kínder, gracias a dios estaban Gloria y Perla, dos mujeres que me animaban mucho. Hace poco vi a Gloria y me contó que yo salía corriendo y me quedaba en los columpios cantando durante las 4 horas que duraban las clases. La directora le decía a Gloria “No dejes que Maya cante, porque se tiene que disciplinar e integrarse” y ella le respondía “Sí, pero ella no entiende nada y yo la estoy integrando cuando canta en español”. Yo ahora me estoy enterando que ella me defendió. Entonces es diferente cuando eres una bebé y la gente te trata como tal a llegar a mis 18 a la Ciudad de México. Aunque en parte sí me trataron de bebé. Tengo muchos amigos y compañeros en la música que me llevan 20 o más años de experiencia. Llegué a vivir con Aarón Cruz y Guadalupe Galván y fueron como papás durante un tiempo, tuve esta seguridad de no estar sola y tener con quien reportarme.

En cuanto a mi música, cambió bastante. En Ensenada yo decía que era cantante de rancheras, me quería volver mexicana y ya. Luego pensé, no, no puedo hacer eso, porque sería negar a mis papás, mi historia, la inmigración, todo. Y a partir de ahí fue reconciliar dos estilos de vida o dos formas de ser y empezar a hacer canciones distintas, más mezcladas. Al llegar a la CDMX una de mis primeras canciones fue “Un solo mundo”, es una reconciliación que tiene que ver justamente con eso, todos vivimos en un mismo mundo. Empieza como bolero y acaba bastante funk. Para mí fue reconciliar que crecí en festivales de música donde se toca mucho funk y rock como para moverse. Creo que fue un gran cambio en mi vida, para bien. Miro para atrás y pienso, que bueno que me fui a la ciudad para darme cuenta que yo era algo que no pensaba que era.

GC: Pero está bueno pensar que fuiste avanzando y entendiendo que toda tu historia te daba herramientas o elementos que después te iban a servir.

MB: Sí, que aunque lo rechaces en su momento, al final del día dices “todo me sirve”.

GC: ¿Tú sientes que es un proceso que se hubiera dado incluso si hubieras crecido en Estados Unidos y no hubieras viajado a México? ¿Eso de ir reencontrando cosas? ¿O crees que quizá hubieras crecido haciendo un estilo de música mas apegado a tu contexto?

MB: Pues ojalá sí hubiera encontrado mis dos lados, no sabemos. En un momento quise irme a estudiar a Nueva York, pero ya había vivido 2 años en la ciudad, entonces mi chip ya había sido totalmente cambiado.

GC: Y aún así, en Nueva York, que es tan cosmopolita, probablemente hubieras encontrado algo.

MB: De hecho me di cuenta que soy muy latina en Nueva York. Llegaba a los foodtrucks y los que atendían eran de Guerrero. Los escuchaba hablando español y se me hacía raro hablarles en inglés. Les decía que era de Baja California. Me llevaba bien con los latinos de Harlem, yo vivía ahí. Si hubiera ido a los 18, yo creo que me hubiera encontrado con gente latina y hubiera sentido una pertenencia con ellos, encontrar un lugar que se sentía como un hogar y donde no tenía la barrera del idioma, que muchas veces separa a toda la gente de distintas culturas en Nueva York. Hay gente de muchos lados, pero todo está muy compartimentado. Acá en México puedes ser el chino, o el ruso, pero sigues siendo mexicano, solo te queda el apodo de donde vienes.

GC: Todas estas herramientas que has ido juntando te han convertido en el mosaico de Maya que eres ahora. Has explorado no solo varios instrumentos, sino también muchos géneros y a veces más de un género en una sola canción, como en “Un solo mundo”. ¿Sientes que eso es un proceso natural en ti? ¿O algo que haces a voluntad para evadir las etiquetas? ¿Y por qué crees que no todos los artistas lo hacen y prefieren tener una marca a explorar más variedad de sonidos?

MB: En mi caso ha sido inevitable. No podría hacer música sin agarrar de todo un poco. Voy conociendo a nuevas personas que me abren puertas musicales. No es que piense a consciencia en usar una nueva idea para no estancarme, sino que suelo inspirarme mucho en otros e integrar cosas de personas que admiro o de las que me enamoro, como una colaboración constante.

Muchos músicos tienden a verse como productos dentro de un mercado bastante pequeño que te dice “queremos esto”, y si no entras en esas pocas opciones, terminas siendo algo muy fuera del monopolio musical. Para mi ha sido imposible entrar a ese monopolio. Mi proceso no sigue un método, tiene que ver más con que estoy tocando o practicando y de pronto me equivoco, pero me gusta como suena y lo repito y va saliendo una canción.

