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Sigue suplicio de deudos de 5 fallecidos en conflagración de Refinería Olmeca

Pemex debe dar pensión que garantice educación de 4 menores huérfanos e indemnización por las muertes

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Roberto Barboza Sosa/CONTRASTE POLÍTICO.

(Fotos Agencia VR)

PARAÍSO (28 de marzo). – Las cinco víctimas mortales de la conflagración del hidrocarburo derramado en la Refinería Olmeca de Pemex en Dos Bocas, no descansarán en paz mientras a los cuatro menores huérfanos, dos viudas y el resto de las familias, hasta que se les paguen las pensiones para estudios y para sobrevivir, así como la indemnización por sus muertes que por derecho les corresponde.

Luego de la desgracia en la que fallecieron los cinco trabajadores y tras pasar sus funerales, ahora los problemas para las familias continúan por la incertidumbre de saber quién pagará los estudios y alimentación de cuatro menores que quedaron en la orfandad, y cómo sobrevivirán dos mujeres que quedaron viudas.

Todos los deudos se enfrentan al desconocimiento del trámite legal a realizar para que Pemex responda por la muerte de las cinco víctimas, pues la empresa no lo efectuará por voluntad propia; tampoco cuentan con algún familiar para dedicarse a esas gestiones, carecen de recursos económicos y la dificultad es mayor, pues cuatro de esas familias viven en comunidades rurales del municipio de Cunduacán, ubicada a 55 kilómetros de la refinería.

Ninguna autoridad municipal, estatal o federal les ha ofrecido apoyo jurídico alguno para enfrentar la situación legal que se generó con la muerte de esas cinco personas.

A los cuatro menores huérfanos hijos de dos madres solteras trabajadoras, muertas entre las llamas del producto inflamable derramado por la Refinería Olmeca de Petróleos Mexicanos, se les debe otorgar pensiones para asegurar su alimentación y estudios, claman familiares de las victimas mortales de aquel incendio registrado al amanecer del martes 17 de este marzo.

Las otras tres víctimas – dos varones y una madre soltera con planta en la Refinería– de la infernal tragedia en Dos Bocas tenían hijos mayores de edad por lo que legalmente no tienen derecho a una pensión para menores, sólo las dos esposas tienen el derecho de la pensión por viudez.

Pero, también por el fallecimiento de los cinco trabajadores y ser la culpable directa de sus muertes, a Pemex le corresponde indemnizar a los familiares por la pérdida de sus seres queridos.

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La madrugada del martes 17, en víspera de la conmemoración de la Expropiación Petrolera, por fallas en la confinación y almacenamiento de productos de la refinería de Pemex, cuatro empleados de la empresa Seguridad Privada Industrial y Protección (Grupo SIPPSA), que trabajaban en el Puerto de Dos Bocas, y una obrera operaria nivel 23, de Pemex en la Refinería Olmeca, fallecieron entre las llamas.

Los cuatro empleados –dos mujeres y dos hombres– de seguridad de SIPPSA murieron en la carretera que conduce al interior del Puerto de Dos Bocas, al ser alcanzado el vehículo por el hidrocarburo esparcido sobre el camino. La trabajadora de Pemex, murió en su área de trabajo dentro de la Refinería.

El hidrocarburo que ardió se había derramado por varios kilómetros entre el agua de la torrencial lluvia del Frente Frío 41, que azotó la noche del lunes y madrugada del trágico martes. Las precipitaciones fueron las más intensas de este año.

EL FUEGO LES IMPIDIÓ LLEGAR AL TRABAJO.

Cotidianamente, Diana Cecilia Gómez Jiménez, en la madrugada iniciaba su rutina. Salía de su domicilio en la Ranchería Libertad, Cunduacán, a las 5.00 horas de la madrugada. Allí vivía con sus dos menores y su madre.

Recorría 11 kilómetros para esperar y abordar el transporte de la empresa “Grupo SIPPSA”, en el crucero de la Ranchería Tulipán y carretera federal 187 Cárdenas-Comalcalco-Paraíso.

Esa madrugada del martes, el vehículo de Grupo SIPPSA”, conducido por el coordinador Fernando Arias de la Cruz, transportaba también a Yuliana López Ronquillo y Ezequiel Ramírez Cruz. Todos con domicilios en comunidades cercanas del municipio de Cunduacán, como La Lucha, Tierra y Libertad, y Libertad.

