APUNTES DE UNA PANDEMIA

Gamaliel Sanchez S./Contraste Político.

“La reacción ante la pandemia ha puesto de manifiesto que el sentimiento comunitario está en la base de la cooperación y responsabilidad colectiva para luchar contra el virus. Esto tiene un lado bueno, y es que hemos vuelto a confiar en el Estado y, sobre todo, hemos constatado el valor de un sistema sanitario público, por muchas que sean las deficiencias que tiene. Pero pone de relieve que Europa no funciona con ese sentido comunitario. No hay una «Comunidad Europea»; solo una Unión Europea incapaz de unirse cuando hace falta”, leo en pantalla.

Lo dice la filósofa Victoria Camps, en entrevista publicada en el portal Ethic. La de la voz, se ha destacado -así lo asegura el entrevistador, yo no lo sé de cierto-, por sus trabajos sobre la felicidad. Camps, afirma que estos días pandémicos, son para ejercitarnos a fondo en la vida virtuosa, por necesidad y por compasión, en el sentido literal de la palabra, lo que hace que nos acercamos a los que sufren, a los más frágiles, queremos que esto se acabe y que el mundo vuelva a sonreír.

“Actuando así, incluso en una calamidad como esta, se puede encontrar algo de felicidad”, afirma la filosofa. Estoy de acuerdo, aunque a veces el miedo, nos lleva por los rumbos desventurados del egoísmo.

Hace días, cuando los estados de cuarentena sanitaria eran considerados remotos, camino al trabajo escuchaba, en entrevista de programa oficioso, la voz indignada de la primer paciente con Covid19 en Tabasco. La señora sufrió, las “benditas” redes sociales lo consignan, un acoso sistemático e insultante por sujetos y sujetas habitantes del miedo, pero sobre todo, de la infelicidad.

En el otro extremo, el día de hoy, la secretaria de Salud en nuestro estado, informaría sobre una paciente positivo a Covid19, que no se guardó y tuvo contacto con 280 personas. Pues sí, como en Corea, la paciente 31, que diseminó el virus en aquel país asiatico, así en Tabasco. Los comentarios a la nota son infelices. ¿Pero cómo buscar la felicidad, aún mínima, en tiempos de Pandemia?, me dirán los más.

Este fin de semana, Gerardo Cirianni, compartiría conmigo un interesante trabajo para su posterior comentar. Leí: “El Coronavirus encarna una lucha a muerte integral y global. Un desafío que al final apareció bajo el formato perturbador de lo común y conocido, pero deformado y amplificado: lo cotidiano hecho monstruo, en el estilo de Stephen King”

Pablo Touzon y Martin Rodriguez, autores del trabajo, aseguran que el Coronavirus implanta no sólo un legítimo terror a la muerte, sino también, borra los protocolos y ritos con que los vivos despiden a los muertos. Cada enfermo pasará a “otro espacio” en el que la ciencia y la atención médica intentarán curarlo pero en un aislamiento total.

“No se trata sólo de vivir aislados, sino también de morir aislados. Sin la despedida. Una fragmentación que alcanza la relación de los vivos con los muertos. En esa mortificación esta ‘guerra’ juega también su mito siniestro”, agregan.

No, bueno, diríamos, ¿cómo ser virtuosos ante esto?, después de recibir, mediante redes sociales, el Acuerdo publicado en el Periódico Oficial del Gobierno del Estado donde “Se expiden los lineamientos para el manejo seguro, transporte y disposición de cadáveres de personas fallecidas debido a la infección por el virus Cobid19 (Coronavirus)”

Ayer apenas, el gobernador anunciaba en su cuenta de twiter, su condición de positivo en Coronavirus. Una gran mayoría, en las “benditas” redes sociales, consideró aquello una burda estratagema de esas que gustan ejecutar los políticos para mostrarse maquiavelicos. Pareciera que los tiempos de pandemia son tiempos de incredulidad, también.

Luego entonces: ¿Dónde sentamos a la felicidad?. Hoy es la secretaria de Salud quien tiene inoculado el virus. Si es verdad, algunos van a terminar celebrando el caracter parejo, democrático e igualitario de esta pandemia.

Un joven médico, me decía el sábado, que gracias a esta emergencia sanitaria el estado se está dando cuenta de todas sus carencias para afrontar una situación así. “La Ujat, no tiene un proyecto de investigación serio en este campo”, me dijo de la institución donde labora.

Sabemos, eso si de cierto, que nunca, en nuestro país, se ha potenciado la investigación científica. Los dineros públicos se invierten en batallas más que ideológicas, políticas.

Ojalá que, cuando esto pasé, quedé quien quede, surja una manera distinta de ver el mundo y la convivencia de sus habitantes. Hasta ahí y tú que puedes: ¡Quédate en tu casa, coño¡