JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO).-Sobre el escritorio del presidente municipal de Jalapa hay asuntos importantes y que son prioridad, entre ellos comunidades que esperan agua, productores que necesitan maquinaria, caminos rurales que requieren rehabilitación, puentes que deben reconstruirse y gestiones que obligan a tocar puertas más allá del municipio.
Pero entre esos asuntos importantes también hay espacio para una fotografía familiar. Es el recuerdo de una visita que llega hasta la oficina, quiere jugar y no entiende de cargos públicos. Para ese niño no existe el presidente municipal ni la investidura; existe su papá. José Manuel Hernández Pérez cuenta la escena mientras habla de una de las partes menos visibles de ocupar la presidencia municipal: el esfuerzo por seguir siendo padre, esposo, hijo y amigo mientras el trabajo público reclama buena parte del tiempo.

“Nada más en mi escritorio tengo esa parte porque aquí está un bello recuerdo de que hay una visita que llega y que quiere jugar y él no sabe distinguir entre alcalde y papá. Él sabe que es papá, ¿no? Entonces es complejo.”
La llegada a la presidencia municipal cambió una rutina que antes parecía mucho más sencilla. Hernández Pérez recuerda que su familia acostumbraba salir junta de manera periódica, prácticamente cada mes o cada dos meses se iban de vacaciones pero hoy eso ya no es posible. Con el cargo llegó también una disciplina de trabajo que fue reduciendo esos espacios hasta convertir el equilibrio entre la responsabilidad pública y la vida familiar en uno de los aspectos más difíciles de manejar.
E incluso José Manuel Hernández Perez reconoce que es uno de los alcaldes de todo Tabasco que no ha tenido vacaciones, trabaja de lunes a domingos y los días festivos son igual que todos.

“Creo que la parte que más afecta el tema de la vida personal yo creo que es el tema del esparcimiento. Es una situación muy particular que nosotros salíamos en familia de manera casi mensual, cada dos meses, una rutina de tener una actividad en familia muy, muy pegada, muy cerrada. Y luego llegas a ser alcalde y esto pues es imposible.”
No se trata solamente de tener menos tiempo libre. El propio alcalde reconoce que la presidencia municipal termina extendiéndose sobre prácticamente todos los espacios de su vida y que encontrar un punto medio se vuelve complicado. En su vida aparecen distintas facetas que debe combinar todos los días: el funcionario que toma decisiones, el médico, el esposo, el padre y el amigo que intenta mantener vínculos personales mientras atiende las demandas de un municipio con necesidades muy distintas entre sus comunidades y su cabecera.
Del gobernador al campesino
Esa transformación personal también ha influido en la manera en que Hernández Pérez dice entender el ejercicio de la presidencia municipal. Jalapa lo obliga a moverse entre escenarios completamente distintos: una reunión con el gobernador, un encuentro con un senador o empresarios y, unas horas después, una visita a una comunidad donde la conversación gira alrededor del agua, la producción, un camino o alguna otra necesidad cotidiana.

