BALANCÁN (CONTRASTE POLÍTICO).-Hay festivales que nacen para llenar una agenda de eventos y hay otros que, con el paso del tiempo, terminan convirtiéndose en una carta de presentación de un municipio. El Segundo Festival del Queso Poro parece ir por ese camino.
Lo que ocurrió este fin de semana en Balancán fue más que una exposición gastronómica. Durante tres días, el municipio reunió a 126 productores y transformadores de queso, además de artesanos, emprendedores y visitantes que encontraron en un producto tradicional un motivo para viajar, consumir y conocer una región que durante años permaneció fuera de los grandes circuitos turísticos.
No fue casualidad escuchar a productores de Chiapas reconocer que Balancán es la cuna del queso poro. Tampoco lo fue ver a familias con más de medio siglo dedicadas a esta actividad compartir espacio con jóvenes queseros que apenas cumplen un año en el mercado, pero que ya obtienen premios por la calidad de sus productos.
Esa mezcla de tradición e innovación explica buena parte del éxito del festival.
Mientras algunos conservan las recetas que heredaron de sus padres y abuelos, otros experimentan con nuevas presentaciones: queso poro con chocolate, ajo, habanero o finas hierbas. Una muestra de que las tradiciones también evolucionan cuando encuentran consumidores dispuestos a probar algo distinto.

Pero el verdadero valor del festival no está únicamente en el queso.
Está en la derrama económica que genera para hoteles, restaurantes, transportistas y comercios locales; en la posibilidad de que pequeños productores encuentren nuevos clientes; y en que Balancán empiece a posicionarse en el mapa nacional por algo distinto a sus problemas cotidianos.
El gobernador Javier May recorrió prácticamente todos los pasillos del recinto, conversó con productores, probó quesos, escuchó necesidades y recibió propuestas. Más allá del protocolo, el mensaje fue claro: cuando un producto regional logra reunir a cientos de familias alrededor de una misma actividad, deja de ser solamente un alimento para convertirse en una oportunidad de desarrollo.
Los propios productores lo resumieron mejor que cualquier discurso.
Hablaron del programa Crédito Ganadero a la Palabra, de la necesidad de fortalecer la cuenca lechera, de mejorar la calidad de la leche y de seguir impulsando la cadena de valor que beneficia tanto a ganaderos como a queseros.

Es decir, el festival también sirvió para poner sobre la mesa los retos que enfrenta una de las actividades económicas más importantes de Los Ríos.
Otro acierto fue no limitar el evento a la venta de queso. Música, cultura, gastronomía y convivencia familiar complementaron una experiencia que invita a permanecer varias horas en el recinto y, de paso, consumir productos locales.
En tiempos donde muchos municipios compiten por atraer visitantes, Balancán parece haber encontrado una fórmula sencilla pero efectiva: convertir aquello que lo hace diferente en su principal atractivo.
Si el reto del primer festival era demostrar que el queso poro podía convocar gente, el segundo dejó otra conclusión: el evento empieza a consolidarse como una marca turística para Tabasco.
Ahora viene el desafío más importante.
Mantener el impulso, fortalecer a los productores durante todo el año y lograr que el queso poro deje de ser únicamente un orgullo regional para convertirse en un referente gastronómico nacional.
Porque cuando un producto logra reunir tradición, identidad, turismo y economía, deja de ser simplemente queso.
Se convierte en una historia de desarrollo.







