VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-En la política, pocas palabras se pronuncian tanto y se practican tan poco como inclusión. Sin embargo, en Tabasco esta palabra ha empezado a dejar de ser consigna para convertirse en una práctica concreta que está revolucionando silenciosamente al campo y la acuacultura.
No se trata de discursos, sino de rostros, nombres e historias: las de Alma Delia, Nereida y cientos de mujeres que hoy sostienen, producen y deciden en una tierra que durante décadas pareció reservada para otros.

La política pública impulsada por el Gobierno del Pueblo que encabeza Javier May a través de dependencias como SEDAP —en particular los programas Crédito Ganadero a la Palabra y Pescando Vida— está dejando un mensaje político poderoso: cuando el Estado confía en las mujeres, el campo florece y las comunidades se transforman.
Y es que los números revelan una realidad que ya es irreversible: 30% de las beneficiarias en ganadería son mujeres, y más del 60% en acuacultura.
Esto no es una estadística anecdótica; es una declaración del rumbo que Tabasco ha decidido tomar.

Política que cambia vidas, no solo expedientes
Lo que Alma Delia Magaña celebra al ver crecer su hato ganadero no es solo la expansión de su potrero; es la prueba de que las políticas públicas funcionan cuando se diseñan para incluir a quienes históricamente fueron excluidas. Su testimonio rompe estereotipos: más mujeres son ganaderas, productoras, líderes comunitarias. No son la excepción: están comenzando a ser la regla.
“Crecí rodeada de jefas de familia”, dice Alma Delia, y su frase revela una verdad profunda: las mujeres siempre han estado ahí, pero la política pública no las había visto.
Ese velo se está levantando.
El campo ya no es un territorio masculino
En Cárdenas, Nereida Vargas Ortiz lo resume con una honestidad que desarma: “Nunca pensamos que nosotras íbamos a salir de la cocina, y ahora estamos trabajando con gusto en Pescando Vida.”
Esa sola frase contiene décadas de desigualdad… y la evidencia de que estamos viviendo un cambio histórico. Detrás de cada panga, cada bolsa de ostión sembrado y cada kilo de producción que sale de los esteros, hay un acto político: mujeres decidiendo sobre su propio destino económico.
El verdadero sentido de gobernar
En tiempos donde la política suele quedarse en la confrontación, Tabasco muestra que gobernar también es escuchar a quienes nunca estuvieron en el centro del debate. La inclusión no es un gesto; es una estrategia inteligente que sostiene la economía rural, fortalece la seguridad alimentaria y rescata oficios que estaban perdiendo relevancia.
La transformación del campo no se mide solo en cifras de producción, sino en dignidad. Y cuando la dignidad toca a una familia, toca a toda una comunidad.
Inclusión que se vuelve liderazgo
Hoy el campo tabasqueño está viviendo una transformación que trasciende la técnica agropecuaria: es cultural, es económica y, sobre todo, es política. Las mujeres ya no solo participan: producen, lideran y deciden.
El Gobierno del Pueblo apostó por una política de inclusión y los resultados ya hablan por sí mismos. La pregunta ya no es si las mujeres pueden liderar el campo; la respuesta está a la vista. La pregunta ahora es: ¿estamos listos para reconocer que ellas ya lo están liderando?
Tabasco, con su política pública centrada en la igualdad, responde que sí. Y ese “sí” está cambiando la historia del campo.







