Gamaliel Sánchez Salinas/CONTRASTE POLÍTICO

VILLAHERMOSA.- Aquella tarde, Jorge Miguel Cocom Pech, se aburrió de traducir el deteriorado Chilan Balam de Tusik, encomienda que le había conferido el Centro de Investigaciones Filológicas de la UNAM y el gobierno de Quintana Roo.

Dejó a un lado ese trabajo y procedió a la traducción del Maya al español de unos relatos que había escrito sobre su infancia y su relación con el abuelo. En esas estaba, cuando sintió la presencia de alguien a sus espaldas. Volteó y vio a Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva, coordinadora del Centro de Estudios Mayas, quien observaba su escribir y le dijo: “Ese fragmento es muy bonito, Jorge. Me gustaría leerlo cuando lo termines”.

Cocom Pech le respondió que eran más de cincuenta páginas, pero que le mandaría, en cuanto lo terminara, ese relato que era de diez. Una vez terminado le mandó la versión en español y olvidado de todo, continuo la traducción del Chilan Balam.

Una mañana fue llamado a las oficinas de la coordinadora, Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva. “Jorge, fíjate que ese relato que me diste; ‘La prueba del aire, la prueba del sueño’, le gustó mucho a la directora del Centro de Estudios de Investigaciones Filológicas y me dijo que, próximamente, en Casa Lamm vamos a hablar de mitologías. La directora te invita a que, después de presentar las ponencias, leas tu texto”, le dijo.

El día del evento, vestido de punta en blanco y muy nervioso, Jorge Cocom llegó a la Casa Lamm, ese centro de cultura “reconocido por ser una institución educativa de alto nivel, orientada principalmente a estudios de historia del arte, literatura e historia”. Los científicos sociales, solemnes, disertaron sus ponencias.

Al final, Jorge Miguel, leyó su relato. Terminó y los presentes se mostraron más interesados en su literatura que en los reportes científicos asentados en las ponencias. Alguien le preguntó si tenía libro publicado, que era algo digno de leer. Otro, diligente, tomó sus hojas y fue a una copiadora y reprodujo una treintena de tantos de su relato que repartió a una concurrencia frenética.

En el auditorio se encontraba Alfonso Dalal quien se dirigió a él y le dijo: “Don Jorge, nos gusta mucho su texto, nos permite publicarlo en las páginas de la Revista de la Universidad”. Aceptó, gratamente sorprendido.

“Oye, Jorge, ¿por qué no escribes muchas historias y haces un libro? Aquí te lo publicamos”, sugirió Ana Luisa Izquierdo y de la Cueva, días después mientras revisaba los avances del Chilan Balam de Tusik que Cocom Pech reportaba. No le pareció mala idea, al contrario. Y viajó a Calkiní, Campeche a recuperar aquella libreta donde había registrado las ceremonias y rituales del proceso iniciático vivido con su abuelo materno, legado que había trascendido once generaciones. Fueron seis los relatos recuperados de sus reminiscencias infantiles con el abuelo.

Cuando hubo terminado el libro se presentó ante Ana Luisa Izquierdo, blandiendo gozoso su engargolado. “Oye, Jorge, pero para que te lo publiquemos aquí, tienen que dictaminar. Y mínimo va a durar dos años porque hay una cola de los que publican”, fue la respuesta. La burocracia hacía acto de presencia. Optimista, se olvidó del asunto.

Un día regresó para saber como iba el proceso. Ya habían mandado su libro a dictamen, sería dictaminado por Miguel León Portilla, Jorge De la Serna y Karl Lenkersdolf. Su descubridora, Izquierdo y de la Cueva, le comentó que cuando le entregaron el manuscrito a León Portilla, este dijo: “Si me gustan las primeras cinco páginas lo dictamino y, si me animo, les escribo el prólogo. Si no me gusta después de cinco páginas ni vuelvan a preguntar por él”.

Tres meses después se enteraría que De la Serna y Lenkersdolf ya habían enviado positiva opinión, excepto el autor de “La visión de los vencidos”; Miguel León Portilla. Pasaron ocho meses y regresó a pedir noticias. Nada encontró y entonces todo lo dio por perdido. Una mañana, mientras degustaba el primer café del día en su casa, Ana Izquierdo le llamó por teléfono. “Jorge, tienes buena suerte, te voy a dar una buena noticia: el doctor León Portilla no sólo dictaminó tu libro, sino que escribió el prólogo”, le dijo entusiasmada.

Así vio la luz “El Abuelo Gregorio” o “Secretos del abuelo” libro escrito en maya y español, que ha sido traducido en fragmentos al inglés, vasco, náhuatl, zapoteco, ñahñauh, mizteco, tojolabal. Y de manera íntegra; al francés, italiano, alemán, ruso, eslovenio, rumano, portugués. La más reciente al japonés, al cuidado del editor Shigueto Joshida. “Jorge nos quiso tomar el pelo. Este conjunto de relatos es una novela, una novela corta juvenil”, ha dicho sobre el libro, Oscar Ortega Arango, crítico literario colombiano, radicado en México.

