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Reseña. Aquiles o El guerrillero y el asesino, Carlos Fuentes

Juan Manuel Reyes

 “Los une la historia, los une el recuerdo, los une la violencia. Por eso quieren desterrar estas tres furias y empezar de nuevo. Dicen (sueñan, piensan) que son revolucionarios y que la revolución es empezar de nuevo, darles la vuelta completa a las cosas, recobrar la promesa del origen. Aquiles duda: ¿puede empezarse de nuevo sin repetir lo que hemos decidido olvidar? No tiene respuesta. Sabe con los demás que la guerra de Colombia es la guerra del campo, la lucha por la tierra, igual que en toda América Latina. En todas partes, la tierra no es de quienes la trabajan” (pág. 66).

El festejo del nacimiento del maestro Carlos Fuentes me tomó leyendo Aquiles o El guerrillero y el asesino, esa novela publicada posterior a su muerte cuyo relato – crónica personal y ficcionada se sostiene en la biografía de Carlos Pizarro Leongómez, uno de los máximos comandantes del grupo guerrillero colombiano M-19 en los tiempos de convulsión violenta de un país atrapado en la lucha salvaje del poder político y económico entre liberales y conservadores que, como decía Jorge Gaitán Durán en la misma historia, son los ricos que asisten a los mismos clubes, viajan a París y “su única diferencia es que los liberales asisten a la misa de las siete y los conservadores, a la misa de las ocho”.

Relato que el maestro alcanzó a escribir, pero no quiso publicar hasta que el conflicto armado y el gobierno colombiano vislumbraran un horizonte de paz verdadera, explica su esposa Silvia Lemus; su muerte en el 2012 hizo imposible que la novela saliera a la luz, razón por la cual se convierte en una publicación inédita, póstuma, bajo el sello de Alfaguara y el Fondo de Cultura Económica (FCE) 2016.  Novela que inicia con el asesinato del entonces exguerrillero y político contendiente a la presidencia del país durante un viaje en avión a Barranquilla. A través de la estructura narrativa Carlos Fuentes logra su intención: priorizar el elemento temporal que permite romper el carácter lineal de la historia y entonces coloca las piezas en desorden aparente, siendo testigo presencial de la muerte de Carlos Pizarro, su Aquiles, el guerrillero y el asesino que buscaba el bien de los campesinos ultrajados por los de arriba, los ricos de siempre al amparo del poder político.

Carlos Fuentes

La novela reconstruye al personaje Aquiles que creció estableciendo con sus hermanos un pacto de uso común de los enseres, sin distinción (sólo la hermana tenía para sí cosas propias), aleccionados por un padre militar conservador pero justo y una madre educadora liberal. Su educación jesuita atizó, mediante la boca del cura Filopater, el sueño del bien común, la fe en el mundo y el derecho a rebelarse ante la violación de los derechos que ultrajan la dignidad humana, ¿Qué caminos llevan a la utopía? ¿Cuál es el germen del espíritu revolucionario? ¿Cómo se ancla el pensamiento en ideas comunistas? Carlos Pizarro termina encontrando, en la lucha y en la profundidad de la selva, a sus grandes camaradas y líderes compartidos de la revuelta popular: Diomedes, Cástor y Pelayo, todos con historias que se repiten porque comparten un común denominador: la violencia en tierras colombianas que tienen su origen en el poder económico repartido en los grandes terratenientes, el poder político (bipartidista) que sirve a intereses de la clase alta y, del otro extremo, la pobreza denigrante, el polvo de la miseria arraigada en la memoria de los desposeídos, los explotados, los que hacen que el campo se llene de cultivo y sus manos siguen vacías, sus bocas sin probar bocado digno, sólo el simple desperdicio y a veces ni eso.

Una narración que da cuenta del despojo de los bienes materiales a manos de los ricos, de las muertes de campesinos que se resisten a regalar sus tierras y la afrenta como medio legítimo para no irse de este mundo con la vergüenza de la resignación.  “No habría un solo comunista en Colombia si hubiera más escuelas, caminos y hospitales…” exclama el padre de Carlos Pizarro cuando va pedir su retiro de las filas del ejército; pero la política fue y sigue siendo entendida como un instrumento de perversión, satisfacción personal y beneficios a amigos cercanos, al servicio de la clase alta y de sometimiento a las reglas dictadas por el país anglosajón, que por esas fechas, incrementó su exacerbación a cualquier manifestación marxista.

Las vidas de los amigos guerrilleros se entretejen en esta historia, los recuerdos emergen en la espesura de la selva y las ideas insurgentes se amoldan a las acciones que parece se van postergando, no tanto para ganar tiempo, sino porque se trata de un camino sin retorno: no mates, suplica el padre al hijo estoico, cuyos hermanos han decidido seguirlo a pesar que saben el final, y en el final el destino del exguerrillero y candidato a la presidencia de Colombia se cruza con el destino del joven Kike, el niño pelón que también soñó con un porvenir glorioso, que padeció la humillación de la pobreza, que soñó con dejar las cloacas de un ciudad sangrienta y poder comprar una casa a su madre, ese amor no fue suficiente para revertir  la mala fortuna que lo condenó para siempre.

Provoquemos la lectura.

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