GC: Tus padres tienen una historia de activismo en Estados Unidos, son personas muy comprometidas socialmente, tu mamá incluso iba a formar parte del City Council. Hay un conjunto de principios que siempre te han acompañado ¿Cómo sientes que ese antecedente ha moldeado tu perspectiva sobre las relaciones entre arte y activismo? ¿Y como te hacen ver a la industria desde una perspectiva crítica?

MB: A partir de 5to de primaria estudié en mi casa con mis papás, además de mis clases de música. Mi crianza fue toda una resistencia. Desde que nací mis papás organizaban festivales en contra de la televisión. Fue muy positivo. No tuvimos wifi en mi casa hasta que cumplí 12 o 13 años. Nos perdíamos de mucho, entonces íbamos a cafés de internet para subir mis videos de YouTube, coordinar clases, viajes, de todo.

 

Cuando me fui a la CDMX yo decía a mis 18 años que era una hippie retirada. No hay nada orgánico en la CDMX, en cuanto a estilo de vida. Quería estar en la gran ciudad en vez de en el campo con las gallinas. Ahora volví y otra vez vivo como hippie.

GC: Cuéntanos cómo la casa de tu familia, donde estás ahora.

MB: Ahora es bastante grande. Cuando llegamos no teníamos puertas ni ventanas. Hay 8 gallinas, mis dos gallos se sacrificaron para alimentarnos y les agradecemos mucho. Estamos cosechando brócoli, espinaca, girasoles, pepino, pensamientos y otras cosas. Desafortunadamente hay muchos topos y ardillas que se aprovechan de que todo es orgánico, por eso tengo mis plantas adentro y las trasplanto cuando ya están más fuertes. Es mi manera de mantener un huerto en este siglo. Es sutil, pero es una resistencia, ahora los anarquistas son jardineros. Las gallinas ponen 16 huevos diarios, siempre los regalamos a los vecinos o gente que llega. Hace poquito se los empecé a vender a un puesto.

GC: Recomiéndanos 5 artistas (o grupos) musicales y 5 artistas de otras disciplinas que sigas y te inspiren.

MB: 1.- Ylabamba: chicana de origen michoacano y criada en Portland. Tiene una mezcla y un sonido muy interesante, canta en spanglish y toca guitarra eléctrica.

2.- Ampersan: pareja de Veracruz, mezclan electrónica con son jarocho.

3.- Rulo: cantautor chileno, bajista de Mon Laferte. No hacemos el mismo tipo de música, pero curiosamente encaja muy bien con lo que yo hago.

4.- Caña Dulce y Caña Brava: agrupación de son jarocho. Son 4 mujeres, Adriana Cao es la arpista, cantante y creadora del grupo. Por ella conocí en son jarocho y ahora soy una alumna leal.

5.- Esperanza Spalding: una de mis ídolas más grandes en mi etapa de fusiones. Su disco Emily’s D+Evolution me impactó mucho. Es el primero que hizo de música original y habla de muchísimos temas y problemas sociales en Estados Unidos.

6.- Máscaras de Alambre: colectivo de arte interdisciplinario basado en la escultura con alambre, performance con luces y experiencia musical fundando por David y Pablo Cobo. Hemos colaborado y he admirado su trabajo durante mucho tiempo.

7.- Ksenia Novikova: muralista y fotógrafa rusa radicada en México.

8.- Francisca D’Acosta: documentalista y fotógrafa, recomiendo su documental “Tobías”.

9.- Sandra Luz López Barroso: documentalista, fotógrafa y antropóloga, recomiendo su documental “Artemio”.

10.- Sasha Gewehr: mi hermana mayor, una pintora impresionante, soy muy fan de su trabajo. Necesita que todos le digamos que vuelva a pintar, porque no ha pintado en 10 años.

GC: La música es quizá la forma de arte más popular en el mundo. Todos escuchamos música independientemente del género o estilo y siempre es un elemento clave dentro de una cultura o subcultura. ¿Por qué crees que esto es así? ¿Cómo percibes esta realidad desde tu lugar de creadora, pero también de consumidora de música?

MB: La música es algo muy comunitario, creo que por eso es lo más popular. En este año nos dimos cuenta de lo sociales que somos, incluso cuando antes no saliéramos mucho. Nos hace falta la conexión humana, y la música siempre ha sido un lazo dentro de las comunidades a pesar de las diferencias. Es algo bastante tribal, y se refleja en la sociedad actual cuando construimos lazos sociales a partir de la música.

Para mi fue así. Llegar de un país a otro, sin conocer el idioma y hacer un lazo con la comunidad de mis compañeros del kínder y generar una conexión. Aprendí a hablar bien español hasta mucho después. Incluso hasta 5to de primaria tenía acento al hablar, pero no al cantar rancheras, y eso me involucraba y era mi forma de sentir que pertenecía. Los festivales de música también se tratan de congregar gente de todo tipo. Además, cómo la música son vibraciones, estas te afectan también a nivel físico, la sientes en el cuerpo e incluso tu corazón empieza a latir diferente.

