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Se agandalla el Estadio GNP los grandes conciertos en México

Por Josué Ramírez

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CDMX (CONTRASTE POLÍTICO).-Los grandes conciertos se han convertido en una fuente millonaria de ingresos para la Ciudad de México, pero detrás de las cifras récord también hay una pregunta que pocas veces se plantea: ¿quién se queda realmente con la mayor parte del dinero que gastan los fans?

El caso más reciente es el de Harry Styles. Sus seis presentaciones en el Estadio GNP Seguros fueron estimadas por la Canaco CDMX en una derrama superior a 2 mil 94 millones de pesos.

La cifra luce espectacular, pero hay que ponerla en contexto: se trata de una proyección, no de un balance definitivo de lo que efectivamente se gastó.

De acuerdo con la estimación, más de mil 638 millones de pesos corresponderían a la venta de boletos, mientras que cerca de 300 millones estarían relacionados con hospedaje y poco más de 156 millones con alimentos y bebidas.

Es decir, el dinero se mueve.

La pregunta es hacia dónde.

Boletos, hoteles y restaurantes concentran el gasto

La Canaco CDMX calcula que los hoteles, restaurantes, cafeterías y otros establecimientos de la capital captan una parte importante del gasto de quienes llegan para estos espectáculos.

El propio material difundido sobre la gira de Harry Styles menciona al Estadio GNP Seguros como sede de los conciertos y a la churrería El Moro, donde cientos de seguidores acudieron durante una promoción relacionada con la gira.

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Son ejemplos de una cadena comercial que se activa alrededor de un artista internacional.

Pero una derrama millonaria no significa automáticamente que todos los negocios o trabajadores reciban la misma proporción del beneficio.

Una parte del dinero se concentra en el boletaje, otra en hospedaje, otra en alimentos y bebidas y otra en transporte, movilidad, logística y servicios relacionados con los espectáculos.

Por eso, decir que un concierto deja miles de millones de pesos no responde por sí solo a la pregunta más importante: ¿cómo se distribuye ese dinero?

¿Y si los conciertos también salieran de CDMX?

Aquí aparece una discusión que vale la pena abrir.

Si los conciertos internacionales tienen capacidad para generar semejantes cantidades de dinero, ¿por qué buena parte de las grandes giras tiene que concentrarse en la Ciudad de México?

No se trata de quitarle espectáculos a la capital ni de negar su capacidad para recibir eventos masivos.

Se trata de pensar en una estrategia más amplia.

¿Por qué no repartir determinadas fechas entre ciudades como Monterrey, Guadalajara, Puebla, Querétaro, Mérida, Tijuana o Villahermosa, siempre que cuenten con recintos, seguridad, movilidad e infraestructura suficientes?

La ecuación es sencilla: si una ciudad recibe un concierto, también recibe visitantes.

Y esos visitantes necesitan dónde dormir, dónde comer, cómo trasladarse y qué consumir.

La derrama, entonces, no tendría por qué quedarse siempre en los mismos corredores turísticos y comerciales.

El fan también paga la fiesta

Hay otra cara de la moneda.

Para asistir a un concierto de Harry Styles, Bad Bunny o BTS, el público no solamente compra una entrada.

Quienes viajan desde otros estados deben sumar transporte, hospedaje, alimentación y movilidad. Incluso pueden enfrentar gastos adicionales por mercancía, estacionamiento o días de estancia.

Lo que para la industria es una derrama millonaria, para una familia puede representar un desembolso considerable.

Y mientras más lejos tenga que viajar un fan, mayor puede ser el costo de vivir la experiencia.

Por eso, descentralizar los espectáculos también podría tener otro efecto: acercarlos a públicos de otras regiones y evitar que miles de personas tengan que desplazarse hasta la capital para asistir a un concierto.

Una industria que crece, pero también concentra

Los casos de Harry Styles, Bad Bunny y BTS muestran el tamaño económico que pueden alcanzar los espectáculos internacionales.

Canaco CDMX estimó una derrama de 3 mil 228 millones de pesos por los ocho conciertos de Bad Bunny en diciembre de 2025 y de mil 861 millones por los tres conciertos de BTS en mayo de 2026.

Son cifras enormes.

Pero también deberían provocar una conversación sobre la distribución territorial de ese negocio.

Porque si los conciertos generan empleos, consumo, hospedaje, transporte y ventas, llevarlos a más ciudades significaría repartir también esas oportunidades.

México tiene entidades con vocación turística, infraestructura hotelera y capacidad para organizar grandes eventos. Lo que hace falta es que el negocio de los espectáculos internacionales deje de verse únicamente desde la lógica de la capital.

La pregunta que queda

El éxito de un concierto puede medirse por un estadio lleno, boletos agotados y miles de millones de pesos en movimiento.

Pero el impacto económico debería medirse también por quiénes ganan, quiénes pagan y dónde termina ese dinero.

Porque si las mismas ciudades concentran los conciertos, los mismos recintos reciben las fechas y los mismos circuitos comerciales captan el gasto de los visitantes, entonces quizá no estamos hablando solamente de una gran derrama.

Estamos hablando también de una oportunidad económica que podría repartirse mejor.

Y la próxima vez que una cámara empresarial anuncie una cifra millonaria por un concierto, además de preguntar cuánto dinero generó, habría que preguntar:

¿Por qué no llevar una parte de ese dinero a otras ciudades?

Porque México no necesita solamente más conciertos.

Necesita que sus beneficios lleguen a más lugares.

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