CDMX (CONTRASTE POLÍTICO).-México debe activar desde ahora una respuesta institucional para anticiparse a los posibles impactos de El Niño 2026, debido a que el fenómeno climático ocurrirá en un planeta más cálido y podría incrementar riesgos relacionados con el agua, la producción de alimentos, incendios e inundaciones.
Durante el seminario “El Niño 2026: la liga con la emergencia climática global, qué esperar y cómo prepararnos”, organizado por Iniciativa Climática de México (ICM) y el Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM, especialistas y autoridades analizaron los posibles efectos del fenómeno y las capacidades que requiere el país para responder antes de que se presenten las emergencias.
El llamado central fue pasar de una reacción ante los desastres a una estrategia de prevención y adaptación climática, con información regionalizada, sistemas de alerta temprana y coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

El Niño llegará a un planeta más cálido
Durante la conferencia magistral, Andreas Fischlin, excopresidente del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) y profesor de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, explicó que El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático.
Sin embargo, advirtió que el episodio previsto para 2026 ocurrirá en un planeta considerablemente más cálido, una combinación que puede amplificar algunos riesgos asociados con eventos extremos.
Entre los impactos que podrían intensificarse se encuentran problemas de disponibilidad de agua, afectaciones a la producción de alimentos, incendios, inundaciones y otros fenómenos extremos.
El especialista destacó la importancia de considerar que el cambio climático modifica el contexto en el que actualmente se desarrollan los fenómenos naturales.
Advierten que los impactos no serán iguales en todo México
Durante el panel “El fenómeno de El Niño y su relación con el cambio climático: qué se espera este año”, especialistas de la UNAM y del Instituto Mexicano de Tecnología del Agua coincidieron en que los efectos del fenómeno no serán uniformes en todo el territorio mexicano.
Francisco Estrada, Jorge Zavala y René Lobato señalaron que las consecuencias dependerán de la región, la temporada y las condiciones preexistentes en cada territorio.

“La pregunta no es sólo si va a llover más o menos, sino dónde y cuándo se esperan los impactos”, señaló Zavala.
El investigador agregó que, ante un evento fuerte de El Niño, el fenómeno puede modificar patrones de precipitación, temperatura, ciclones, nortes y ondas de calor, por lo que la preparación debe realizarse con anticipación y tomando en cuenta las particularidades de cada región.
Agua y alimentos, entre los sectores más expuestos
Uno de los principales focos de atención durante el seminario fue la seguridad hídrica.
Fabiola Sosa, jefa del Área de Crecimiento Económico y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma Metropolitana, explicó que El Niño puede afectar diferentes etapas del ciclo del agua, desde las precipitaciones hasta la evaporación, humedad de los suelos, escurrimientos y recarga de acuíferos.
La especialista advirtió que recurrir únicamente a una mayor extracción de agua subterránea o a trasvases no garantiza el abasto en el mediano y largo plazo.
“El Niño incide en todo el ciclo del agua: no sólo en la precipitación, sino también en la evaporación, la humedad de los suelos, el escurrimiento superficial y la recarga de los acuíferos”, explicó.
También se abordaron los posibles efectos sobre la agricultura y la ganadería, sectores que pueden enfrentar tanto periodos de sequía como excesos de humedad.
Ante este escenario, los especialistas plantearon fortalecer la información agroclimática, los mecanismos de aseguramiento y los apoyos dirigidos a pequeños productores, quienes tienen menor capacidad financiera para absorber pérdidas.
Ecosistemas también forman parte de la prevención
Durante el análisis de los posibles impactos ambientales, económicos y sociales, especialistas destacaron el papel de cuencas, bosques, manglares, humedales, arrecifes y suelos como barreras naturales frente a los efectos de fenómenos climáticos extremos.
Estos ecosistemas contribuyen a regular el agua, reducir la erosión, amortiguar temperaturas y proteger a comunidades e infraestructura.
Por ello, ICM planteó que su conservación y restauración deben considerarse también como medidas de adaptación al cambio climático y reducción de riesgos.
Piden convertir la información científica en decisiones
Celia Piguerón, coordinadora general de Adaptación al Cambio Climático y Ecología del Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC), sostuvo que la preparación frente a El Niño debe formar parte de una política permanente de adaptación y no limitarse al periodo en que ocurra el fenómeno.
“La adaptación exige traducir la ciencia en política pública”, afirmó.
La funcionaria explicó que se trabaja en la transformación del antiguo Atlas Nacional de Vulnerabilidad hacia una plataforma nacional de riesgos climáticos y adaptación, con información actualizada que permita utilizar escenarios climáticos para tomar decisiones en los territorios.
México tiene capacidades, pero son desiguales
El seminario concluyó con el análisis de las capacidades actuales de prevención y respuesta ante los riesgos climáticos.
Enrique Guevara, director general del Centro Nacional de Prevención de Desastres, reconoció que México cuenta con avances en conocimiento científico, monitoreo, protección civil y sistemas de información, aunque advirtió que las capacidades no son iguales en todas las regiones.
Explicó que un fenómeno natural no necesariamente se convierte en desastre, pues sus consecuencias también dependen de la exposición, las condiciones de vulnerabilidad y las capacidades disponibles para responder.
“La preparación no comienza con el impacto, sino con la toma de decisiones a partir del día de hoy”, señaló.
Por su parte, Guillermo Pérez, director de Gestión Integral de Riesgos de Desastres y Cambio Climático de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, llamó a llevar la información climática hasta las escalas locales para convertirla en decisiones relacionadas con desarrollo urbano, vivienda, infraestructura y manejo de cuencas.
Desde el sector agroalimentario, Xóchitl Ramírez, titular de la Unidad de Innovación, Sustentabilidad y Resiliencia Climática de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, destacó el uso de información meteorológica para identificar municipios prioritarios y orientar acciones hacia productores pequeños y medianos.
ICM pide coordinación antes de la emergencia
Como conclusión del seminario, ICM planteó cinco prioridades para enfrentar los posibles impactos de El Niño 2026: establecer un mecanismo permanente de coordinación entre sectores y gobiernos; regionalizar la información y los sistemas de alerta temprana; fortalecer la respuesta en salud, agua, alimentos, ciudades, energía y ecosistemas; incorporar las diferencias de exposición y vulnerabilidad entre territorios, y vincular las medidas frente a El Niño con la política nacional de adaptación al cambio climático.
Adrián Fernández Bremauntz, director ejecutivo de ICM, advirtió que el principal reto es evitar que la respuesta dependa de medidas tomadas cuando la emergencia ya comenzó.
“El desafío es que la prevención no dependa de respuestas coyunturales. La diferencia entre gestionar un riesgo y gestionar un desastre se encuentra en la capacidad de actuar antes de que los impactos se materialicen”, concluyó.







