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Escribe Paraíso un nuevo capítulo con sus ostioneras y ostioneros

Por Josué Ramírez

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VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-La geografía costera de Tabasco —esa que deslumbra desde las primeras crónicas de América por sus ríos, sus espejos de agua y sus “pueblos buenos”— volvió a escribir una página luminosa este miércoles. Y lo hizo en manos de mujeres y hombres de Paraíso que, con la esperanza a flor de piel, “sembraron” futuro en la laguna Mecoacán.

Eran 30 ostioneras y ostioneros, beneficiarios del programa estatal Pescando Vida, quienes tras recibir sus cajas de semillas de ostión de manos del Gobernador Javier May Rodríguez, navegaron con él mar adentro para depositarlas en uno de los bancos ostrícolas del vasto sistema lagunar. Con ellos se completaron oficialmente los 300 paraiseños que este año recibieron semillas para cultivar y cosechar el molusco rumbo a la próxima Semana Santa.

Un viaje que se siente en la piel

Las embarcaciones partieron desde la Comunidad de Aprendizaje Acuícola “Oro Negro”, en Puerto Ceiba. Sobre las bancadas y castillos, resguardándose del sol con sombrillas, gorras o pañoletas, sobresalía la presencia femenina. No es casualidad: Pescando Vida es, en palabras del propio Gobernador, “el programa acuícola más grande del país, con una participación perfectamente equilibrada: 50 % mujeres, 50 % hombres”.

Desde tierra ya lo habían celebrado con porras espontáneas: “¡Arriba las mujeres empoderadas!”

Conforme las lanchas avanzaban, habitantes de comunidades, trabajadores de cultivos y pescadores desde puentes de palafito levantaban los brazos en saludo. Algunas voces rompían el ronroneo de los motores para agradecer a la distancia:

“¡Gracias, Gobernador, por rescatarnos! ¡Viva Pescando Vida!”

A bordo viajaban también el presidente municipal Alfonso Jesús Baca Sevilla, los secretarios José Ramiro López Obrador y Daniel Casasús Ruz, y los subsecretarios Joaquín Alejandro Ligonio y Guillermo Priego León.

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“Es un buen apoyo… y no sólo para nosotros”

Entre las mujeres que participaron en la siembra estaba doña Mélida García Galmiche, del histórico ejido Chiltepec, donde las manos tabasqueñas han llegado incluso a Carolina del Norte para trabajar el desconchadero.

Para ella, la siembra no sólo representa esperanza personal, sino trabajo para toda su comunidad:

—“Es un buen apoyo para las familias. Nosotros, los beneficiarios, trabajamos, pero también generamos empleo. Ayudamos a la economía del pueblo con estos 300 cultivos”, dijo mientras observaba la extensión de agua que la vio crecer.

El momento: una semilla que toca el agua

Cuando las embarcaciones alcanzaron el punto marcado, todos esperaron. May Rodríguez tomó entre sus brazos la caja con las semillas y la depositó en la superficie movible de Mecoacán. Entonces, una cadena de manos repetidas en cada lancha hizo lo propio.

  • Las pancartas ondearon sobre el viento salado:
  • “Mujeres y hombres agradecemos por el compromiso del pueblo”

  • “Estamos trabajando: Pescando Vida”

  • “Para un futuro que nos está transformando”

  • La laguna, serena, guardó el instante.

“Aquí nunca estoy sola”

De regreso, mientras la brisa salpicaba el rostro de las ostioneras, Eugencia Hansen Ricardez, de Puerto Ceiba, hablaba con la certeza de quien conoce el ritmo íntimo del agua.

Ella hace guardias nocturnas en uno de los puentes de vigilancia:

—“No me siento sola; disfruto los cielos estrellados y la convivencia con mis compañeros. Estas semillas nos darán una buena venta. El Gobernador siempre ha sido cumplido. Gracias a esto recupero una tradición familiar: mi abuelo, un náufrago alemán, fue quien hizo la primera receta de ostiones en escabeche”, recuerda sonriendo.

“Nos está yendo mucho mejor”

De vuelta en tierra, el ostionero Leandro Pérez se acercó al mandatario para despedirse. Se tomaron una fotografía con la laguna Mecoacán como fondo, testigo y horizonte.

—“Hay mucho apoyo. Nos está yendo mejor, enfocados en el cultivo. Nos dan la semilla, las herramientas, el jornal. Va a haber más producción. Estamos muy contentos”, dijo antes de volver a su embarcación.

Ese día, sobre el espejo de agua tabasqueño, no sólo se sembraron ostiones. Se sembró dignidad, comunidad y un porvenir que huele a mar, sal, trabajo y esperanza.

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