Para mí, la música fue primero una necesidad y luego una elección diaria. Es muy celosa y hay que ser constante.

GC: Cuéntanos una historia de tu vida que te gustaría contarle a tus hijos o nietos.

MB: Definitivamente me gustaría contar la historia de mis padres y cómo lucharon contra el monopolio de los medios. Hay mucha gente que es consciente de las injusticias, pero las oportunidades de cambiar las cosas son pocas y muchas veces son muy riesgosas y no las tomamos. Mis papás no fueron esas personas, siempre tuvieron claro que había que luchar por lo que era correcto hasta que les hicieran caso.

Una vez, mi papá escuchó a un locutor decir al aire “los mejores tips para secuestrar niños” a las 3 de la tarde, justo cuando salen de la escuela. Mi papá lo grabó junto con otras cosas horribles que decían en esa estación y mandó la grabación al FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) pero le respondieron diciendo que habían perdido el casete. Lo que no sabían es que había hecho 100 copias y las había guardado por todas partes. Había investigado y sabía que la compañía (Clear Channel) había comprado la mayoría de las estaciones de Monterey, California. Siguieron insistiendo, protestaron frente al FCC, demandaron y finalmente ganaron el caso y despidieron al locutor, pero los dueños de la estación no perdieron su licencia. La metáfora que usó mi papá fue que, si manejas mal y matas gente, no importa cuantos coches tienes, pierdes tu licencia. Hubo otros programas que pasaban mujeres embarazadas de escasos recursos haciendo lap dance para los locutores y así poder ganar un dinero, o hacían competencias de «a ver quién toma más agua» donde una persona murió en vivo en su programa. Y siguieron al aire.

Sin embargo, mis papás son muy optimistas y nunca pierden la fe en que todo se puede cambiar. Que no hay que demoler todo, sino que es posible ponerle mejores bases al sistema que tenemos.

GC: Cuéntanos una historia de tu vida artística que haya sido importante.

MB: Cuando tenía 11 años una de mis ídolas, Linda Ronstadt, me invitó a un festival de Herencia Mariachi en San José California. Llegué con mi ropa psicodélica y fue la primera vez que usé mi sombrero, como para que vieran que tenía un look. Yo iba a abrir la participación de Aida Cuevas, otra ídola. Cuando llegué me di cuenta que había algunas personas ahí que no estaban de acuerdo con mi invitación, porque no tengo herencia mexicana, tengo herencia de California por 5 generaciones [risas]. Hubo un choque que nunca sentí en México: “esto es nuestro, lo tenemos que conservar y tú nos lo estás robando”. Yo pensaba que iban a ser los mejores días de mi vida y pasé algunas noches llorando. Para acortar mi participación, metieron a otra niña chicana. Aida me vio y me reconoció, porque yo había ido a sus conciertos y a que me firmara discos en Ensenada desde que tenía 9. Me dijo que después del concierto la buscara en su hotel. Cuando abrió la puerta de su habitación, su hijo estaba grabando y me regaló mi primer vestido de cantante de ranchera, porque yo había usado un vestido de bailarina de folclórico que me habían prestado. Fue un momento que me marcó, porque sentía que si ella me abría la puerta a la música y al amor de su cultura, entonces yo también podía amarla sin estar cometiendo un delito.

Hasta el día de hoy sigo viendo qué onda con mi identidad, dónde estoy entre los dos países y cómo no enojar a nadie con mi existencia. Porque existo, no puedo des-existir. Sé que no estoy ni en un lado ni en el otro, entonces tengo que reconciliar los dos en el punto medio. Y esa reconciliación me parece super importante para evitar guerras, tanto internas como sociales. Deconstruir la idea de “nosotros” y “ellos” y de ver al otro como inhumano.

GC: Yo creo que este es un punto clave. A mi me gusta pensarlo como que las fronteras, la liminalidad, no necesariamente dividen, sino que también son los puntos de unión. A mi me ha pasado con mis dos países, México y Argentina, y me ha servido dejar de tener que decidir y no pensar que estoy dividida, sino que yo, mi existencia y mi identidad son un punto de unión. Yo permito que estos dos universos se encuentren.

MB: Claro, eres como el puente. Somos como The Doors, pero en vez de eso, The Bridges [risas].

GC: Así se puede llamar nuestro dúo de música y poesía.

Compruebe también

Mundo raro. Adicto al café

Ornán Gómez Quien es adicto al café, hace lo necesario para beberlo, señor K. Bien ...