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Gilberto Méndez Espinoza: Despojarse de la máscara

Gilberto Méndez Espinoza. Escritor y poeta. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas- 1972-. Licenciado en Educación  Primaria por la Escuela Normal Lic. Manuel Larráinzar. Promotor cultural. Director del Colectivo Literario Contrapunto. Fue integrante del taller literario coordinado por el escritor Oscar Palacios.  Ha publicado los poemarios: “Remembranza azul” (2002) “Nostalgia” (2005) “Encrucijada de espejos” (2011) y los libros de cuentos “Estigmas del embrollo” (2010). “Aurora”  (2013).  “Destellos del Unicornio” (2014). “Gotas elípticas”, cuentos infantiles, (2018). Es coautor del libro “Voces desde la bruma”: Antología de cuentos. Textos suyos aparecen también en la revista Signos, Salamandra y en Memorias del  Encuentro  de  Escritores Sancristobalenses  2004, 2005, 2012. Coordinador del Encuentro Literario Esqueletos de Azúcar, que año con año se realiza en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Actualmente, detalla una novela. Compartimos parte de su trabajo:

 

Estatuilla

 

A causa de una decepción amorosa, el poema cayó en las garras de aquellos demonios que desde siglos lo acechaban; lo arrastraron hacia la zona pantanosa, entre lianas y matorrales. El poema sobrevivió, pero quedó aturdido, somnoliento, y fue preciso que guardara reposo. Entonces no escuchaba el rumor del bosque, ni el fluir del arroyo cristalino, ni el trino de los pájaros ultra celestiales. Caminaba a ciegas, como un transeúnte con vocación de zombi. De un tiempo acá, el poema sanó, se aferró a la vida y desafió a los monstruos gigantes, cíclopes guardianes de un faraón. Y a todos venció con el sable de luces multicolores. Hoy lo miro errabundo, como si padeciera amnesia o aguda esquizofrenia. En ocasiones vuelve a pelear. Sus rivales son los fantasmas que jamás pudo vencer.  A veces sale ileso, a veces más arañado que Micifuz huyendo del patio sitiado de perros, donde vive la gatita Nicol. El poema es una estatuilla en el aparador; espera el soplo mágico que lo descongele y le devuelva el pulso como en los tiempos de Liz.

 

 

Destello

 

Abro la ventana de par en par.

Tu recuerdo llega

como un destello de luna en la vereda,

como pluma al tintero de mi gutural melancolía;

lúbrico y tentador

como el beso del alba en el seno del tiempo.

¿Cómo digiero tu olvido

en esta hora congestionada de insomnio?

¿Cómo te arranco del corazón

sin lastimar la raíz de mi entendimiento?

Tu recuerdo fulgura aún en el viejo baúl.

Destila luz, pero golpea en el alma lo que un relámpago en la montaña.

 

Antes de salir a la calle

 

Moverse a la derecha,

donde pega menos el frío,

donde la palabra insinúa la caída del imperio.

Construir un muro,

pero un muro contra la indiferencia,

el orgullo y la vanidad.

Despojarse de la máscara

teñida de asombro

y emprender la marcha,  con paso firme,

hacia el camino de la libertad.

Inyectarse el antídoto contra la pereza y el miedo,

antes que el relámpago de la incertidumbre

altere las manecillas del reloj.

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