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La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

Juan Manuel Reyes

“El verdadero dolor es indecible. Si puedes hablar de lo que te acongoja estás de suerte: eso significa que no es tan importante. Porque cuando el dolor cae sobre ti sin paliativos, lo primero que te arranca es la palabra. Es probable que reconozcas lo que digo; quizás lo hayas experimentado, porque el sufrimiento es algo común en todas las vidas (igual que la alegría). Hablo de ese dolor que es tan grande que ni siquiera parece que te nace dentro, sino que es como si hubieras sido sepultada por un alud” (Pág.23).

Tiene razón la escritora madrileña Rosa Montero cuando afirma que el libro publicado en 2013 por Seix Barral (décima sexta reimpresión en México, 2020, 233 páginas) no aborda exclusivamente el duelo, el dolor de la pérdida de personas amadas ─que ella manifiesta como ese dolor cerrado sobre sí mismo, sin palabras que alcancen a abarcar la inmensidad─, sino que hila a contraluz la pasión por la vida, el amor a las personas que nos acompañan en este trajinar de la existencia, el recuerdo íntegro de quienes se van para siempre, la gratitud por las buenas compañías y las vicisitudes en las realizaciones personales – profesionales de mujeres que, sin importar la condición de género (o tal vez por eso), rompieron paradigmas, desbarataron normas y tradiciones, descolocaron sus lugares comunes dictadas por la cultura hegemónica machista y con miedo, coraje y valentía se alzaron al éxito, alcanzando la sabiduría plena y ligera; pero es también una novela que anima e inspira a quienes, por determinaciones propias o ajenas, se encuentran al límite de la decisión, entre quedarse e irse, entre volver o seguir, entre ser mujer sumisa o irreverente, entre conformarse al simple sueño o ir tras él aunque nada sea fácil.

La historia ─como solapas de una misma prenda─  se ancla en la biografía de Marie Curie y recortes vivenciales de la propia autora, tejiendo experiencias y emociones parecidas sin perder la particularidad de cada respiro. Marie Curie, su historia alucinante de mujer célebre que dedicó parte de su vida al trabajo científico en una época histórica de genios hombres, ganadora de dos Nobel (Física y Química) y que a los 37 años vive ese dolor insoportable: la muerte de su esposo, Pierre Curie, arrollado violentamente por la rueda de un coche de mercancías, jalado por caballos, en un día gris, de esos que entristecen al corazón para siempre “No me acuerdo bien de la mañana siguiente. Emma regresó, y tú le reprochaste que no tenía la casa suficientemente bien (ella había pedido un aumento). Salías, tenías prisa, yo me estaba ocupando de las niñas, y te marchabas preguntándome en voz baja si iría al laboratorio. Te contesté que no lo sabía y te pedí que no me presionaras. Y justo entonces te fuiste; la última frase que te dirigí no fue una frase de amor y de ternura. Luego, ya sólo te vi muerto […]” (Pág. 220 y 221).

Sobre la vivencia propia y su pasión por la escritura, Rosa Montero hila la vida dura de Marie Curie ─Mayra Sklodowska─, su infancia trágica tras la muerte de su madre, su adolescencia entusiasta, las penurias en Polonia que por esas fechas estaba bajo el dominio administrativo de Rusia, el primer amor a los diecisiete años, su llegada a Francia, el acoso del propio pensamiento culposo al no quedarse en casa y apoyar al padre, sus estudios en la Sorbona, el encuentro con Paul Curie y el amor que incendia la pasión, desborda el sexo incontenible y sublima la ciencia; la novela narra los días oscuros posteriores a la muerte de su esposo, el dolor inconfesable, la desolación en carne propia, la vida con sus hijas, dura como ella, como la orfandad temprana. Pero la vida de Marie Curie es una apuesta por la vida, la inconformidad, la plenitud que se conquista a través del esfuerzo y sacrificio, aunque haya tierra en las manos y agotamiento del cuerpo minado por la radiación que hace estragos ya en sus huesos; a la par de la conquista del éxito, está también el aprendizaje, la sabiduría que sigue siendo gran lección para nuestra generación, quienes buscamos lo material por encima de la estabilidad mental. Esa sabiduría que Rosa Montero llama ligera.

Y sobre la biografía de Marie Curie, Rosa Montero desgaja su propia historia (a mitad de la memoria que evoca sus propios pasajes desiertos y sus bosques de árboles frondosos), declara su intimidad, su condición de mujer, la decisión de no ser madre, su pasión al oficio de escritora, el amor a su esposo y el dolor de verlo morir de cáncer. Rosa Montero va más allá de sólo trasponer su historia a la biografía de Marie Curie, ejerce al mismo tiempo una profunda reflexión en las relaciones de mujeres y hombres, la vida en pareja, la pasión por la carne y la escritura como catarsis; eso hizo Marie Curie en el diario alucinante donde exorciza el sufrimiento por su hombre muerto; eso hace Rosa Montero con la memoria de su esposo Pablo, recordar la vida juntos, construir un relato de decires a destiempo, de esas cosas que no pudieron expresarse y que están ahí, acumuladas en el corazón y es necesario soltarlas para aligerar el peso de la vida. Y a pesar que las palabras no llegan a describir la soledad y la tristeza, son capaces de liberar el espíritu, ahí la escritora nos da una lección magistral: es menester aprender a vivir intensamente, la muerte seguro llegará, mientras arriba, no hay motivo alguno de ponerse a pelear con ella antes de tiempo.

Provoquemos la lectura.

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