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De la fe al descontrol: la Enrama que Ovidio Peralta dejó convertir en cantina

Exhiben a Ovidio Peralta por convertir la Enrama en cantina

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COMALCALCO (CONTRASTE POLÍTICO).-Lo que durante años fue una de las tradiciones religiosas más emblemáticas de Comalcalco hoy enfrenta una crisis de identidad, excesos y desorden. La Enrama de San Isidro Labrador dejó de ser vista únicamente como una celebración de fe y terminó convertida, para muchos ciudadanos, en una gigantesca cantina pública tolerada por las autoridades municipales encabezadas por su alcalde Ovidio Peralta Suárez.

La señal más grave vino desde la propia Iglesia católica. El vocero de la Diócesis de Tabasco, el padre Denis Ochoa Vidal, confirmó públicamente que la parroquia decidió deslindarse de la organización de la famosa enrama debido a los excesos de alcohol, pleitos y desórdenes que cada año terminan exhibiéndose en redes sociales.

Y no fue una declaración menor.

El sacerdote señaló que la Iglesia ya realiza otra celebración distinta porque la actual Enrama popular “ya no es religiosa”. Incluso advirtió que no pueden utilizar la fe como pretexto para promover desórdenes ni el consumo desmedido de alcohol.

El problema ya rebasó lo religioso y entró al terreno político.

Porque mientras la Diócesis toma distancia para proteger el sentido espiritual de la festividad, el Ayuntamiento de Comalcalco parece cómodo permitiendo que la celebración derive en borracheras masivas, riñas y escenas que poco tienen que ver con San Isidro Labrador.

Las imágenes que circularon durante las reciente edición de la Enrama muestran personas alcoholizadas, disturbios y un ambiente que muchos habitantes consideran fuera de control. Y aunque el alcalde Ovidio Peralta Suarez salió a pedir “evitar excesos”, la realidad es que su gobierno no logró impedir que la festividad volviera a convertirse en un escaparate de desorden.

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La crítica social crece porque muchos ciudadanos consideran que el municipio normalizó el abuso del alcohol bajo el disfraz de tradición popular.

El punto más delicado es que la autoridad municipal parece haber renunciado a poner límites claros. En lugar de rescatar el sentido cultural y religioso del evento, terminó tolerando un ambiente que incluso la propia Iglesia decidió rechazar públicamente.

Hoy mientras la iglesia católica se deslindó de su evento religioso, el Ayuntamiento que encabeza Ovidio Peralta Suárez se quedó solo sosteniendo un evento cada vez más señalado por excesos.

Porque una cosa es preservar las costumbres populares y otra muy distinta permitir que se degraden frente a todos sin autoridad, regulación ni rumbo.

 

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