Roberto Barboza Sosa/ CONTRASTE POLÍTICO

VILLAHERMOSA.- De joven don Luis Reyes Cruz, abandonó y salió de su comunidad rural, con sus dos primeros hijos y su esposa, para buscarse la vida en una zona urbana de Tabasco. No deseaba que sus vástagos vivieran y trabajaran en las duras y mal remuneradas jornadas del campo.

Por lo que, primero como comerciante y luego como chofer de transporte público, con trabajo arduo y tenaz logró llevar avante a sus cinco hijos, todos profesionistas ya con familia propia. Comúnmente este padre de familia expresaba su satisfacción por el logro de sus descendientes.

Este tabasqueño, nacido en Alcalde Mayor, Macuspana, es uno de los 100 mil mexicanos que vieron truncada su vida, a raíz de la estrategia fallida y deficiente manejo de la pandemia de covid-19, que dirigieron los gobiernos federal y estatal, con sus respectivas secretarías de Salud.

A finales de junio pasado, don Luis, 66 años, conductor de su concesión de transporte público, tuvo que terminar la cuarentena estatal, luego de la orden y amenaza velada realizada por las autoridades, para que este sector regresara a otorgar el servicio de pasaje, en pleno pico de la pandemia.

Regresó con su unidad automotriz para cubrir la ruta de pasaje Mercado-Ranchería La Manga, sin obedecer los ruegos de su esposa e hijos. Era una persona asidua a su empleo y a evitar los problemas.

Él temía ser sancionado por la Secretaría de Movilidad del estado, que amenazó sancionar a los transportistas en caso de que no prestaran el servicio, y por ello cumplió con su obligación. En su unidad se cuidada y tomaba las medidas sanitarias posibles, pero recibía el dinero de los pasajeros, que viajaban sin saber si estaban enfermos de coronavirus covid-19. Sus familiares consideran que fue allí que contrajo la pandemia.

Pudo haberse salvado, pero “errores” graves en su atención médica, terminaron con su existencia, cuando atravesaba por una etapa feliz, pues acababa de terminar de pagar un crédito bancario con el que pudo pagar su concesión de transporte público, además tenía planes de renovar su unidad automotriz. “Se sentía útil, fuerte y vigoroso”, para continuar con su negocio.

HISTORIA DE NEGLIGENCIA MÉDICA EN LA PANDEMIA

Transcurría la primera semana de julio pasado, cuando don Luis, al frente de la unidad de transporte público, se sintió mal de salud y acudió al consultorio particular de una farmacia, donde el médico le diagnosticó gripe, le dio medicamentos y lo mandó a reposar tres días. Era fin de semana.

El lunes 6 de julio, temprano regresó a laborar con su unidad de transporte público, pero a las 13.00 horas, volvió a su domicilio pues nuevamente sentía mal. Antes pasó al mismo consultorio de la farmacia, otro médico cubría el turno, y lo volvieron a medicar.

Al día siguiente, martes, le comentó a su esposa que tenía problemas para respirar, y su cónyuge avisó a los hijos sobre el malestar que sentía sus papá. Uno de los vástagos contactó y pagó una videoconsulta con un médico. La familia ya estaba alarmada, al temer que se tratara de la pandemia.

A las 16.00 horas, de ese martes, su hijo mayor, José Raúl, sólo esperó a que terminara la videoconsulta médica, y trasladó a su papá al Hospital Regional de Alta EspecialidadDr. Juan Graham Casasús”, el más importante reconvertido a COVID en el estado.

El hospital vivía un trajinar, salían y llegaban ambulancias con enfermos de covid-19. Don Luis Reyes Cruz, antes de pasar con el médico, dijo a su hijo sentirse bien, que sólo sentía malestar si realizaba esfuerzo para respirar.

Luego de dos pacientes antes que él, finalmente le tocó su turno. Lo pasaron a la “Burbuja Hospitalaria” COVID, y en escasos diez minutos salió con su receta en la que le escribieron “probable covid-19”, además de prescribirle medicamentos, entre ellas la Ivermectina. Lo regresaron a su domicilio y le dijeron que “en tres días estaría bien”. No le realizaron un solo estudio, lamenta su familia.

Esa medicina no la encontraron en ningún lado, pues fueron los días que tuvo alta demanda y empezó a venderse en el mercado negro. En el hospital donde le recetaron, ningún médico habló con los familiares sobre la salud del paciente.

La familia por iniciativa propia compró un oxímetro para estar pendiente de la salud del papá y la esposa se quedó cuidándolo. La noche de ese mismo martes, don Luis empezó a sentir con mayores molestias, tenía baja oxigenación, pero la mamá no le avisó a sus hijos para no preocuparlos ni alarmarlos.