 

 

 

 

El turno de trabajo de los cuatro iniciaba a las 6.00 horas de la mañana. Ya habían pasado la revisión en el retén militar de Dos Bocas y estaban escasos dos kilómetros para llegar a la planta de fluidos de Baker Hughes, a la que le trabaja Grupo SIPPSA. La lumbre los envolvería mortalmente y ya no alcanzarían a llegar.

Ese día, entre los empleados a los que relevarían en la inspección y vigilancia, estaba la hermana menor de Diana Cecilia, 30 años, Carla, de 23.

Esa noche y madrugada lluviosa, Carla había estado atenta en su área de trabajo de la planta de Baker Hughes en la terminal marítima de Dos Bocas. A los terrenos del Puerto de Dos Bocas y la Refinería Olmeca, solo los separa un arroyo y avenidas perimetrales.

Carla, recuerda que alrededor de las 4.30 horas de la madrugada del martes, reportó a SIPPSA que no podría realizar su recorrido de vigilancia en los alrededores de la planta, pues se registraba una torrencial lluvia.

OLOR PENETRANTE INVADÍA LA ZONA DE DOS BOCAS

Mas tarde, le habló por celular a su hermana Diana Cecilia para saber si llegarían a relevarla. “Ya vamos para allá”, alcanzó a contestarle, esa lluviosa madrugada. Carla quería estar segura si iban a relevarle o tendría que doblar turno laboral.

Recuerda, que en la alborada, como a las 5.00 am, al abrir la caseta para realizar la limpieza, sintió un olor penetrante muy fuerte. El aroma era muy diferente al emana cotidianamente de la Refinería y al que estaba acostumbrada. Unas dos horas antes, había escuchado un ruido similar a cuando cae algo pesado.

A las 6.18 horas, cuando empezaba a aclarar, el cielo aún nublado, la zona se quedó sin energía eléctrica. Al parecer el fuego había alcanzada las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad. Aún todos ignoraban que había un peligroso incendio. En la CFE nadie contestaba.

Inmediatamente, después empezaron los rumores de que la Refinería Olmeca se estaba quemando. Sin embargo, ella vio hacia esa factoría y todo se veía normal y con el mechón principal encendido. Luego comprobó que la lumbre estaba confinada en otro punto, era en la parte de enfrente.

ASFIXIA POR EL HUMO TÓXICO CAUSA DE LA MUERTE

También, empezó a llamar reiteradamente a su supervisor Fernando Arias y a su hermana Diana Cecilia. No le contestaban y mandaban a buzón. Ella ignoraba la tragedia que había ocurrido, los cuatro empleados de Grupo SIPPSA habían muerto entre las llamas.

Foto Agencia VR
Foto Agencia VR

 

 

 

 

 

 

El reporte forense en el acta de defunción de la FGET señaló que fallecieron por asfixia por monóxido de carbono y con lesiones por quemaduras de tercer grado. Es decir el producto inflamable derramado por la Refinería Olmeca de Pemex les causó la muerte.

Carla, junto el resto de los trabajadores de las empresas establecidas en la zona de la terminal marítima fueron evacuados como medida preventiva y son trasladados a instalaciones municipales en la ciudad de Paraíso.

Antes, a las 7.25, la esposa de su supervisor le llamó para informarle que el cónyuge había fallecido; a las 9.03 am le llama otra vez que le entregaría el cuerpo en la FGET en Paraíso.

Ella empezó a afligirse y la ansiedad le invadió al desconocer el destino de su hermana Diana, de quien nadie le proporcionaba información. Finalmente, a las 10.00 horas de ese fatídico martes, estalló en crisis y tuvo que ser contenida por paramédicos de una ambulancia y le proporcionaron sedantes para calmar sus nervios.

Insistió en llamar a los celulares de Diana y Yuliana, incluso a Esequiel. Nunca le responderían. Los cuerpos de los cuatro empleados de SIPPSA y la de la obrera de Pemex, estaban en la morgue de la FGET.

Finalmente, la contactaron de la Fiscalía para que acudiera al SEMEFO en Paraíso, a donde llegó a las 11.13 horas de ese martes. Donde tenían a Yuliana y Diana, cuyos cuerpos la FGET los tenía identificados como “A” y “B”, respectivamente.

