VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-El programa Sembrando Vida Tabasco no solo busca reactivar la producción agrícola en la entidad, sino también devolver ánimo, ingresos y sentido de pertenencia a personas de la tercera edad que hoy vuelven a trabajar su propia tierra.
Más de 50 mil sembradoras y sembradores participan en esta estrategia estatal de reforestación y producción, que impacta directamente en la economía familiar y comunitaria, particularmente en zonas rurales históricamente marginadas.
Sin acceso a crédito, pero con respaldo institucional
A sus 76 años, Miriam Magaña, originaria de Pailebot, comunidad costera del municipio de Cárdenas, encontró en Sembrando Vida Tabasco una alternativa que nunca antes había tenido. Viuda y sin acceso a créditos bancarios, afirma que este es el primer programa gubernamental del que forma parte.

“Yo soy sola y la necesidad me llevó a participar. Ahora me siento bien, hemos sembrado ya muchas plantas”, relata.
Pailebot es una localidad con población afrodescendiente donde menos del 40% de los habitantes mayores de 12 años se dedica a actividades agrícolas o pesqueras, lo que dimensiona el impacto social del programa en la región.
Del abandono del campo a un ingreso mensual
Historias similares se repiten en comunidades como Chicozapote y Benito Juárez. David Izquierdo, campesino de la tercera edad, ingresó al programa tras acudir a las Jornadas de Atención al Pueblo en Territorio, donde se abrió el registro.
Durante años, la falta de apoyos lo obligó a migrar a Estados Unidos para mantener a su familia. Hoy, gracias al programa estatal, recibe un jornal mensual de cinco mil pesos por trabajar su propia parcela.
“Ya no pienso irme. Tenemos apoyo como ningún otro gobierno”, afirma.
Enfoque social y arraigo comunitario
Autoridades estatales señalan que Sembrando Vida Tabasco es el único programa agrícola con recursos estatales en el país con este alcance, al combinar reforestación, producción y un enfoque social que prioriza a adultos mayores y pequeños productores.
Más allá de los números, el impacto se refleja en el arraigo, la recuperación del campo y la reintegración comunitaria de quienes, durante décadas, quedaron fuera de las políticas públicas.







