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Un cerdo, un cayuco y una idea de gobierno

Por Josué Ramírez

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VILLAHERMOSA (CONTRASTE POLÍTICO).-En Tabasco, la crianza de cerdos nunca ha sido un negocio de grandes empresarios. Históricamente ha sido el ahorro de las familias más humildes.

Durante décadas, en comunidades rurales, rancherías y poblados, un cerdo en el patio ha significado la posibilidad de enfrentar una enfermedad, pagar útiles escolares, comprar medicamentos o resolver una emergencia económica. Para miles de familias tabasqueñas, el patrimonio no estaba en una cuenta bancaria, sino en los animales que criaban junto a su hogar.

 

Por eso vale la pena observar con atención programas como Crédito Porcino a la Palabra que impulsa el gobernador de Tabasco Javier May Rodríguez . Más allá de los números, de las metas institucionales o de los discursos sobre soberanía alimentaria, el programa toca una realidad que muchos conocen de primera mano: cuando se apoya a una mujer para criar cerdos, se fortalece la economía de toda una familia.

No es casualidad que el programa esté dirigido principalmente a mujeres. En los hogares tabasqueños son ellas quienes administran el gasto diario, quienes hacen rendir el dinero y quienes históricamente han estado al frente de los proyectos productivos familiares de pequeña escala.

La apuesta tiene además una dimensión social que pocas veces se destaca. No se trata únicamente de entregar animales. Se trata de devolver capacidad productiva a personas que durante años quedaron fuera de los grandes programas de desarrollo y que difícilmente tienen acceso a créditos bancarios o financiamientos tradicionales.

Algo similar ocurre con la entrega de cayucos a pescadores libres. Para quienes viven lejos de las comunidades ribereñas puede parecer una herramienta sencilla. Sin embargo, para muchas familias representa la diferencia entre poder trabajar o no hacerlo. Un cayuco sirve para pescar, pero también para cruzar un río, llevar a los hijos a la escuela, trasladar a un enfermo o conectar comunidades enteras donde el agua sigue siendo la principal vía de comunicación.

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El valor de estos programas radica precisamente en que llegan a quienes normalmente no aparecen en las estadísticas económicas ni en los grandes proyectos de inversión. Llegan a la mujer que cría animales en el traspatio, al pescador que sale cada madrugada a buscar el sustento diario y a familias que dependen de actividades productivas de pequeña escala para sobrevivir.

La verdadera medida de su éxito no será el número de constancias entregadas ni la cantidad de cayucos distribuidos. El éxito se medirá en la mesa de las familias que logren mejorar sus ingresos, en los hogares que tengan mayor seguridad alimentaria y en las comunidades que recuperen oportunidades para salir adelante por su propio esfuerzo.

Porque en Tabasco, muchas veces, un cerdo no es solamente un animal de crianza. Es esperanza, patrimonio y futuro.

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