«Llegué a Tabasco cuando tenía 18 años. Venía de un pueblo de Tlaxcala donde me dedicaba a labores del campo; cuidaba vacas, las ordeñaba, sembraba…», cuenta Tomás Rivas fotoreportero legendario, taza de café de por medio en el café Parissi, en pleno Centro Villahermosino.
Acompañando a su hermana mayor, Tomás Rivas, llegó hace 40 años a la ciudad de Villahermosa. «Mi primer trabajo fue como vendedor de una empresa que se llamaba Turmix, vendía asadores, filtros, ollas de presión. Pero yo tenía dificultades para escribir y para levantar los pedidos me auxiliaban los mismos clientes», evoca sonriente.
Joven creyente, se congregaba en un templo Bautista. Fue ahí donde conoció a los hermanos Aranda; Benjamín y Adán, fotógrafos profesionales. «Ellos me dieron trabajo, me enseñaron todo lo relacionado al laboratorio fotográfico. Hasta que un día, Benjamín me mandó a tomar fotos», dice. Con un rollo de 12 fotos recorrió la ciudad de entonces y tomó imágenes de la cotidianeidad villahermosina. «De las 12, nomás funcionaron dos y a partir de entonces me convertí en fotógrafo», concluye.
Cuando gobernaba el municipio Pascual Bellizia comenzó a trabajar en el Ayuntamiento, Benjamín Aranda lo recomendó. Ahí realizaba labores de conserjería. Un día despidieron al fotógrafo oficial y fue ascendido. «Para entonces yo ya tenía un mejor dominio de mi cámara y me sentía como pez en el agua», rememora.
La campaña de Andrés Manuel López Obrador por la gubernatura abanderado por el Frente Democrático Nacional lo agarró como fotógrafo oficial del Ayuntamiento que presidía Amador Izúndegui. «Fue Benjamín Aranda, otra vez, quién me comisionó para cubrir la campaña del hoy presidente. Recorrí todo el estado; Villas, poblados, rancherías, cabeceras municipales, haciendo un registro detallado de las actividades proselitistas de Amlo».
«Después de esa experiencia me dediqué a trabajar como fotoreportero en diversos diarios. En Tribuna, recibí los consejos, las enseñanzas de Carlos Rivera Ortiz, director del diario, excelente periodista». El afamado fotógrafo recuerda a sus compañeros en aquel medio; Fernando Hernández Gómez, Candelario Hernández y Roberto Barboza. «Antes, estuve en el Novedades en las páginas de publicidad, ahí tenía que hacer cada semana cientos de fotos pequeñitas para dichas páginas», dice y frota sus manos, emocionado por el recuerdo.
Como un tramo, también, de mucho aprendizaje, rememora su etapa en el diario Avance, bajo la dirección de Don Luis Sánchez Arriola, otro gran maestro del periodismo. «Él me mandaba a las calles a buscar el fotoreportaje. ‘Lo vas a encontrar donde menos lo esperes’, me decía. Ahí fui afinando mi olfato. Fue don Luis quien me envió a hacer mi trabajo en helicóptero, en avioneta y aviones comerciales», recuerda y se embica la taza de café.
«Acompañé al presidente, como fotógrafo, en todas sus campañas; por la gubernatura y por la presidencia. También en el Éxodo por la Democracia. Soy, en todo el sureste mexicano, el fotoreportero con el registro fotográfico más completo de la lucha de Amlo por llegar hasta donde está hoy», dice con natural jactancia mientras se atuza el bigote.
Fundador del diario La verdad del sureste, se dice orgulloso de pertenecer a la plantilla de dicho diario desde su fundación hace 30 años. «A veces tardan para pagar pero pagan», dice entre carcajadas. Evoca, con emoción, su etapa en la Revista Grijalva bajo la dirección de Azarías Gómez González y con el equipo selecto de colaboradores como Verónica Hernández Triano, Fernando Alfonso, Pedro Zapata, Alejandro Breck y Didier García. «Fue en esa revista que, por la calidad y carácter de su director, mi amigo Azarías, que en paz descanse, dónde tuve verdadera libertad», confiesa.
En vida, Azarías Gómez, gustaba recordar los pininos del fotógrafo Rivas, cuando, en la zona Chontal, buscando la mejor toma del joven Amlo, se subió a una mata de cacao que no soportó su peso y, con tremendo estrépito, se vino abajo, estrépito que llevó al hoy presidente a suspender su discurso y pedir a la concurrencia que asistieran al imberbe fotógrafo. Se ríe ante la evocación y dice: «En la vida los barrajones son los que te enseñan, si no aprendes con eso, no vas a aprender nunca…».







