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Manuelito entendió que también se gobierna poniendo al pueblo en movimiento

Por Josué Ramírez

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JALAPA (CONTRASTE POLÍTICO (CONTRASTE POLÍTICO).-Hay eventos que llegan a un municipio, pasan y se van. Y hay otros que terminan convirtiéndose en una oportunidad para demostrar de qué está hecha una comunidad.

Lo ocurrido en Jalapa durante L’Étape Tabasco by Tour de France pertenece a la segunda categoría.

Porque mientras los ciclistas competían contra el reloj, el calor y los kilómetros, Jalapa tuvo su propia competencia: demostrar quién podía recibir mejor. Y el resultado fue contundente: primer lugar en ambiente y recibimiento.

Detrás de ese reconocimiento hay algo que no aparece en una tabla de resultados, pero que políticamente tiene mucho valor: liderazgo.

El alcalde José Manuel Hernández Pérez, conocido como Manuelito, entendió que la llegada de una competencia internacional no podía reducirse a cerrar calles, colocar vallas y cumplir con una logística. Había que hacer que Jalapa se sintiera parte del acontecimiento.

Y lo consiguió.

La diferencia estuvo en imprimirle dinamismo al municipio. En poner a la gente en las calles. En echar mano de la identidad local. En entender que la hospitalidad también puede convertirse en una herramienta de promoción turística.

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Los artesanos y emprendedores no sólo vieron pasar a los ciclistas, sino que pusieron a la venta sus creaciones, algunos ofrecían jabones de coco, otros miel, algunos su salsa macha y hasta pozol con cacahuate.

 

En el recorrido encontraron marimbas, zapateo, charros, ciclistas y familias jalapanecas animando a quienes atravesaban el municipio.

No fue una recepción fría.

Fue Jalapa mostrando su personalidad.

Generalmente los gobiernos municipales suelen ser evaluados por obras, servicios, presupuesto y resultados administrativos. Todo eso es indispensable. Pero también existe otra capacidad que distingue a un alcalde: saber aprovechar las oportunidades que se presentan para proyectar a su municipio.

Manuelito lo hizo con L’Étape.

En lugar de permitir que la carrera simplemente atravesara Jalapa, consiguió que Jalapa tuviera presencia dentro de la carrera.

Parece una diferencia semántica, pero políticamente no lo es.

Una cosa es ser escenario y otra muy distinta convertirse en protagonista.

El reconocimiento al primer lugar en ambiente y recibimiento no pertenece exclusivamente al Ayuntamiento. Y sería un error político atribuírselo de manera individual al alcalde. El mérito mayor es de la ciudadanía que salió, aplaudió, gritó, bailó, acompañó y recibió a los ciclistas.

Pero justamente ahí también está el mérito de quien gobierna: lograr que la gente se involucre.

Un alcalde puede convocar, organizar y coordinar, pero no puede fabricar entusiasmo.

Eso se tiene o no se tiene.

Y Jalapa lo tuvo.

La Marimba Flor del Dulce, la Marimba Semilleros, las parejas de zapateo, la Asociación de Charros de Jalapa y los Kurukos Bike fueron parte de una misma postal: tradición y deporte caminando juntos.

Esa combinación tiene un valor que va más allá de un trofeo.

Porque mientras los ciclistas nacionales e internacionales recorrían el territorio, Jalapa estaba diciendo quién es.

Hay otro detalle que merece atención. En medio de una competencia internacional, una jalapaneca también subió al podio.

Tania Libertad Hernández Cornelio, integrante de Kurukos Bike, conquistó el primer lugar de la categoría 30-35 de la Ruta Larga, de aproximadamente 130 kilómetros.

Es decir, Jalapa no solamente recibió a los campeones.

También produjo una.

Y esa coincidencia vuelve todavía más simbólica la jornada.

Un municipio que recibió con entusiasmo, una administración que supo organizar y una deportista local que terminó poniendo el nombre de Jalapa en lo más alto.

Eso es construir comunidad.

Eso es utilizar un evento para algo más que la fotografía oficial.

Manuelito puede presumir, con razón, el reconocimiento obtenido. Pero el verdadero éxito político está en haber entendido que un gobierno municipal no solamente administra un territorio; también puede movilizar el orgullo de quienes lo habitan.

L’Étape dejó muchos kilómetros recorridos y seguramente muchas historias personales entre los participantes.

En Jalapa dejó algo adicional: la certeza de que cuando un gobierno sabe coordinarse con su gente, una competencia deportiva puede transformarse en una enorme vitrina para el municipio.

El primer lugar en ambiente y recibimiento no se ganó detrás de un escritorio.

Se ganó en las calles.

Se ganó con música, tradición, deporte, organización y, sobre todo, con una ciudadanía que decidió salir a recibir.

Esta vez, Jalapa no solamente vio pasar a L’Étape.

Jalapa hizo que L’Étape se detuviera a mirarlo.

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