OPINIÓN

#MundoRaro Revelación de sus miedos

Ornán Goméz y #SeñorK

Revelación de sus miedos
Ornán Gómez/Contraste Político

#SeñorK:

Mi hermano y yo no llamamos a cada rato o hacemos lo posible para organizar fiestas o cosas por el estilo. Sabe que no soy partidario de eso. Nuestro cariño lo mostramos desde el silencio. Nos llamamos de vez en cuando o cuando sabe que tengo algún problema. Me da ánimos y está pendiente. Si puedo solo, deja que me enrede y desenrede.

De niños éramos inseparables. Íbamos juntos a todas partes. Jugábamos juntos. Mentíamos juntos. Robábamos monedas a nuestra madre y ninguno rajaba. Dormíamos juntos. Hablamos de nuestras cosas y parecía que todo sería así, hasta que mi padre nos propuso irnos con él. Mi hermano dijo que no y yo no resistí las ofertas que mi padre hiciera. Así que abandoné a mi hermano y mi madre. Cuando viajaba con papá, sentí que había tomado la primera mala decisión de mi vida.

Años después, cuando volví con ellos, yo era callado y empecé a buscar la compañía de otros amigos. Me perdía en la ciudad y volvía hasta días después, mientras que mi hermano consolaba a mamá. Mi hermano nunca me llamó la atención. No dijo, Deja esas amistades porque te irá mal. Dejó que me embarrara en lo que yo creía era mi rebeldía. Estuve en hospitales y cárceles y él estuvo siempre a mi lado. Gracias a esa actitud, goza de toda la confianza de mi madre y de mi familia. De niño era noble y muy centrado, dice mamá. Era humilde, mientras que yo un desmadre.

Él y yo empezamos a caminar por rumbos distintos. Cada quien empezó a hacerse su propia historia en este mundo. Aún así, siempre está pendiente de mí porque sabe no tengo sosiego.

Cuando hablo con mamá, pregunto por él. Cómo está mi hermano. Ahí anda, en su trabajo. Y con eso me deja tranquilo. Sé que está bien y ahí dejo el asunto porque sigo siendo un solitario.

Le cuento esto porque anoche, antes de dormir, mi hermano llamó y yo sentí que mi corazón palpitaba más aprisa. ¿Pasó algo? ¿Mamá está bien? Cómo estás, preguntó. Bien, respondí con la sensación de que una piedra aplastaba mi pecho. ¿Están bien?, solté para deshacerme de la piedra imaginaria. Sí, dijo. Todo en orden. ¿Dónde estás?, preguntó. En mi casa. ¿Ya cenaste? Sí. ¿Quién te cocina? Yo, respondí. Se quedó en silencio como imaginándome aplastado por el silencio y la oscuridad de la noche. Luego habló de la pandemia y nos deseamos buenas noches. Antes de acostarme pensé en lo extraño de la llamada.

No me dormí porque seguí leyendo Tres ataúdes blancos de Antonio Ungar. Cuando terminé, me dio por llorar porque el final de la novela es emotivo. No lo hice. Me acosté y me dormí. Hoy, cuando desperté y encendí el celular, leí un mensaje de mamá.

Hijo, ¿estás bien? Te soñé muy feo y desperté. Escribió a las doce de la noche cuando yo estaba dormido. Mi madre tiene la costumbre de contarnos sus sueños porque es la manera como aleja los malos presagios. Respondí que todo estaba en orden y que la amaba. Minutos después llamó. Soñé que un amigo tuyo te acuchillaba. Yo miraba desde un lugar alto porque te estaba esperando. Vi que venías con alguien. Bajaron por una vereda, pero ya no subieron. Cuando bajé a ver qué pasaba, te estabas desangrando. Por favor, cuídate mucho. No te preocupes, mamá. Hablamos luego, me despedí.

No quise decirle que soñé a unas personas que me seguían para desaparecerme. Iban armados y venían montados en camionetas cuatro por cuatro. Los motores rugían tras de mí, mientras yo corría para perderlos de vista. Cuando iban a dispararme, desperté.

Pienso que todo tiene una explicación. Mi sueño se debió porque Tres ataúdes blancos me afectó. Me dormí pensando en el personaje que, antes de asesinarlo, lo persiguen como animal. El sueño de mi madre porque desde hace días se la pasa llamándome y preguntando cómo estoy. Es una revelación de sus miedos. Y mi hermano, cuando salía del trabajo, pensó en que vivo solo y quiso hacerme compañía con una llamada.

Sin embargo, después de la llamada de mamá, leí “Videollamada” de Rafael Pérez Gay, un relato que publica en Milenio. El Texto desborda nostalgia porque habla de la mamá muerta. Cuando lo leí, asocié la llamada de mi hermano, mi sueño, el sueño de mamá y sentí que el destino, pese a mi razonamiento, estaba tratando de comunicarme algo.

Botón volver arriba
Cerrar