Fotos Agencia VR
Fotos Agencia VR

 

 

 

 

Todo ese día, en medio del dolor, fue de papeleo y trámite. Cerca de las 24.00 horas le entregaron a Diana y regresó sin vida a su domicilio de Libertad, Cunduacán, donde el tormento, angustia desconsuelo y tristeza se acrecentó en la mamá de Diana y sus dos menores hijos.

El novenario, apenas terminó, pero el vacío y ausencia jamás se llenarán. Apenas, el 24 de enero, había fallecido el papá, por lo que el ambiente fúnebre estaba presente y se extendió con esa tragedia.

A todo el sufrimiento, ahora se suma la preocupación de que le otorguen su pensión a sus dos niños, varón de 5 años y mujer de 12. Lo mismo ocurre con los hijos de la otra empleada fallecida, Yuliana, quien dejó en la orfandad a dos niñas menores, de 9 y 12 años.

La tragedia por culpa de la irresponsabilidad de funcionarios de la Refinería Olmeca de Pemex, enlutó a cinco hogares y viven situaciones adversas similares: el ágil pago de pensiones a los menores y viudas, así como la indemnización por las muertes de los cinco trabajadores.

ANTES DE SU MUERTE ERA FELIZ POR OBTENER SU PLANTA EN REFINERÍA

Otra de las víctimas del terrorífico fuego fue la empleada de Pemex, Lorena Medina Cuevas, quien apenas tres años antes, el mismo lapso de operación de la Refinería, había obtenido su planta en la paraestatal, luego de años de laborar como obrera transitoria en la Refinería de Minatitlán, Veracruz.

Madre soltera, con hijos mayores de edad y nietos, a sus 53 años había aceptado venirse a residir a Paraíso, a cambio de su planta en la Refinería Olmeca, que alcanzó a disfrutar tres años para regresar a su tierra para ser enterrada a sus 56 años.

El fuego que le arrancó la vida llegó hasta donde laboraba como operaria en el área de afluentes, el día de su última guardia de la semana.

Fotos Agencia VR
Fotos Agencia VR

 

 

 

 

La conflagración en el predio 1 de almacenamiento de hidrocarburo de la refinería, sólo la afectó a ella del resto de trabajadores de Pemex en ese complejo industrial de transformación del hidrocarburo.

Su hija, Viridiana Martínez Medina, relata el pesaroso trance del día que se enteró del fallecimiento de su progenitora:

“Una amiga de ella me dijo que hubo incendio y que no la encontraban. En ese momento le dije a mi esposo vámonos, porque mi mamá no aparece. En todo el camino (Minatitlán-Paraíso) tenía la esperanza de que no fuera ella, que fuera otra persona, pero a mitad de camino me comenzaron a hablar amigos, personal de recursos humanos y de Pemex, y me empezaron a dar el pésame”, recuerda.

Al llegar a Dos Bocas, le esperaban las autoridades y personal de Pemex, quienes confirmaron lo que las llamadas por teléfono le anticiparon. El día de la tragedia, Lorena concluía su turno y le dijo a una compañera que desayunaran juntas al día siguiente, ya no pudo.

Fueron tres días después, jueves 19, cuando el féretro con el cuerpo de doña Lorena arribó a su vivienda número 33 de la calle Francisco Villa, colonia El Palmar de Minatitlán, Veracruz.

Entre rezos, llantos y tristeza fue sepultada ese mismo día en el panteón municipal. Apenas tres años antes había ascendido de nivel 19 a 23 en la escala laboral de Pemex.

Primero la velamos en Tabasco, por un rato, donde sus compañeros se despidieron allá de ella; todo mundo se expresa muy bien de ella, ella siempre fue una persona que lo poco o mucho que tuviera siempre compartía con los demás, si podía ayudaba; realmente todos sus compañeros llegaron y hablaron muy bien de ella”, narró su hija.

“Duele mucho por la forma en que murió, además de que siempre ha sido una gran madre, pero mejor abuela, de hecho, con mi hijo, que era su nieto mayor, siempre fue una gran abuela, y los quería mucho”, exclama Viridiana.

“La verdad desde que quedó de planta, disfruto esos tres años como no te imaginas, quizá ese es nuestro consuelo, que logró cumplir su sueño de trabajar de planta y salir adelante”.

 

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