Al día siguiente, el miércoles, casi al mediodía, en el grupo familiar de whatsapp alguien pidió la foto de la medición del oxímetro y descubren que la oxigenación sanguínea estaba baja.

Uno de los hijos se alarma y escribe que “papá esta mal” hay que llevarlo al hospital. Otra vez su vástago mayor, se sale del trabajo, lo traslada al Hospital Regional de Alta EspecialidadDr. Juan Graham Casasús” del estado, reconvertido a COVID. Pasan a urgencias, el paciente llega caminando, decía sentirse bien y se veía bien, narra su hijo mayor José Raúl. Sólo comentaba “como que me falta aire”.

Incluso, al recibirlo en el Hospital le midieron la oxigenación y estaba baja al 60 y se sorprendieron los médicos de que llegara por propio pie y no estuviera en peores condiciones.

Finalmente, en el nosocomio le pusieron oxígeno y los trasladaron a la “Burbuja Hospitalaria”, donde más tarde recuperó la oxigenación sanguínea a 90, se “normalizó”. El hijo menor firmó la hospitalización y quedó como responsable para la comunicación con el nosocomio.

Entonces se quedó internado, y a las 23.00 horas, cuando todo los familiares estaban concentrados allí en espera, en el hospital les avisaron que toda la información se les iba a comunicar por teléfono, les recomendaron irse a sus casas, sin informarles en que condiciones se quedaba su familiar.

“Ánimo, vas a salir adelante papá, eres un guerrero”, le alcanzó a decir su hijo José Raúl, cuando iba camino a ser atendido por personal médico del Hospital “Dr. Juan Graham Casasús”. Lamentablemente fue el último día que lo vieron con vida. Ya no iba a salir del hospital, donde quedó enclaustrado, pues el viernes 17 de julio les informarían del fallecimiento.

 

 

PACIENTE Y FAMILIA VIVIERON UNA PESADILLA 

Su hijo José Raúl, relata que al otro día del internamiento de el “Juan Graham”, el hermano menor, José Luis, quien se quedó como responsable ante el hospital, les da la primer “mala noticia”, a las 10.00 horas de la mañana, llamó para avisarle “a papá lo van a intubar” y que tenía que dar la anuencia por llamada telefónica y en tanto el paciente también debería autorizar.

Le tuvieron que llamar por teléfono para avisarle que lo iban a intubar y debería autorizarlo: -Es por tu bien para que te recuperes–, lo conminó su descendiente menor. –Si hijo, está bien-, aceptó el paciente. Fueron las últimas palabras que le dijo a la familia y que están grabadas en el teléfono.

“Fue una auténtica pesadilla” ese día, ya no supieron realmente de las condiciones del paciente. Los médicos que llamaban a su hijo le decían “su papá está estable. Está reaccionando bien”

Desde ese día la familia se derrumbó moralmente, “nos dolió el alma”, pues sabían lo que implicaba la intubación, significaba que el enfermo estaba en estado crítico y se temía lo peor. Y en Tabasco corría la voz de que del hospital no se salía con vida, y por ello una cifra alta de enfermos de covid-19 se quedaron a convalecer en sus casas.

Dos días antes de la fatídica noticia, el personal médico del Hospital les informó que los intentarían voltear para que recuperara la respiración por su cuenta.

Pero ese mismo día le comunican a su hijo que el papá esta grave, en situación crítica, que sólo un milagro lo salvaría. La familia de don Luis realizaban oraciones y el Rosario, enlazados en videollamadas, para pedir por su salud. Fue el viernes 17, alrededor de las 13.30 horas, que se registró el desenlace fatal, luego de nueve días de hospitalización.

 

EL DESCONTROL DEL COVID EN TABASCO

La fecha en que falleció don Luis Reyes Cruz, en Tabasco la pandemia había cobrado mil 546 víctimas fatales y la entidad ocupaba el séptimo lugar nacional en defunciones. También, el 17 de julio, registró segundo lugar nacional en tasa de incidencia de casos activos y sexto lugar en cifras absolutas, con mil 624 casos activos en ese día. Eran jornadas de mayor actividad viral y aumento en la trasmisión de contagios.

El 17 de julio, Tabasco ocupaba el tercer lugar nacional en el mayor número de casos acumulados de la pandemia de covid-19, con 16 mil 566 casos de tabasqueños contagiados y también segundo lugar en tasa de incidencia. La entidad, ese día, por cuarta semana consecutiva era declarada en “Semáforo Rojo” epidemiológico.

