Arnoldo Kissinger/CONTRASTE POLÍTICO.

VILLAHERMOSA.- Molestia ha causado entre un sector de la comunidad cultural tabasqueña el trapecismo político acaecido hoy. En un estado al que la inundación, la pandemia y la inutilidad en su gobernanza, lo tienen al borde del desastre, indigna el chapulineo de políticos de pacotilla.

Francisco Payró, poeta y ensayista, escribiría en su cuenta de Facebook:
«Debería haber una ley que obligue a cualquier funcionario público –estatal o federal– a permanecer en su puesto hasta cumplir (o demostrar capacidad) en el desempeño de las tareas para las que fue designado».

Para el también autor de Mansalva, blog de literatura, las renuncias, los enroques y las maniobras con claras motivaciones políticas para lo único que sirven es para abonar la reinvención cortoplacista, y onerosa, de las instituciones públicas.

Su publicación tuvo resonancia. Norma Domínguez de Dios, promotora cultural, comentó: «Para qué aceptan un puesto tan importante si lo van a dejar tirado sin llegar siquiera a la mitad del sexenio». Acompañó su comentario de un icono de infinita tristeza.

Ahí mismo, Ruth Aguirre escritora de literatura infantil y juvenil, resignada, escribió: «Estamos en México, especificamente en Tabasco, Francisco. Mira cómo se encuentran la capital y sus municipios.»

A esto, José Raúl Lamoyi, joven escritor, propuso: «Es la razón por la que nos corresponde, como sociedad, involucrarnos más en las cuestiones políticas. Ya no se vale decir que así es Tabasco, o México.»

Cuauhtémoc Cuellar Escamilla, crítico de cine, atribuyó estos actos de trapecismo de la clase política a la desmesurada ambición que reviste a dicha clase. «Es una pena ver cómo a sus muy respetables años no aprenden a ser juiciosos…», escribió sarcástico.

En otra cuenta, del periodista, fotógrafo y ecologista Francisco Cubas Jiménez, este publicó: «Ya es costumbre en todas partes que funcionarios estatales dejen tirados los cargos para ser candidatos a medio sexenio». Y, como Francisco Payró, urgió una reforma de ley que impida a miembros del gabinete a participar en elecciones intermedias, ni con renuncia de por medio.

José Ramón Rodríguez Briones, pintor, comentó con ironía: «Pues yo agradecido con el gobernador por decirme por quién NO debo votar , para qué hacerlo , para que dejen la chamba otra vez botada?». El artista plástico considera un cuento el discurso de los políticos dónde para justificar sus actos dicen van a servir a otra trinchera.

Cómo pura rotación burocrática y sin sentido, la calificó el sociólogo, Rodolfo Uribe, afirmando: «igual que cuando el gran partido único. Pero cualquier historiador te explica que cambió el partido, no las personas. Eso ya lo decía Canudas del siglo XX.

También, desde su cuenta personal, Gudelia Delgado, feminista y promotora cultural, en un amplio post titulado; «Más agua que conciencia: Tabasco y sus alegorías», culminó: «Si de alegorías se trata, en este trasatlántico llamado Tabasco, los trepadores profesionales de la política viajan en primera clase y tienen asegurados los botes salvavidas, mientras que el pueblo, el pueblo es la orquesta del Titanic»,

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