martes , septiembre 28 2021
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Mezquinos

Gilberto Méndez Espinoza

Amor, tú no me hubieras mentido ¿verdad? Tú nunca me hubieras enviado a ese lugar tan feo, donde se respira el aliento del mal; donde los castigos por desobedecer las reglas son crueles, inhumanos. No lo hubieras permitido. En tu corazón se vislumbran helechos fríos, pero no tanto como para abandonarme a mi suerte. Tú nunca me hubieras dejado sola, a expensas de esa jauría de hienas. Fue horrible, aterrador. Imagínate, despertar entre desconocidos, psicópatas y enfermos de lujuria, en un lugar refundido, pestilente. Unas reclusas me veían con ojos piadosos, pero otras me miraban con odio y resentimiento. Ni un pinche cigarro durante una semana, sólo por haber gritado que me sacaran de ahí. ¡Que no mamen, wey!

Si te contara lo demás, también terminarías llorando de impotencia. A nadie se le corrige a base de torturas. Me sacaron a los tres meses y se disculparon por haberme metido en ese “centro de rehabilitación”. Mi hermano confesó que lo habían hecho por mi bien, para que reflexionara y saliera recuperada de ahí. No por exprimirle más limones al agua sabe mejor la limonada. Querer enmendar la situación después de los maltratos psicológicos que recibí, no tiene nombre. Aunque estoy acostumbrada a los atropellos de la vida, no soporto que otras personas me insulten sin deberla. Dizque toqué fondo.

Unos tocan fondo mintiendo, robando a la gente y solapando actos de corrupción; y qué, ¿acaso los encarcelan? No, ahí siguen haciendo maldades. ¿Nadie entiende que el orgullo obedece a los golpes físicos y psicológicos que recibí durante la infancia? Te conozco, amor; no hubieras permitido tales agresiones hacia mi persona. Los hubieras humillado. “Tan chido que es prepararse para buscar broncas y, a la hora de los trancazos, pácatelas, los guamazos a todo lo que va. El bote es lo de menos”, así respondieras. Sé que por mí darías la vida.

Amor, ¿verdad que tus besos fueron sinceros? ¡Aun los paladeo en la comisura de mis labios! Me pegaste una vez, o dos, ya no recuerdo; pero fue culpa mía. Una mujer celosa merece un estatequieto de vez en cuando. No es que sea masoquista, pero le sentó bien a mi cuerpo esa tunda que me zampaste la última vez. A toda acción, corresponde una reacción, dice la tercera Ley de Newton. Ya sabes, tengo el hábito de la lectura. Esa parte de mí te encantaba. Cuando leía un cuento o un poema, te arrullabas en mis brazos y quedabas dormido. Chistoso, apenas guardaba silencio, ordenabas que continuara leyendo, cuando parecías dormir profundamente. En cuestión de una hora, despertabas relajado y te ibas a tus bisnes. Era feliz sabiendo que habías descansado en mis brazos y que pronto volverías. Lo genial de cada discusión es que pronto nos reconciliábamos. ¡Qué momentos tan apasionantes teníamos entonces! ¿Verdad que andabas conmigo solamente, y no tenías ojos para nadie más, como rumora la gente? No te iba a tener todos los días conmigo.

Tú necesitas tu espacio, respirar otros aires, otro ambiente, igual que la mariposa monarca o las águilas. ¿Verdad que no soy tan simple, ni presumida como suponen algunas “amigas”, por el hecho de pensar y actuar diferente a ellas? Egoísta sí, un poco. ¿Verdad que no soy envidiosa chantajista obsesiva y encajosa? ¿Verdad que no hago el ridículo, ni soy el hazmerreír de la gente? Tampoco estoy enferma. Mira, palpo mi cuerpo: nada me duele. Anoche oí a los médicos decir: “Su alma se nutre de ausencias, silencios y sueños fragmentados”. Jajajajaja. ¡Qué locos! Parecían poetas. Por cierto: ¿Serán los poetas quienes se rebelen contra Dios, por su miserable ingenio y extremada soberbia?

