VILLAHERMOSA, Tab., (CONTRASTE POLÍTICO).- “Me acuerdo que reprobaba los exámenes. No entendía el mundo. Me acuerdo que me decían: lee tal cosa, de los libros de texto, y yo hacía una lectura tan confusa, tan enloquecida. Me quedaba con tan poco, porque todavía no se había armado en mi cerebro ese registro narrativo que de pronto te devela una causalidad del universo”, dice con actitud animosa, Ana Clavel, una de las escritoras más potentes de México en la actualidad.

En la charla titulada “A la sombra de los deseos en flor”, organizada por el Comité Regional CONALMEX-UNESCO y Querer leer A. C., Ana Clavel, ganadora del Premio Nacional de Cuento «Gilberto Owen», relata que como a los diez años, en la primaria, cursando el quinto año, a su maestra que era tremenda y ella le tenía terror, se le ocurrió un intercambio de libros.

Ana, que por su edad no sabía que existían las librerías, fue a la papelería más cercana. “Y en esa papelería, creo que más grande que las otras, había un carrusel de libros en un enrejado metálico y ahí yo había visto libros con portadas hermosas, me acuerdo mucho de Belleza Azabache, Los Pasquines de Plata, esas historias atractivas. De pronto nada más estaba disponible ‘La vuelta al mundo en ochenta días’”, rememora la autora de ‘Las violetas son flores del deseo’.

La escritora confesó que le defraudó haber encontrado sólo el libro de Julio Verne, ella quería a Heidi, historia más a tono con el universo que ella traía; cuentos de hadas, de princesas y príncipes, universo que Disney le proporcionaba. Sin embargo, “La vuelta al mundo en ochenta días”, la atrapó y en una sola tarde leyó como 120 páginas.

“Me envolvió, me absorbió, me llevó a otros universos y me pasó lo que dice Orhan Pamuk que le sucedió: abrió un libro y su vida cambió, eso fue lo que me sucedió a mí. Empecé la historia y me subí al globo aerostático, a la locomotora, a la diligencia, a espaldas del mamut, y fui haciendo ese recorrido y descubriendo esos universos que solamente la imaginación te puede proporcionar y la verdad que fue todo un tesoro”, asegura.

Ana refiere que siendo pequeña sufrió la pérdida de su padre y ese quebranto era para ella doloroso. Así lo define: “Y bueno, esa muerte que de pronto puede sonar literaria yo la experimenté como una gran perdida, mi cabeza no estaba en su lugar”. Empero, cuando leyó la novela de Julio Verne descubrió que, a pesar del duelo que llevaba consigo, gracias a la imaginación literaria, ella era feliz.

“Después de ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ empecé una carrera como de conejo lampareado. Leí a ‘Juan Salvador Gaviota’, a Lobsang Rampa y de ahí di un brinco, gracias a los primeros semestres en preparatoria, a ‘Muerte en Venecia’, a ‘El llano en llamas’, a Hermann Hesse. Y entonces el universo se va ampliando, y la felicidad que esto me producía. Pese a que, a veces, las historias eran tristes, cómo la ‘Muerte en Venecia’, me iban llenando el horizonte de registros verbales que me fueron alimentando el alma”.

La escritora asegura que su trabajo y su búsqueda han tenido que ver mucho con sus deseos, pero sobre todo tienen que ver con rellenar ese vacío que dejó la muerte de su padre.

“El asunto de la escritura, en mi caso, es un deseo que de pronto se desató una madrugada en que estaba medio dormida, medio despierta, en ese estado limítrofe entre el sueño y la vigilia y de pronto empiezo a escuchar una voz que me dice un texto. Es tan poderosa la voz y es tan hermoso el tema que se va desmadejando que me tengo que levantar a escribirlo. Y ese evento, que en un principio yo titulé como un llamado de la sombra, me vino a dar un enorme universo para enfrentar la vida”.

Rememora la escritora, ahondando que, a partir de ese primer llamado de la sombra, al poco tiempo acudió a un taller literario que coordinaba Orlando Ortiz. “Me acuerdo mucho que Orlando, cuando me vio y me dejó leer y comentar otros textos, de pronto hizo una señal, así como de: ‘Ah, está niña no está tan perdida’, porque recuerdo que encontré muy fácilmente, en la narrativa de esos textos que estaban siendo leídos, como las fallas de arquitectura, deficiencias de cuento y que eran muy fácil para mí detectar. Entonces Orlando se río, así como con mucha satisfacción, así como: ‘¡Qué bueno que llegó esta niña!’”, dice sin poder ocultar el placer que la evocación le provoca.

Ana Clavel, autora de ‘Territorio Lolita’, un estudio sobre el arquetipo y el estereotipo de la nínfula en la literatura, las artes y la cultura de nuestros días, se declara feminista, pero acota que la literatura que vale la pena no tiene consignas, no tiene etiquetas, no tiene que estar en pro de algo. Para ella, la literatura que vale la pena es la que muestra un universo de seres complejos como somos las personas.

“Entonces no tengo obra feminista, no tengo literatura que este peleando por una causa específica. Yo creo que el trabajo de la literatura no tiene que ver con consignas de ningún tipo y que, al contrario, cuando uno se esfuerza por hacer un trabajo que se comprometa a nivel literario con el universo que se está planteando es el mejor modo de ayudar a esas otras posibilidades de desarrollo de las personas”, afirma con alivianada convicción.

“El deseo va cambiando de orientación, aunque en principio, en su base este cimentado en ese deseo original de completud, que yo lo he pensado en relación con mi padre, pero yo creo que tiene que ver con esa completud, que siempre buscamos como personas; de realizarnos, de desarrollarnos, de ser dueños, en la medida de nuestras posibilidades, porque sabemos que ser humanos es ser… incompletos.”, concluye Ana Clavel, en su charla que duró más de una hora y en la que los presentes, interesados, elaboraron cuestionamientos.

“¡Venceremos más allá de la pandemia!”, fue el mensaje final de la escritora, esgrimiendo victorioso pulgar. Gudelia Delgado y Gamaliel Sánchez, secretaria de comunicación social y presidente de Querer Leer A. C., respectivamente, agradecieron a Ana Clavel generosidad traducida en interesante charla y se despidieron, no sin antes anunciar que cada uno de los eventos y actividades que Querer Leer realiza tiene como finalidad primera hacer la lectura y la escritura practicas cotidianas.