OPINIÓN

#MundoRaro Panorama de lumbre

Es mediodía y el sol arde en las calles asfaltadas

#MundoRaro
Panorama de lumbre
Ornán Gómez/Contraste Político

#SeñorK, es medio día y el sol arde en las calles asfaltadas, en los árboles del bosque, sobre el techo de las casas, en los autos y hasta dentro de las mismas casas. ¿Cómo pueden soportarlo quienes caminan en las calles? No hay de otra, me respondo.

Tienen que estar en las calles porque tienen que estar. Pero dan ganas de beber cerveza helada acompañada de camarones. Ni modos, uno debe aguantarse las ganas. Me rio de mis ocurrencias, señor K.

Siento un ligero dolor de cabeza que, a veces, da la impresión de que ando mareado. Para mitigarlo debo beber dos tazas de café. No es grave, pienso cuando recuerdo la hermosa sentencia de mi madre: ¡El que por su gusto muere, que lo entierren parado! Me lo decía cuando, después de una juerga, sentía que el mundo me aplastaba y el dolor de cabeza amartillaba por la resaca.

Ahora no bebo, pero me desvelo una noche por semana. Por lo regular son los sábados. No piense mal, señor K. No soy partidario de ir a bares, a cenar o a los table dance. Nada de eso, querido amigo.

Se lo aclaro porque recién me preguntó una amiga: ¿Qué chingados haces por las noches? Dormir, dije. ¿No tienes vida social? Durante el día. La noche es para descansar, reforcé. Para estar con energías renovadas al día siguiente, debo dormir al menos siete horas diarias.

De lo contrario me pongo de mal humor y tengo ataques de pánico. Pues a qué horas te duermes, preguntó curiosa. Cuando se puede, a las ocho de la noche. ¿Qué?, gritó. ¡No jodas! A esa hora la vida nocturna apenas está comenzando. Y, cuando no se puede, a las nueve, continué. Un desvelo entre semana significa que duerma antes de las diez.

¡Puta madre! ¡Qué jodido estás!, dijo porque a ella le fascinan las fiestas nocturnas. Oye, si te invito a mi fiesta de cumpleaños seguro que no vas. Iría, le dije. Bebería café, saludaría a tus amigos y me despediría tras darte el abrazo. No me jodas. ¿Sólo eso?, preguntó coqueta. ¡Claro!, respondí.

Negó con la cabeza como diciendo que como pareja yo era un fiasco. Sonreí. No salgo a fiestas y menos bailo. El ruido me estresa. No soporto a la gente gritando después de algunas cervezas, le dije para que terminara de reafirmar que como pareja era un fracaso. Mi amiga es rubia y tiene un cuerpo de actriz de televisión. No hay día que no haga ejercicio. Quizá por ello tiene cintura de avispa y caderas de embrujo. Por eso, y con justa razón, le fascina presumir sus fotografías en Facebook, donde una perrada le pide matrimonio todos los días. Qué pena, porque a mí me fascinan las fiestas, dijo. Eso es bueno. Yo leo por las tardes, bebo café y me duermo para despertar a las cinco de la mañana.

¿Qué?, resopló como si estuviera frente a un marciano. ¿A las cinco de la mañana? Sí, dije. A esa hora despierto todos los días, a excepción de los domingos que me permito despertar a las seis. Mi amiga cree que soy anormal, pero aún así me quiere. Tu situación es complicada para buscarte novia. Con esas características nadie querrá andar contigo. No te preocupes. Me siento bien estando solo.

El tiempo lo aprovecho para leer, pensar y reflexionar sobre muchas cosas. Por el momento disfruto mi soledad como no tienes idea. Ella sonríe. Te admiro, dice. Desea preguntarme más cosas, pero también sabe que ya no voy a responderle.

Le decía que los sábados me permito desvelarme. Ese día, desde la tarde, me pongo a mirar series en Netflix. Me fascinan las policiacas, señor K. Y mirando series me paso toda la tarde y parte de la noche. Lo hago porque sé que el domingo sólo debo ir al mercado y volver a casa. Como bien supone, los domingos los tengo libre de actividades. Por eso me permito levantarme más tarde.

Pues anoche, señor K, vi Freud, la serie que, a mi juicio, es buena, pero no tan buena. Esperaba más descripción sobre los monstruos que habitan en el subconsciente del ser humano, mismos que descubriera el padre del psicoanálisis.

Aun así, es una serie que me mantuvo despierto hasta las doce y media de la noche. Por más que mis ojos me ardían no me doblegué hasta que terminó el último episodio. Quizá por eso soñé con una pelea a machetazos, donde yo sería protagonista.

Ya sabe que le temo a los machetes. No soporto ver a nadie peleándose y más si tienen fierros. Siento que las piernas se vuelven de mantequilla y no dejan de temblar. Para completar mi desconcierto, justo ahora escucho la canción Pedro navajas, del fulano ese que mata con cuchillo y que acuchillado muere.

Desperté cuando el sol empezaba a arder en las calles, donde un viento ligero removía las hojas de los árboles, en tanto levantaba un polvo fino que se cuela a las casas a través de las ventanas. Más allá, en la ciudad, el sol reverberaba sobre el techo de las casas. Sonreí porque me sentí pleno ante aquel panorama de lumbre. Fui a la cocina y preparé café, además de fruta para el desayuno. Después de dos tazas, vine a escribirle esta carta señor K.

Cuando termine, iré a leer un rato a la sala donde están los dos libros nuevos que compré hace unos días. Luego iré a mi habitación para mirar, de nuevo, una serie en Netflix.

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