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La política es asunto de todos: Rodolfo Lara Lagunas

La política es asunto de todos

Rodolfo Lara Lagunas/CONTRASTE POLÍTICO

1 “El peor analfabeto es el analfabeto político. No oye, no habla, no participa de las decisiones políticas. No sabe que el costo de la vida, del pan, de los combustibles, del vestido, del zapato y de las medicinas, depende de decisiones políticas. El analfabeto político es tan imbécil que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos, que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales”. (Bertolt Brecht)

Si la actividad política mueve al mundo; si esta determina la guerra y la paz, la prosperidad y decadencia de las naciones, todos los ciudadanos y ciudadanas deberían participar en ella. Lamentablemente no ha sido así. En el pasado lo impidió por miles de años el origen divino de los gobernantes, haciendo nula la participación popular. El pueblo había nacido para callar y obedecer.

Sin embargo, después de la creación de la república que dio nacimiento a la ciudadanía, se dio un giro en la historia de los pueblos al morir las monarquías. Sin embargo, la participación popular se ha visto limitada hasta nuestros días. Y no sólo en México sino en todo el mundo.

Dos hechos lo prueban: a) el abstencionismo y b) la escasa militancia partidista. De ahí el llamado permanente de nuestro presidente de que la política es asunto de todos. Este se comparte con el principio que Juárez formuló en una carta que dirigió a diputados franceses:

Una nación sin vida política, por mucho que valga en la ciencia, el arte y la filosofía, es un rebaño humano.

En efecto, a través de la actividad política los ciudadanos tienen la oportunidad de participar y formar parte de las agrupaciones políticas que permiten elevar las condiciones de vida de la mayoría o cruzarse de brazos para mantener vivos los privilegios de una minoría.

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Aunque el abstencionismo es un fenómeno mundial lo cierto es que en nuestro país se mantiene sumamente arraigado. En parte tiene su justificación ante el uso de constantes trampas electorales que se han creado para desacreditar los procesos electorales durante la época prianista. Son famosas las urnas embarazadas, el ratón loco, el carrousell, la pérdida de urnas o el robo de las mismas, la compra de votos el día de las elecciones, la cura de votos, la desaparición de las listas nominales, etcétera. En realidad, salvo la elección de 2018, nunca hemos sabido con precisión verdaderamente cuántos votos emite la ciudadanía el día de las elecciones. Esto, repito, justifica en parte el abstencionismo.

Pero está el otro, el producto de la ignorancia. De la falta de información política, no solamente de los candidatos, sino de los principios y plataformas de cada uno de los partidos registrados. Falta una formación política. La escuela a través del civismo no forma una ciudadanía plena e informada.

En la elección de 2018 votaron por el cambio 33 millones de ciudadanos y ciudadanas; 26 millones por más de lo mismo, esto es, el PRIAN y ¡33 millones! No votaron. Si estos hubieran formado el Partido Abstencionista ¡ganan!. Como se ve, la ignorancia política permanece en un amplio sector de la sociedad. ¿No se irritan por no tener seguridad social y atención médica digna? ¿será que todos estos ciudadanos viven en el paraíso?

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Y si ya el número de abstencionistas es elevado, el problema político se incrementa al conocer las cifras de quienes militan en un partido. En el diario La Jornada (4 de septiembre de 2020) se nos informaba el número de militantes que estaban registrados en el INE: PRI, 2,065, 181; PAN, 252, 140; PRD, 1,242,411; PT, 448, 492; Partido Verde, 660,874; Movimiento Ciudadano 381, 735 y MORENA, 466, 931. Sumando la totalidad de miembros de todos los partidos nos da la cifra de 5 millones 517 mil,744 ciudadanos, lo que representa apenas el 6 por ciento del padrón. En este año se calculaba que éste era de 90 millones. Aun cuando, como en el caso de MORENA, el verdadero padrón rebasa los 3 millones, la cifra aproximada de ciudadanos y ciudadanas que están afiliados a algún partido apenas anda por el diez por ciento; cifra sumamente baja que refleja el escaso interés por formar parte de un partido político.

En la lista nominal son millones de mexicanos con derecho a votar, pero la mayoría muestran desinterés por participar en las elecciones.

La política no goza entre la ciudadanía de buena fama, en parte por la corrupción de muchos políticos. Y en parte porque a la mafia financiera que ha gozado de las riquezas mal habidas, no le conviene que los ciudadanos participen en la vida política. Por eso, a través de sus medios de información, que les pertenecen, difaman a la actividad política, promoviendo así el abstencionismo y la aversión a la vida política.

Lo cierto es que la batalla para convencer a la ciudadanía de que debe participar en la vida política debe darse todos los días. Y es que mientras en las elecciones de 2018 no votaron 33 millones en las elecciones de 2021 la cifra se elevó a 44 millones, 177 mil 457, esto es, no votó el 47.4 por ciento, casi la mitad de los ciudadanos y ciudadanas empadronados. Tenemos así una democracia débil. Urge fortalecerla. Es tarea de todos los partidos, pero más de la izquierda formar ciudadanos que se involucren en las acciones políticas. En esta acción no hay que bajar la guardia.

