JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO).-En la orilla del camino Jalapa-Pochitocal, donde el polvo se mezcla con la historia, hay una tiendita de madera que parece resistirse al paso del tiempo: “La Pasadita”.
Ahí, entre refrescos fríos y tablones ennegrecidos, don Eleazar Calderón observa el ir y venir de las máquinas que, por fin, están reparando la carretera que durante años fue sinónimo de abandono.

De bigote blanco y memoria larga, el viejo comerciante no solo ha visto pasar generaciones, también ha visto pasar gobiernos. Y por eso lo dice claro:
“Los otros gobernantes no salían del palacio… nadie los podía sacar de ahí. Ahora Javier May viene hasta la comunidad”.
El contraste, para él, no es menor.
De caminos olvidados a obra en marcha
Don Eleazar recuerda cuando viajar era una odisea. En los años sesenta, salir de Calicanto implicaba jornadas enteras:
—Ir a Jalapa tomaba un día completo.
—Llegar a Villahermosa, hasta tres días.
“En tiempo de norte era mala suerte salir”, cuenta, mientras señala el camino que hoy vuelve a tomar forma.
Durante décadas, la carretera se deterioró sin que nadie la atendiera.
“Se fue poniendo pésima porque no le metían mano… y porque la gente no reclamaba”, dice.

Pero también, insiste, porque los gobiernos estaban lejos. Muy lejos.
El pionero del transporte
Su historia también está marcada por la lucha.
Fue él quien, tras viajar hasta la cabecera municipal, logró autorización para brindar transporte público a su comunidad. Con una vieja combi usada, se convirtió en pionero en conectar a su gente con el exterior.
Hoy, décadas después, presencia algo que nunca había visto: un gobernador pisando su comunidad.
El gobierno que llega al territorio
La escena es sencilla, pero poderosa.
Vecinos reunidos, autoridades explicando la obra y el mandatario escuchando.
Don Eleazar, junto a otros habitantes como Darvelio de la Cruz, se acerca y saluda a Javier May Rodríguez.
“Este es un gobierno diferente… está viendo la necesidad de la gente”, afirma.
La rehabilitación —que ya suma más de tres kilómetros— es solo el inicio. Falta llegar hasta Lomas Alegres.
Pero para la comunidad, el cambio ya comenzó.
Más que una carretera, un mensaje
Antes, dice don Eleazar, los gobernantes estaban “atascados” en sus oficinas.
Hoy, la historia es distinta.
El mandatario se despide entre saludos, bromas y cercanía.
“Nos vemos, pariente”, responde sonriente a una vecina.
Y en ese gesto sencillo queda claro algo que la comunidad ya percibe:
No solo se está rehabilitando un camino…
también se está acortando la distancia entre el gobierno y la gente.







