CUNDUACÁN (CONTRASTE POLÍTICO).-La nueva vivienda para el Bienestar, con paredes de concreto, piso de 58 metros cuadrados de cemento, dos recámaras, sala-comedor, cocina, baño completo y pórtico, contrastaba enormemente con la humilde casa de al lado: Suelo de tierra, armada con pedazos de madera y tablones, cubierta con láminas de zinc, algunas con agujeros y otras con cascajo encima para que, en temporada de norte, no se vuelen.
Ambas casas mostraban dos realidades que se viven en la entidad: Por un lado, el déficit que hizo “que la gente no tuviera a donde vivir”, y por el otro, la justicia social que cambia la vida de familias con hogares dignos, explicó el Gobernador Javier May Rodríguez al entregar las primeras 40 viviendas, de un total de 300 que el Gobierno del Pueblo construirá en Cunduacán.
En total, en beneficio de las familias cunduacanenses serán 700 viviendas las que se edifiquen este año, sumando las que hará el Ayuntamiento, que preside la alcaldesa María de la Cruz López. Un hito histórico.
“Levanten la mano los que les toca vivienda”, pidió el mandatario. Una docena de mujeres lazó sus manos sin titubear. “¿Les gusta su casa?, ¿está bonita?, ¿están contentas?”, inquirió May Rodríguez a sus interlocutores.
Una septuagenaria alzó la voz y dio las gracias al Gobernador por las viviendas, deseándole que Dios le dé más sabiduría y años de vida, a lo que May Rodríguez agradeció con un “para allá vamos”, explicando que con las nuevas casas ya no sufrirán los tiempos de lluvia, “donde había agua más adentro que afuera”.
A sus 72 años y con lágrimas en los ojos, doña Sebastiana Jiménez de la Fuente reconoció “la bendición nos llegó”, refiriéndose a los cinco miembros de su familia que se mudarán al nuevo hogar: Su madre, una anciana nonagenaria que padece discapacidad auditiva; su hija, madre soltera; su nieto, que nació con ceguera; y su hermanito mayor.
“Éramos 10, en la casita de madera que construyó mi papá con mis tíos. Mis hermanas se casaron y se fueron yendo. Yo me casé también, pero me fue mal. Y regresé aquí con mi papá, que me dijo ‘Aquí te puedes quedar con tu niña. Trabajaba cuidando niños y aseando casas en Cunduacán’. Yo me porté bien, no estuve agarrando nada ajeno. Y gracias a Dios, recibo ahora la sorpresa más grande que me dan: Esta casita”, dijo emocionada.
El color esmeralda de su vivienda hacía juego con el fondo de los distintos verdes de los árboles de mango, pan de sopa, castaña, naranja agria, coco y almendro, sembrados en los límites de la propiedad, y en los que alguna vez saltaron de rama en rama tropas de monos que dieron a este sector el nombre apropiado de La Mona, en la ranchería Huimango.
“Cuando azotaba el norte, teníamos que andar escondiendo las cosas, tapando los espejos, el ropero, la tele. Ahora ya no nos vamos a mojar. Figúrese, el baño quedaba afuera y teníamos que salir con todo y lodo. Solo un cuartito tenía piso, que era donde estaba mi mamá”, se congratuló ‘doña Tana’.
Después de que hablaran la presidenta municipal, el director de Invitab y el secretario de Obras Públicas, el mandatario caminó con doña Sebastiana hasta el pórtico de la casa, y le preguntó: “¿Nos invitas a pasar?” ‘Doña Tana’, de tan emocionada que estaba, no podía encajar bien la llave. En medio del jubilo, él la ayudó a abrir.
Adentro, ella recorrió los cuartos y el baño, explicando que estaba recontenta porque ella no duerme en cama sino en hamaca. Sin que ella se atreviera a pedirlo, su nuevo hogar cuenta con dos hamaqueros, colocados por los cuatro vecinos que construyeron en dos meses la casa.
Después de despedir a los invitados especiales en este día memorable para las primeras 40 jefas de familia beneficiadas, doña Tana confirmó: “antes, escuchábamos apoyos, pero nunca nos llegaba. Este día la bendición nos llegó”.







