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Regresa Cuco Rovirosa y pone contra la pared a los partidos en Macuspana

Por Josué Ramírez

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MACUSPANA (CONTRASTE POLÍTICO).-En la vida hay nombres que no se olvidan y en Macuspana, uno de ellos es Cuco Rovirosa. Su reaparición en el escenario electoral no es un regreso nostálgico: es un movimiento que reordena fuerzas, incomoda a los partidos y vuelve a poner en el centro a un político con arraigo territorial probado.

Cuco Rovirosa vuelve sin siglas, pero con algo que en la elección municipal pesa más que cualquier logotipo: base social. Campesinos, comerciantes, tricicleros, pequeños empresarios, líderes religiosos e incluso migrantes que hicieron de la “ciudad de los Tumbapatos” su hogar, coinciden en una narrativa común: cuando él gobernó, el municipio funcionó para los de abajo.

No es un dato menor. En contextos de hartazgo partidista, la marca personal sustituye a la partidaria. Y Cuco Rovirosa carga con una reputación que, para bien o para mal, sigue viva en comunidades como Bitzales, Abasolo y González, donde aún se le recuerda como el alcalde que llegó sin pretextos y resolvió sin intermediarios.

Hay hechos que sostienen ese recuerdo. Durante sus administraciones, no hubo programas “a bajo costo” que terminaran convirtiéndose en cuotas disfrazadas; los apoyos sociales se entregaban de manera directa y gratuita. El presupuesto —dicen quienes estuvieron cerca— alcanzaba y, en algunos rubros, sobraba. En un municipio históricamente golpeado por la pobreza, eso construye lealtades duraderas.

El sector empresarial local también tiene memoria. En los años de Rovirosa, no se normalizó la extorsión institucional. Al contrario: los comerciantes eran vistos como aliados estratégicos para generar empleo. Se les escuchaba, se les cumplía y se les protegía.

En los días de quincena o de fin de mes el Palacio Municipal lucía lleno. Familias de escasos recursos acudían a tocar la puerta del alcalde, y la puerta se abría. La silla principal no era simbólica: la ocupaban los más humildes. Esa cercanía, hoy tan citada y tan poco practicada, es uno de los capitales políticos más sólidos de Rovirosa Ramírez.

Los comerciantes y tricicleros también lo recuerdan caminando las calles, escuchando reclamos y resolviendo personalmente. No delegaba el conflicto: lo asumía. Esa presencia cotidiana es la que hoy muchos contrastan con administraciones distantes, encapsuladas en oficinas.

A ese pasado se suma un elemento que ha reconfigurado su figura pública: haber sido preso político. Lejos de diluirlo, ese episodio lo reposicionó. Para muchos, regresó con una narrativa de resistencia y legitimidad moral frente al sistema de partidos. No es casual que, apenas reaparecido, haya generado nerviosismo en las dirigencias: saben que su estructura territorial no se improvisa y que, con una sola convocatoria, puede activarse.

En términos electorales, el fenómeno es claro: un candidato sin partido, pero con voto duro transversal. No depende de alianzas cupulares ni de financiamientos opacos; depende de la memoria colectiva y de una relación directa con la gente. En una contienda cerrada, eso puede ser decisivo.

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Macuspana entra así a una elección distinta. No es solo una disputa de siglas, es un referéndum sobre el tipo de gobierno que la gente quiere recuperar. Si Cuco Rovirosa logra traducir ese capital simbólico en organización y mensaje, no solo competirá: amenazará seriamente con gobernar su tierra por tercera vez.

 

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