miércoles , marzo 3 2021
Home / CULTURA / Gabriela Couturier: Los caminos de la literatura

Gabriela Couturier: Los caminos de la literatura

Silvia Mallea/ Contraste Político

Si no tienes un nombre nadie te va a publicar como cuentista, es muy difícil. Escribe una novela, hazte de un nombre y una vez que tengas un nombre vemos que hacemos con los cuentos”, dijo Daniel Sada a Gabriela Couturier, quien había llevado un manojo de cuentos para que el maestro hiciera las recomendaciones pertinentes. El autor de “Casi nunca”, Premio Herralde de novela, había impartido un taller de novela a distancia del que Gabriela Couturier había formado parte. Esa tarde, en la mesa del café, la novel escritora recibiría ese consejo de parte del maestro Sada. Pasaron casi dos años, para que llegara a ella la idea de «Esa otra orfandad», su novela primera. “Se me ocurrió tal cual; principio, nudo y desenlace. Como una fruta me cayó en el regazo”, dice la escritora en conversación titulada “Los caminos de la literatura” con Gamaliel Sánchez Salinas, en la serie de charlas que realiza Querer Leer A. C.

“Mi mamá es maestra de literatura, vengo de una familia muy teatrera, mis dos tíos maternos son actores. Entonces a ella le gustaba mucho actuar lo que estaba leyendo y entonces veíamos cosas que no estaban ahí. Ella hacía voces. En fin, creo que a cualquiera que le pase eso de chiquito le va a gustar leer. Y nos dejaba picados, era un poco como Sherezada”, rememora la, también, internacionalista por El Colegio de México.

En la emotiva charla, Gabriela Couturier, evoca las lecturas en voz alta que su madre les infligía a su hermano y a ella y, en los pasajes más emocionantes, la madre interrumpía abruptamente la lectura y los mandaba a hacer sus tareas dejándolos en total suspenso, listos para la lectura del día siguiente. Tenían prohibido ver más de una hora de televisión. “Yo tuve la suerte de que siempre hubo libros a mano, entonces nunca hubo un momento en que no supiera qué leer o que no tuviera que leer. En la casa la conversación no era si estábamos leyendo, sino qué estábamos leyendo. Mi mamá, con su forma de leernos y todo lo demás, nos enseñó a leer desde muy chicos y eso también nos dio una ventaja para poder entrarle a todo lo que nos encontrábamos”, recordó ufana.

Sobre sus primeros libros, la novelista recuerda sus lecturas reiteradas de Mujercitas. Le llamaba la atención escudriñar el clásico de Louisa May Alcott para tratar de encontrar con cuál de las mujercitas se estaba identificando, pero además le llamaba la atención cómo la autora construía sus personajes; ver qué rasgos les daba para que fueran Jo y no Beth. “Los tres mosqueteros, también, los leí una y otra y otra vez. Había cosas muy raras en mi casa, había un libro de cuentos rusos que era de mi mamá de chiquita y entonces, la traducción era de los más rara y aprendí palabras raras: Un pollito que porfiaba mucho y yo decía qué será esto de porfiaba.”, recuerda nostálgica.

En su recuento de libros en su infancia, la escritora, recuerda los cuentos clásicos de Hans Christian Andersen, los de los hermanos Grimm. Sin olvidar su fascinante encuentro con la mitología griega y grecorromana; La Ilíada y el Mito de Aracne. “A Ray Bradbury lo leí muy chica y también por influencia de mi mamá que lo estaba leyendo con sus alumnos y entonces ella nos hablaba de estas historias, de «El hombre ilustrado» y cosas así. Y pesqué la literatura de ciencia ficción con una fiebre inmensa y me leí a Arthur C. Clarke, además de Bradbury”, aseveró.

Divertida, la escritora recuerda sus lecturas nocturnas debajo de las cobijas, asistida por una lamparita de mano. Una noche, su madre entró sin hacer ruido a su habitación y la pescó en aquel trance lector. Lo que le ganó un regaño y la confiscación del adminiculo luminoso. “La literatura fue todo. Creo que ahí empecé a pensar en las historias de otra manera. Me acuerdo, en Mujercitas, haber estado leyendo sobre la muerte de Beth y sentarme furiosa en mi cuarto a pensarle otro final. Cuando me bañaba, cuando estaba haciendo cualquier otra cosa, pensaba en cómo hacer para que Beth no se muriera. Me pasaba mucho con cuentos que no me gustaban por sus finales trágicos y entonces les cambiaba el final. Era yo una niña de felices finales no de tragedias”, confiesa.

Gabriela Couturier, quien antes de escribir su primera novela, estudió Administración en Harvard, cuenta que ella concebía el acto de escribir como un rapto inspirativo, que solo tenía que sentarse, con hoja de papel y pluma fuente en mano, en espera del momento preciso en que sería arrobada por la inspiración.

Pasaron años, muchos años, gracias al taller de novela impartido por Daniel Sada, para que le cayera el veinte del

Siempre un destierro; Gabriela Couturier

sentido verdadero de la escritura. Y luego, casi dos años después, como fruta en su regazo, cayera su primera novela; “Esa otra Orfandad”, publicada por Cal y Arena con Delia Juárez como editora. Gabriela Couturier, reconoce el papel fundamental de Delia Juárez, autora de “Gajes del oficio. La pasión de escribir”, quien cuidó con esmero la opera prima de la escritora y fue publicada 13 años después de haber comenzado a escribirla. Sobre su segunda novela, “Siempre un destierro”, la escritora afirmó que fue construida con recuerdos y cartas donde el exilio familiar juega un papel significativo.

“Que lean, leer es un viaje. Mucho de los que nos preguntamos nos lo responden los libros. Y si a uno le da por escribir, la única manera de hacerlo bien es leyendo mucho”, recomendó, Gabriela Couturier a manera de despedida.

Compruebe también

Mundo raro. Mis amigos

Ornán Gómez Señor K, la muerte anda haciendo de las suyas y yo tengo un ...