“En este momento el estado de Tabasco es donde se encuentra la mayor presión de ocupación” hospitalaria, subrayó, en esa fecha, Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud federal, al dar a conocer que este entidad, era primer lugar nacional en ocupación de camas de hospitalización general y el segundo lugar en ocupación de camas con ventilador para pacientes críticos que necesitaban ser intubados para enviarles oxígeno a los pulmones.

El estado mantenía ocupadas el 85 por ciento de camas de hospitalización general para pacientes COVID, y el 65 por ciento de ocupación de camas con ventilador con pacientes en estado crítico, como era el caso de don Luis Reyes Cruz, quien el pasado 5 de septiembre, cumpliría 67 años.

Al martes 17 de noviembre, Tabasco registraba tres mil 93 defunciones acumuladas, con el onceavo lugar nacional en números absolutos, pero tercer lugar nacional en tasa de defunciones, 117.52. El 72.91 por ciento de los decesos fue en hospitales. De los 65-69 años, como el caso de don Luis, es el rango de edad con más defunciones en la entidad, tanto hospitalizados como en general.

También a esta misma fecha, la entidad se ubicaba en décimo lugar nacional en casos acumulados con 35 mil 821 tabasqueños contagiados, pero con la tercer tasa nacional más alta, 1,392.57 contagiados por cada 100 mil tabasqueños.

HOSPITAL ALARGÓ DOLOR FAMILIAR.

El dolorosa drama para la familia de don Luis Reyes Cruz, se extendería y continuarían las horas de angustia, pues esa tarde-noche en el Hospital Regional de Alta EspecialidadDr. Juan Graham Casasús”, ubicado en la colonia Miguel Hidalgo, fuera de la periferia de Villahermosa, no querían entregar el cuerpo. Se los dieron hasta el sábado.

Todo porque no estaba el personal del servicio social. Previamente ya habían realizado el burocrático trámite allí en el nosocomio y en el Ayuntamiento de los documentos para que entregaran y la funeraria – únicos autorizados y cuyos precios elevaron exponencialmente – recogiera los restos.

Ese viernes y todo el sábado estuvieron lidiando en el Hospital para que les entregaran el cuerpo. Luego en el cementerio municipal, otra cara de la burocracia, les presionaban para que se apuraran para realizar la inhumación, pues ya estaban sobre el horario del cierre.

Con el dolor encima, igual tuvieron que rogar para que les esperaran pues aún no les entregaban el cuerpo.

Pero, antes, en el lugar que estaba destinado a las exequias, estaba ocupado, y se tuvieron que enfrentar a la decisión de adquirir urgentemente otra bóveda.

Tampoco permitieron el acceso de la familia para despedir a su familiar en su última morada. A pesar de que el cuerpo iba en una bolsa sellada, el ataúd embalado y cerrado herméticamente, además de desinfectado, sólo permitieron el acceso a tres personas a una distancia no cercana.

Ni el Hospital ni su funeral, la familia pudo acercarse. Todos tuvieron que esperar afuera del nosocomio y del cementerio. Hasta ahora, también desconocen el tratamiento al que fue sometido en el Hospital “Dr. Juan Graham Casasús”.

 

PADRE TRABAJADOR ORGULLOSO DE CINCO HIJOS

Normalmente descansaba los domingos, pero siempre estaba ocupado limpiando y arreglando su unidad. Hasta su esposa le bromeaba, que la cuidaba más que a ella.

A veces sus hijos lo conminaban a tomar vacaciones y también de que dejara ya de trabajar. En este año, con la cuarentena decretada oficialmente de marzo a junio, fue la única ocasión que se quedó en casa y tuvo larga temporada de descanso, pero se deprimió. Cuando salía de Villahermosa, a algún viaje, no tardaba más de dos días, aunque sus hijos quisieran que paseara.

Sus hijos, aún con la herida de la partida a flor de piel, relatan que don Luis Reyes Cruz reiteraba que si no hubiese salido de su comunidad rural de Macuspana, ellos no tendrían una profesión.

Y el gran orgullo de él era que sus hijos – cuatro hombres y una mujer -estuvieran realizados personalmente, con licenciaturas en Educación, Cómputo, Idiomas, Veterinaria y Petrolera. Cualquier reunión, no la desaprovechaba para platicar sobre sus vástagos.

Los últimos años fue más amoroso con sus hijos, pues de estudiantes fue severo con ellos. De ello esa etapa se arrepintió y les pidió perdón, recuerda su hijo mayor, José Raúl, quien dice “me heredó su ejemplo”.

 

 

 

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