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En la actividad política se concreta la mentalidad colonizada, doméstica, agachona o mentalidad racional, crítica, justiciera o libertaria. Esto es, la tendencia para conservar el orden injusto, desigual y la tendencia opuesta que pretende alcanzar el cielo en la tierra, promoviendo la igualdad social y la eliminación de los privilegios. Dicho de otra manera, en la actividad política se manifiestan todas las doctrinas, ideales, proyectos, filosofías de vida, religiones, utopías, que han creado los seres humanos a lo largo de los siglos y milenios.

Todas las revoluciones, insurrecciones, movimientos sociales tienen como trasfondo un ideal social. La cuestión es ¿hacia dónde? Todo dependen del ideal que persiga el núcleo o vanguardia dirigente. Un hecho es cierto; todos los movimientos de masas constituyen síntomas de una enfermedad social y al mismo tiempo un avance en la conciencia política. Si la clase dirigente tiene la capacidad para solucionar el problema en término pacíficos y no acude a la represión, el desarrollo social sigue su curso normal. Y aquí no ha pasado nada. Lo cierto es que la mayoría de las veces, quienes tienen el poder acuden a la represión, sembrando injusticias y, promoviendo así, el crecimiento del pensamiento disidente.

Franz Canon “en Los condenados de la tierra “ nos ilustra como la represión sistemática de la policía y el ejército francés en Argelia fue el principal instrumento de concientización del pueblo africano. Por cada preso injustamente surgían nuevos rebeldes entre parientes y amigos. En México lo sabemos: toda la represión bárbara de la dictadura porfirista no pudo contener la rebeldía popular, que finalmente se levantó en armas en 1910 para dar inicio a la primera revolución del siglo veinte.  

Por ello los movimientos sociales terminan por convertirse en verdaderos actos políticos. Y por lo mismo, se les pone el sello ideológico respectivo. A mediados y fines del siglo pasado en nuestro país, cualquier movimiento o protesta fueron tachados de comunistas. Estos movimientos, en su conjunto fueron creando una conciencia antipriista que tuvo su pico en la masacre de Tlaltelolco en 1968. A partir de ahí, el priismo fue perdiendo la hegemonía que había mantenido por décadas. La prensa en lo general acusó al movimiento estudiantil, haciéndose eco del sentir del gobierno, de ser obra del comunismo internacional.

Para bien de la república todos estos movimientos- incluidos el de los profesores, médicos y ferrocarrileros-contribuyeron a acrecentar una mentalidad   crítica de izquierda. Por ello permanecen en la memoria del pueblo consciente los nombres de Rubén Jaramillo, Othón Salazar, Demetrio Vallejo, Lucio Cabañas, Genero Vázquez, Heberto Castillo, etcétera. La cosecha se dio con el triunfo que no fue reconocido del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y posteriormente con la victoria tumultuosa de Andrés Manuel López Obrador.

Por eso “la política, como afirma nuestro presidente, es asunto de todos”. Sólo los dictadores, como Porfirio Díaz afirman que es mejor “Menos política y más administración.”

5 La tecnocracia (“Los científicos” de la era neoliberal) que defiende el ideal neoliberal proclama que en el desarrollo tecnológico está la salvación de la humanidad. Absolutamente falso. Hoy, como nunca en la historia de la humanidad el desarrollo tecno-científico había avanzado tanto y ¿qué sucede? La mayoría de la población mundial vive en condiciones de pobreza y miseria extrema. ¡El uno por ciento de la humanidad vive holgadamente mientras el 99 por ciento se las ve negras para sobrevivir! Menos de cien personas poseen lo mismo que la mitad de los habitantes de la tierra en pleno auge tecnológico. Por ello Juárez está vigente: “ “Una nación sin vida política, por mucho que valga en la ciencia, el arte y la filosofía es un rebaño humano”.

Precisamente la acción presidencial de Amlo en convocar a consultas populares los asuntos prioritarios o complejos del país tienen como propósito fundamental promover la participación de la ciudadanía en los asuntos de gobierno. La vida democrática y política no se agota cada tres o seis años en los procesos electorales, ni en la elección de los representantes populares en los tres niveles de gobierno. La participación permanente del pueblo en los asuntos de gobierno contribuye no sólo a mejorar las condiciones de vida en determinadas áreas, sino además, a elevar el nivel de conciencia política de la ciudadanía. Por ello es importante la iniciativa presidencial, convertida en ley, para que el pueblo a la mitad de gobierno del jefe del ejecutivo federal decida si éste debe o no continuar.

La tarea para involucrar en vida política a los ciudadanos, como es fácil deducir, es enorme. Y no se va a concretar ni siquiera en un lustro, desgraciadamente. Será un proceso largo, complicado y difícil.

Es necesario crear y despertar ciudadanía en México para que la población tome en sus manos las decisiones importantes para su comunidad y país.

Sobre todo, porque la minoría opresora, la mafia, sigue contando con: a) los medios masivos de comunicación b) la tradición milenaria de sometimiento y conformismo en la vida política de México. c) una masa con baja escolaridad (tenemos, por ejemplo, más de cuatro millones de analfabetas, mayores de quince años). Pero el mal habrá que combatirlo con la revolución de las conciencias. No hay de otra. Y, por ello, finalmente, daremos nuestro voto al presidente que le cumple al pueblo lo que le ofreció en campaña. ¡Que siga la democracia! ¡Que siga Amlo de presidente!

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