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Cuando el campo deja de tener patrones en Tabasco

Por Josué Ramírez

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MACUSPANA (CONTRASTE POLÍTICO).-Durante décadas, miles de jóvenes crecieron en el campo tabasqueño aprendiendo un oficio que nunca pudieron hacer suyo.

Sabían ordeñar, atender un parto, reconocer una buena res por su conformación o distinguir cuándo una vaca estaba preñada. Tenían experiencia, pero no patrimonio. Trabajaban para otros mientras esperaban que algún día llegara la oportunidad de tener unas cuantas cabezas de ganado propias.

José del Carmen Hernández representa esa historia.

Tiene apenas 22 años, pero acumula siete trabajando entre corrales. Conoce la ganadería porque la aprendió desde abajo, como peón, observando, equivocándose y adquiriendo experiencia. Lo único que le faltaba era dejar de depender de un patrón.

Por eso su historia trasciende la entrega de 10 novillonas y un semental del programa Crédito Ganadero a la Palabra.

Lo que realmente recibe es la posibilidad de construir un patrimonio.

Y ahí es donde aparece el fondo político del programa impulsado por el gobernador Javier May Rodríguez.

Durante muchos años, los apoyos al campo fueron criticados porque terminaban convertidos en subsidios temporales, sin modificar las condiciones de vida de los productores. La apuesta ahora parece distinta: entregar activos productivos que puedan multiplicarse con el tiempo y convertirse en una fuente permanente de ingresos.

La diferencia es importante.

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Un apoyo económico se agota.

Un hato ganadero bien manejado puede crecer durante años.

Pero el verdadero acierto del programa no está únicamente en la entrega de animales.

Está en el perfil de quienes los reciben.

Que un joven de poco más de veinte años decida quedarse en el campo, en lugar de migrar a una ciudad o buscar empleo fuera del estado, representa uno de los mayores desafíos para Tabasco.

El relevo generacional en la ganadería mexicana se ha convertido en un problema silencioso. Muchos hijos de productores ya no quieren quedarse porque ven pocas oportunidades para desarrollarse.

Si esa tendencia continúa, el campo terminará envejeciendo.

Por eso programas como Crédito Ganadero a la Palabra pueden tener un impacto mayor al que reflejan las cifras oficiales.

No solamente fortalecen la producción pecuaria. También envían un mensaje a una generación que durante mucho tiempo creyó que el éxito únicamente estaba fuera de las comunidades rurales.

Claro que entregar ganado no garantiza, por sí solo, el éxito.

Será indispensable mantener el acompañamiento técnico, la atención veterinaria, la capacitación y el seguimiento para que esos pequeños productores logren consolidar verdaderas unidades de producción y no solamente reciban un beneficio temporal.

Ahí estará la verdadera evaluación del programa.

Sin embargo, la historia de José del Carmen deja una enseñanza política importante.

Cuando una política pública consigue que un joven deje de soñar con trabajar para alguien más y empiece a pensar en convertirse en empresario de su propio rancho, el Estado deja de repartir apoyos y comienza a construir oportunidades.

Quizá por eso la frase más importante de esta historia no fue pronunciada por un funcionario, sino por un muchacho que conoce el peso del trabajo bajo el sol.

«Ya cambió mi vida porque esto va a ser el sustento de mi día a día».

Si ese sentimiento logra repetirse en cientos de productores, entonces el mayor logro del programa no será haber entregado ganado.

Será haber devuelto la esperanza de que en el campo tabasqueño todavía es posible prosperar trabajando la tierra y criando el patrimonio propio.

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