ROBERTO BARBOZA SOSA/Contraste Político.

EL BOSQUE, Centla .- Exactamente en donde convergen el río Usumacinta y el litoral del Golfo de México, se encuentra el que alguna vez fue un próspero y bullicioso pueblo de pescadores.

Ahora cada día se percibe el abandono, pero sus moradores se aferran a sobrevivir con lo que pueden y la mayoría tiene que migrar hasta a otras entidades para emplearse en lo que saben hacer: la pesca.

Desde el 2011 que se consideraron instalaciones estratégicas y decretó como zona de seguridad y protección las plataformas y pozos petroleros de la Sonda de Campeche – el año pasado se extendió a todo el litoral tabasqueño-, los pescadores fueron impactados en su actividad cotidiana, aunado al brutal descenso de la fauna marina por la actividad de la industria de Pemex.

Para la comunidad fue como una maldición que cayó sobre ellos, pues todo lo que siempre hicieron como modo de sobrevivencia empezó a derrumbarse.

A los jefes de familia no les quedó otra alternativa que dejar a solos a esposas e hijos, mientras ellos iban salían a otras partes a buscar empleo para obtener ingresos, pues aquí todo se había acabado.

 

Las madres se quedan a cuidar a los hijos, durante un lapso considerable, a la espera de los maridos regresen con el sustento familiar, ya que migraron a pescar o trabajar en otras entidades del Golfo de México.

“Es una comunidad temporalmente sin hombres”, reconocen los pobladores de esta comunidad a la que se accede por una pequeña carretera,  procedente de la cabecera municipal Frontera, directamente desde la carretera federal 185 Villahermosa-Ciudad del Carmen al norte de la capital tabasqueña a unos 110 kilómetros.

Este poblado costero del municipio de Centla, igual que otros de los municipios de Centla, Paraíso, Cárdenas, es un reflejo del impacto negativo causado por la industria petrolera en el litoral tabasqueño, que terminó con la actividad pesquera.

En septiembre de 2003, inició la pesadilla para los pescadores de Tabasco y Campeche, con la prohibición de pescar en unos 17 mil metros cuadrados en la Sonda Campeche, donde se ubicaban las plataformas petroleras; posteriormente la restricción se extendió con centenares de estructuras para la perforación y producción de pozos por todo el litoral.

Pero no solo fue el desplazamiento que sufrieron de su tradicional zona de pesca, sino que los constantes derrames de hidrocarburos terminaron con los peces, que dificultó la actividad pesquera de miles de hombres dedicados a esa tarea de dónde obtenían ingresos para el sostén familiar, asegura el viejo pescador José Del Carmen Arias Díaz.

Al terminarse la captura de peces, también la empacadora de pescado tuvo que cerrar, y los pescadores tuvieron que irse a otros lugares a trabajar.

En la costa y el litoral tabasqueño, “se han ausentado las especies de peces” a causa de derrames por la actividad de construcción de ductos y plataformas marinas en el Golfo de México, junto con la prohibición de pescar en una amplia zona de exclusión petrolera, donde no pueden navegar ni pescar.

A inicios de este año, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Secretaría de Marina (Semar), determinaron reforzar las medidas de seguridad en el Golfo de México, con la construcción y  equipamiento de la Estación Naval de Búsqueda, Rescate y Vigilancia Marítima en Dos Bocas, Tabasco, para mantener alejados a los pescadores de las áreas cercanas a las plataformas petroleras ubicadas en el Golfo de México.

“Los marinos nos detienen con nuestras lanchas y nos trasladan hasta Ciudad del Carmen, donde se tiene que pagar multas, perder el tiempo y quedarnos sin ingresos”, denuncian los pescadores.

 Los pocos pescadores que aún quedan, tienen que viajar kilómetros mar adentro, si desean realizar sus tareas de captura de especies marinas, sin ser detenidos.

Pero es un gasto extra de combustible y a veces pescan poco y solo logran “sacar para la gasolina”.

La señora Wendy Mercedes, relata que al terminarse la fuente de ingreso en las costas de Tabasco, su esposo Felipe Antonio  tiene que viajar a Puerto Progreso, Yucatán para emplearse en la pesca de pulpo, durante cinco meses, en ese lapso regresa cada mes a la comunidad de Pico de Oro.

En este poblado no existe otra fuente de ingreso, solo vivían de la pesca.

Por ello, cada mes de agosto, el esposo viaja a Puerto Progreso, Yucatán, para emplearse en los barcos para la captura de pulpo, durante cinco meses.

Este matrimonio joven, con un hijo de un año ocho meses, llevan de vivir de esa manera, los tres años que llevan de casados. Pero igual, la mayoría de las familias de esta comunidad pesquera. Otros migraron completamente a diferentes poblados de la costa y abandonaron este lugar.

Los vecinos recuerdan que por los años 84-85 eran pocas las plataformas petroleras en el Golfo de México, ahora frente a sus comunidad, son decenas, “en la noche con las luces que tienen, parece que fuera una ciudad la qué hay frente al mar”.

 

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