“…es el pájaro guía en el monte. A través de su canto nunca perderás el camino de tu vida. Si te fijas bien, la terminación de su nombre se parece al último sonido de tu apellido paterno; además, el amarillo oro, dominante en el plumaje de las yuyas (oropéndolas) que acompañaban al pájaro Nom cuando éste emitía su canto, es el color que te servirá para atraer la buena suerte. Pero tu pájaro protector, ahora que eres niño, será el pequeño colibrí, que significa la dulzura, no por su canto, sino porque su corazón representa el cariño entre los hombres y las mujeres”, instruyó el abuelo Gregorio al pequeño Miguel.

Jorge Miguel Cocom Pech, personaje principal de este relato es hablante de la lengua maya peninsular y estuvo en animada charla; La casa de mi alma, invitado por Querer Leer A.C. y El Comité Regional CONALMEX-UNESCO, este sábado 24, gracias a la magia de la tecnología: Facebook live.

Cocom Pech, platicó sobre su encuentro con la lectura, sus inicios en la escritura y su consolidación como escritor. “Primero, antes de leer, fui un gran escucha. Los abuelos, nuestros mayores, nos platicaban relatos, leyendas y con eso nos entretenían. En la época de la canícula, cuando hace un calor infernal, nos metíamos a unas cuevas para hacer artesanías. Ahí, bien lo recuerdo, doña Mila Puc, una vecina que vivía por la calle 16, casi enfrente de Loli Pat, empezó a relatarnos cuentos, historias que después yo me encontré en el Popol Vuh. En nuestra tradición el Popol Vuh estaba en la oralidad”, evocó alegre.

Cocom Pech, afirma, que cuando se fue dando cuenta que lo que platicaba doña Mila estaba en el Popul Vuh, descubrió que ellos lo tenían de manera viva. “Antes de ser lectores, nuestros mayores nos escribieron las historias, las leyendas en los oídos”, agrega. Rememora sus días en la primaria y sus primeras lecturas en el libro “La nueva senda”. Luego, ya en sexto grado, “Cultura y espíritu” de Fernández Editores.

En la secundaria, recuerda quien ha sido merecedor del Gran Premio Internacional de Poesía 2005, otorgado por la Academia Oriente – Occidente de Rumanía, llevábamos un libro de español, ese lo escribió Rosario María Gutiérrez Eskildsen. En ese libro había dos cosas que nunca se me olvidaron; el poema Ternura, escrito por Gabriela Mistral, premio Nobel chilena.

EL MAESTRO LORO DEL BOSQUE

Y una historia, también, de un maestro que daba clases en las montañas del sur de México. Ese maestro tenía un loro que lo acompañaba todos los días a dar clases, a la hora de recreo el maestro le abría la jaula, cuando volvían de recreo, él volvía a la jaula. Pero un día el loro salió como siempre, hubo un escándalo afuera, los chamacos estaban peleándose, cuando salió el maestro, el loro probó sus alas y se fue; voló.

La historia del perico culmina, de acuerdo al relato del maestro Jorge Miguel, cuando aquel profesor dueño del loro fugitivo, pasó por un bosque y escuchó un repaso de vocales. Grande fue su sorpresa al descubrir que era su cotorro quien, siguiendo su ejemplo, enseñaba a los loros del bosque. “Estas lecturas me ayudaron mucho, para que más adelante me hiciera lector”, confiesa.

En su amena charla, Jorge Miguel Cocom Pech, quien en el año 2016 recibiera el Premio de Literaturas Indígenas de América, otorgado por la FIL de Guadalajara, cuenta: “Mi hermana, que estudiaba en Tlaxcala, traía unos libritos, Populibros La Prensa, era la editorial. Valían un peso o dos pesos los libros. Y llevó uno que se llama ‘La virgen de los cristeros’, del autor Fernando Robles, es una novela encantadora, y entonces llevó otro libro ‘Una mexicana en la revolución de España, luego “’El combatiente del Pacifico’, ‘La vida de las hormigas’ de Maeterlinck y otras cosas que fui leyendo.

Eso despertó en mí el amor por la lectura. Cuando acabé de leer ‘La virgen de los cristeros’, yo dije: Voy a ser escritor”. A los 16 años, en el número 2 de la revista Gaceta, que dirigía el maestro Rafael Briceño Padilla, en su natal Calkiní, publicó su primer artículo, corrían los días de junio del 68.

Cocom Pech, autor de otros libros como “Lagrimas de oro” y “La ética del perro” se despidió con emotivo mensaje al auditorio joven que estaba presente. “Lo primero que les voy a decir es que la cultura abre puertas. No dejen de estudiar. Un pueblo se libera cuando tiene gente que estudia. La independencia política pasa por la independencia económica, pero también intermedia la cultura y la dignidad. Eso es lo importante. Si tu padre te puede dar para una carrera corta, eso es suficiente para salir adelante. Sean felices; la felicidad no se adquiere en la universidad, ni en la farmacia, ni en Wallmart. La felicidad es una manera de ser y es lo más importante. Sean felices; y eso se logra con el perdón, con el compañerismo, con la solidaridad. Yo nací para sembrar letras no para ser agricultor.»

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