Para el alcalde, esa posibilidad de moverse entre ambos mundos se ha convertido en una herramienta de gestión. No se trata solamente de estar cerca de los funcionarios con capacidad de decisión, sino de utilizar ese vínculo para llevar hasta ellos las necesidades que encuentra directamente en las comunidades. Su punto de partida, sostiene, es aprender a escuchar, analizar qué problemas son más urgentes y determinar dónde puede intervenir el Ayuntamiento y dónde es necesario buscar otra puerta.
“La parte medular sería equilibrio de gestión. Estoy, efectivamente, puedo estar con un senador de la República el día de hoy y en la noche ya estoy en mi municipio y en todos los temas, en todos los recorridos es aprender a escuchar, escuchar, aprender a analizar cuáles son las necesidades más urgentes donde sí podemos nosotros marcar la diferencia, donde es necesario saber buscar una puerta para que esa necesidad se resuelva.”
En ese recorrido también reconoce un fenómeno que, desde su perspectiva, puede afectar la relación entre los funcionarios y la ciudadanía: la distancia que generan los propios cargos. José Manuel Hernández Pérez considera que ocupar una posición pública no debería significar perder contacto con las personas que llegan a plantear una necesidad, y por eso explica que una parte importante de su trabajo consiste en salir de la oficina para conocer directamente las condiciones en las que viven las comunidades.
“Creo que me ha tocado la cruda realidad de entender de que a lo mejor los puestos se paran a veces a las personas, ¿no? Y no se había buscado esa cercanía. Creo que el tener la posibilidad de estar hoy con el gobernador en la mañana y en la tarde estar con el campesino me permite llevar la voz del campesino con el gobernador.”
La “curva inversa”
José Manuel Hernández Pérez tiene una manera particular de explicar esa dinámica. La llama “la curva inversa”, porque, en lugar de esperar que las necesidades recorran la estructura burocrática hasta llegar a las oficinas donde pueden resolverse, plantea hacer el recorrido contrario: comenzar en la comunidad, escuchar al ciudadano y después llevar esa demanda hacia las instancias correspondientes.

Asegura que puede estar con un campesino por la tarde y posteriormente plantear esa necesidad en una reunión con el gobernador; puede recibir una demanda concreta en una comunidad y comenzar a buscar la instancia que tenga capacidad para atenderla. La gestión, en ese sentido, parte del territorio y no solamente de los documentos que llegan al Ayuntamiento.
“Yo creo que haría la curva inversa. Estoy con el campesino y cuando puedo estar con el gobernador le llevo la necesidad del campesino. Eso es lo que quizás más me ha caracterizado en este tema laboral.”
La cercanía como forma de entender el cargo
Cuando José Manuel Hernández Pérez deje de ser alcalde de Jalapa, no quiere que lo recuerden por los caminos que haya pavimentado o por alguna obra emblempatica, más bien asegura que quiere ser recordado como un presidente cercano, alguien al que la población podía encontrar y plantearle directamente sus problemas.
“Absolutamente creo que me gustaría que me recordaran como el presidente cercano. La necesidad de escuchar, la necesidad de ser escuchados, de ser atendidos, de que le solucionen sus problemas ha sido de mucho tiempo.”
Para él, la cercanía significa que la persona pueda acercarse, plantear su situación y encontrar al funcionario dispuesto a escucharla, independientemente de que la solución dependa directamente del Ayuntamiento o requiera acudir a otra instancia.
El Dr. Manuelito también quiere que lo recuerden como el gestor. Por ello considera que la capacidad de tocar puertas y buscar alternativas ha sido una parte central de su administración y expresa el deseo de que esa dinámica pueda mantenerse después de que termine su periodo.

“Me gustaría que me recordaran como el presidente gestor. La gestión ha sido parte fundamental de esta administración y sin duda alguna creo que vamos a dejar un precedente bastante grande y tenemos el sueño de que los que continúen puedan mantener este ritmo de gestión y de atención directa.”
La cercanía que describe no se limita a la cabecera municipal. Cuando habla con las familias de las comunidades rurales, Hernández Pérez insiste en que la población no está sola y expresa su reconocimiento hacia quienes viven y trabajan en esas localidades.
“Decirles que no están solos, que estoy pendiente de ustedes, que en todo momento me siento orgulloso de mi pueblo, en todo momento me siento orgulloso de la gente de las comunidades que ha dado todo por nuestro pueblo, que son ustedes el orgullo de nosotros, de nuestra esencia, de lo que somos, de nuestra raíz.”
Aunque todavía esta a la mitad de su camino, José Manuel Hernández Pérez, tiene claro que por ahora no son tiempo para distracciones, sino más bien son momentos para que Jalapa siga avanzando y se encamina hacia un desarrollo que por años le negaron, aquellos que hoy ya ni viven en el municipio.