Amor, ¿dónde andas? ¿Verdad que volverás, que sólo desapareciste por cuestiones de trabajo? ¿Verdad que por unos billetes tú no has derrapado en las puertas del infierno, como dicen por ahí? Tú no eres malo como ese que hoy apareció en el periódico y que, según el columnista, “era una fichita buscada por la Fiscalía General de la República, la DEA y la INTERPOL”. Por cierto, es guapo y se parece a ti, y si no fuera por lo flaco del tipo, diría que eres tú. Jaguar tatuado en el brazo derecho, uno setenta de estatura, Fredy “N” alias “El chivo”, pero tú te llamas Francisco García, y no coincide con el que reportan.

De ser cierto, serías famoso; mira que salir en la portada, junto a la foto del ex Secretario de la Defensa Nacional. Ja, ¡qué disparate! ¿Verdad que tú no le haces daño a nadie? Yo tampoco. A veces entro a la cantina, pero sólo pido la moneda que en otro momento ahí mismo invertí. Suena justo, ¿no? Ups, mi estómago ruge. Es normal. El rugido desaparece si fumo de este cigarrillo alucinador. Sé lo que es dormir con el estómago vacío. A causa del hambre, sé lo que es masticar zacate en la calle, hurgar en los basureros; caminar mirando hacia abajo, con la idea de ver una moneda tirada en el suelo. También sé lo que es dormir en la intemperie. Nadie puede contarme.

Amor, Ezequiel me mira con ojos de gay enamorado. No sabe que tú eres el dueño de este corazón, y que nadie ha empañado tu imagen desde que te conocí. No, amor, a ti nadie te reemplaza. ¡Qué crees! Me puse el vestido blanco que estrenaría en la fecha que acordamos. No pude aguantarme las ganas de ponérmelo. Tantito roído por las garras del tiempo, pero conserva intacta su blancura. ¿Cómo me veo? Mis curvas y mi rostro son los de una mujer de las que esculpió Miguel Ángel, ¿verdad? ¡Oh, mira al niño Dios en el altar! ¡Qué tierno!Reverencia y una persignada, es deber de toda católica frente a una imagen sagrada.

No voy a misa desde que papá murió. Tan creyentes éramos entonces. Esa parte de mi historia ya la conoces, amor. La última vez que acudí a una iglesia, fue contigo. Recuerdo que entramos a la iglesia porque nos ganó el subconsciente. Nos sentíamos pecadores al saber que ese día consumaríamos nuestro amor, sin antes haber recibido la bendición de Dios. Frente a la Virgen de Santa Lucía, nos tomamos de la mano y en silencio juramos amarnos por toda la eternidad. Saliendo de la iglesia, me cargaste entre tus brazos y así llegamos al cuarto del hotel.

¡Cuánto amor destilamos esa noche! Bárbaro, por disfrutar plenamente nuestra luna de miel, tardamos encerrados una semana. Tenías dinero hasta para tirar en el aire. Habías hecho un trabajo especial. No pedí detalles, a pesar de que ya conocía tu historial. Sabía de tus dos fugas de los centros penitenciarios más importantes del país. Eras famoso porque apareció tu foto en la televisión. Las recalentadas que te dieron la primera vez que te reaprehendieron, lo cuentas como si las hubieras disfrutado. Todo lo sabía, pero esa vez no deseaba saber de tus últimas fechorías, ni tú de las mías.

Fue ahí donde prometiste llevarme al altar, vestida de blanco. Y ves, aquí estoy, más dispuesta que Julieta en tiempos de la Santa Inquisición. Vestido, velo y rosario; sólo me faltan las zapatillas. Aunque a ti te gustaría verme así, descalza, para que aprecies mis pies pequeños como cuando los besas cada vez que hacemos el amor.

¡Oh, tengo frío! Son las doce del día. Los ciclones son constantes en la ciudad. Ojalá, aparte de agua, trajeran noticias de ti. Supongo que sufriste algún inconveniente. Me acostaré al pie de la ventana. Estaré pendiente por si tuvieras qué entrar por acá, como las veces que perdías la llave de la puerta. Los periódicos amortiguan un poco el frío del piso. No tardes, amor.

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