JALPA DE MÉNDEZ (CONTRASTE POLÍTICO).-En medio del ir y venir de personas que acudieron a la Jornada de Atención en Jalpa de Méndez, un racimo de plátanos robó miradas y terminó convirtiéndose en el símbolo más genuino de agradecimiento hacia el gobernador Javier May Rodríguez.
Lo cargaba don Héctor López Martínez, un campesino de 54 años originario de la ranchería San Hipólito, quien viajó hasta la cabecera municipal con un solo propósito: entregarle al mandatario parte de la cosecha obtenida gracias al programa Sembrando Vida Tabasco.
«Desde hacía años no teníamos un gobernador que se preocupara por el campo, por las tierras», expresó mientras esperaba su turno para saludar al titular del Ejecutivo estatal.
Vestido con una guayabera color limón y pantalón impecablemente planchado, don Héctor observaba sorprendido la afluencia de ciudadanos que buscaban atención en los distintos módulos instalados en la Unidad Deportiva.
«Las Jornadas de Atención son magníficas. Nada más ver esta concentración humana, yo le doy un diez al ‘gober'», comentó.
El productor explicó que actualmente cultiva cerca de 400 matas de plátano, además de limón, naranja, guanábana y aguacate, como integrante de la Comunidad de Aprendizaje Campesino «Tierra Maravillosa», integrada por 25 productores.
«Tengo buena mano», dijo entre risas, mientras otros asistentes admiraban el racimo que llevaba consigo.
Aseguró que Sembrando Vida Tabasco marcó una diferencia respecto a programas anteriores.
«Tuve Procampo, pero no hay comparación. Antes nos daban mil 800 pesos cada dos o tres años. Ahora recibimos cinco mil pesos mensuales y, además, estamos reforestando nuestro estado», sostuvo.
Sin embargo, el cambio más importante ocurrió dentro de su propia familia.
«Mis hijos ya no querían trabajar el campo. Decían que afuera había más oportunidades. Pero era mentira; aquí tenemos la oportunidad de vivir bien y juntos», relató emocionado.
Finalmente, llegó el esperado encuentro.
«¡Ah, está bueno para un plátano machacado! ¿Es de Sembrando Vida?», bromeó Javier May al recibir el obsequio.
Don Héctor respondió con una sonrisa y agradeció los apoyos dirigidos a las comunidades rurales.
El racimo de plátanos cambió de manos, pero detrás del gesto quedó una historia de arraigo, reencuentro familiar y la convicción de un campesino que volvió a creer que el futuro también puede sembrarse en la tierra que lo vio nacer.







