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!Ojalá que sane!

Diego Fernández de Cevallos

Dónde quedaron el “no mentir, no robar y no traicionar”? ¿Y su “fuerza moral”, el “detente”, otros amuletos, el “nosotros no somos iguales” y el “hemos domado a la pandemia” (21 veces)?

En Palacio manda el covid; ahí ya nadie menciona al dedo ni al anillo; gran parte del personal ha sido penetrado por el bicho, incluido “el de arriba”, que se tuvo que acicalar “para informar a la nación”.

Ese germen patógeno (me refiero al covid) desnudó a los gobernantes y al país; pero con una diferencia: los servicios médicos que reciben nuestros próceres sí son de excelencia, “como en Dinamarca”.

Sobre las ruinas del extinto Imperio mexica, luego palacio de los virreyes, última morada de Juárez, y hoy domicilio presidencial, no faltan médicos, medicinas ni tanques de oxígeno. Igual que en las inundaciones en Tabasco: para la desgracia y la muerte, “primero los pobres”.

“El sistema de salud no ha sido rebasado y a ninguna persona se ha dejado sin atención”. Cierto, se refieren a ellos, en expresión presidencial: a los “machuchones” de hoy.

 ¿Así justifican el mural puesto por un alcalde lambiscón, en el que está López Obrador entre los difuntos que nos dieron patria?

López-Gatell, “el mejor funcionario del mundo”, primero consideró una catástrofe improbable llegar a 60 mil víctimas, ahora reconoce 160 mil (el Inegi sostiene que por lo menos son el doble); ¡a ese paso serán 10 veces más!

Sobre las reacciones al contagio del Presidente:

1) Es natural desconfiar de un gobierno sistemáticamente mentiroso; muchos mexicanos consideran que es otro truco para distraernos de la tragedia, evadir sus culpas, y que finalmente emerja el hombre fuerte que desafía cualquier adversidad para seguir sirviendo al “pueblo bueno”, a quien él “le pertenece”.

2) Eran de esperarse los chascarrillos, memes y caricaturas: hacemos chacota de todo y de todos, incluida la muerte. Por ejemplo, muchos no creen en la enfermedad del Presidente, porque éste no puede dar nada “positivo”. Así somos y así seguiremos siendo: alegres y burlones.

3) Lo que debemos rechazar enérgicamente son los comentarios envenenados y los malos deseos. Ya bastante ponzoña brota de los que se dicen “la esperanza de México”, como para pagarles con la misma moneda.

No importa si se vio torpe al caminar, tullido de un brazo o con dificultades al hablar. Eso puede no ser siquiera novedoso, lo preocupante son sus graves dislates, como decir: “la forma como hemos enfrentado al covid-19 es un ejemplo para el mundo entero”; o afirmar que “ya no hay masacres en México”, cuando la horrenda verdad y las cifras oficiales lo contradicen a diario. ¡Y éste es el que dirige las políticas públicas contra la pandemia y la matanza en el país!

Lo que todo buen gobernante debe privilegiar es su salud mental y ética.

De verdad, ¡ojalá sane!
(Publicado en Milenio).

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